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Sara Orúe

Exceso de equipaje


Mickey Rourke, el hombre que debió asesinar a su cirujano plástico incluso antes de la operación, ha provocado un escándalo (más) en el aeropuerto de Heathrow.

El actor que no necesita careta para dar miedo se negó a pagar el importe que le correspondía por exceso de equipaje. Rourke, el tipo que por querer parecer más joven consiguió parecer de látex, llevaba, no sé si en una o en varias maletas, 36 kilos de zapatos.

—¿Eso cuántos zapatos son?
—Seguro no sé, pero si calculamos que un par de zapatos puede pesar de media de quinientos gramos, serían trece pares.
—¡Por todos los dioses! Trece pares más el que llevaba puesto (que, probablemente, le hicieron quitarse para pasar el control) son catorce pares de zapatos para una persona que, como todo el mundo, tiene sólo dos pies. ¿Para qué querrá tantos zapatos?
—Está clarísimo, para desviar las miradas a sus pies y que nadie le mire a la cara, que se la han dejado fatal.

El caso es que a Rourke el Oscar se le ha escapado de chiripa. Es el caso más claro de los últimos años de papel hecho a medida de una persona. No sé cómo será Botox Rourke en petit comité, pero tiene mucho más aspecto de ser un luchador gagá de lucha americana que un poeta que encuentra inspiración en los pétalos de un jazmín.

Y pienso tanto lo que digo que no me hace cambiar de idea ni el saber que se ha paseado por la alfombra roja con una medalla con la foto de su chihuahua fallecido al cuello. Con la sensibilidad que se refleja en sus facciones temo que se habrá comido al perrito… o se habrá sentado encima.


Sin embargo, nuestra Pénelope, la mujer con el labio más cercano a la nariz que nunca antes vi, estaba preciosa. Pese a que, he de confesar, la encuentro mucho más atractiva haciendo de mujerona gritona que intentando darle a su alma de Alcobendas un barniz a lo Audrey Hepburn, cuando la ví recoger el Oscar, ¿qué quieren? me embargó la emoción. Les aseguro que yo, con un vestido de 60 años de antigüedad, no estoy ni la mitad de lucida. Y ella, me guste o no su estilo Calimero, ha logrado un Oscar.

—Yo he logrado un Paco, y no salgo en las portadas de las revistas.
—Es que no es lo mismo Julieta, tu Paco que su Oscar.
—Tienes razón. Pe dixit, “El Oscar pesa, pero no lo suelto”. A mí, sin en cambio, me pesa que mi Paco no me suelte.
—Pues ya está todo dicho.

Y encima ella, como el pedazo de señora en el que, a golpe de Hollywood, se está convirtiendo, no necesita 36 pares de zapatos para estar divina.




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