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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Flores de este mundo


Un novio para Yasmina (Irene Cardona, 2008) es una notable opera prima de una realizadora formada en las series televisivas de corte realista. El filme aborda (sin complejos) el espinoso tema de la inmigración en la España contemporánea a través de la historia de la joven Yasmina, una mujer marroquí que lucha por integrarse entre las gentes de Porrina, un pequeño pueblo de Badajoz.

Cardona sortea con habilidad las dificultades de mezclar la ficción y el documental, la comedia y el drama, el realismo y el humanismo y en su modesta forma de filmar a las gentes saber sortear algunos aspectos de filme de tesis que sin duda proceden de la presencia en el guión de Nuria Villazán, codirectora de algunos filmes de Joaquín Jordá y una voz propia en el cine español contemporáneo con vocación de denuncia social.

La película es una fábula relativamente amable sobre la dificultad de integración del pueblo marroquí en algunas zonas de España, que aquí se concretan en un microcosmos familiar formado por su hermano marroquí, un matrimonio con buenas intenciones, Javi, un policía atípico del que está inicialmente enamorada, una mujer madura, una chica seria pero desinhibida, un lugareño joven y desarraigado (al que da vida con intensidad José Luis García Pérez).


La protagonista del filme es Yasmina (una sobria y hermosa interpretación de la popular actriz marroquí Saana Alaoui) pero su personaje, al tiempo que se integra en la vida laboral y comunitaria del lugar, se desdibuja en favor del retrato, irónico pero cálido, de las gentes que habitan en Porrina y tratan de sortear con entereza el choque de culturas y la incomunicación que supone la llegada de personas con otra mentalidad. Yasmina es una joven culta que busca acabar sus estudios universitarios pero para las gentes que la acogen puede quedar reducida a un otro, es decir, a otro inmigrante marroquí más, a otra mujer que busca un hombre para poder quedarse en el país. Yasmina lucha contra esta etiqueta sin traicionar a sus gentes para lo cual se dedica a la alfabetización y a la integración de los suyos sin abandonar su proyecto vital que incluye un inevitable matrimonio de conveniencia.

Cardona elige un tono amable pero no ligero, y el filme constituye una suave pero contundente denuncia contra la explotación o infravaloración del ser humano a través de las fronteras geográficas, raciales y de género. Yasmina debe demostrar que es una mujer valiosa a gentes que podrían haber quedado reducidas a meras marionetas o personajes deliberadamente antipático pero Cardona opta por humanizar a los amigos y adversarios de la protagonista femenina.


Yasmina representa el lado voluntarioso de un pueblo que ve con lógica desconfianza la actitud de las gentes que los acogen, desconfianza que se plasma en pequeños diálogos, encuentros y desencuentros, tránsitos por calles y pasillos filmados de un modo sencillo y directo, sin grandes aspavientos narrativos aunque con algunos importantes hallazgos visuales. El filme descansa en los personajes y en la búsqueda de su lugar en el mundo, en la posibilidad e imposibilidad de comunicar y comunicarse. Su hermano Abdel trabaja en el campo y no ve con buenos ojos el camino de Yasmina hacia la autorrealización, aunque tampoco se opone firmemente, las mujeres del pueblo -de corte progresista- la animan aunque su propia circunstancia vital dificulta su comunicación plena entre ellas, con sus maridos y con la joven protagonista. Lo mejor de la apuesta de Cardona es el modo en que  filma el desconcierto y la fragilidad de las gentes que acogen a Yasmina y los suyos, particularmente el matrimonio formado por Lola (Mª Luisa Borruel) y Jorge (Francisco Olmo) que ven tambalearse sus valores sempiternos, al tiempo que descubren aspectos íntimos de su relación ante la necesidad de buscar un novio para Yasmina.

Este aspecto, uno de los más interesantes del filme, queda, no obstante, desdibujado a favor del retrato ese choque entre dos mundos que no acaban de conjugar pero tampoco pueden vivir separados. Un novio para Yasmina tiene toques de comedia romántica pero su formato es extremadamente realista con planos cortos, un montaje rápido y diálogos de gran frescura. Un estilo incómodo para un filme aparentemente cálido y optimista. Cardona solo apunta los aspectos más dramáticos del relato y, al contrario que el Loach de En un mundo libre (In a free world, Ken Loach, 2008), opta por un formato benévolo y una solución optimista para este cuento sobre el desarraigo y la búsqueda de la identidad racial, personal y social.




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