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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Soy lo que leo


Con El lector, el británico Stephen Daldry se confirma como uno de los grandes nombres del melodrama contemporáneo. El director de Billy Elliot y Las horas se basa en esta ocasión en la novela homónima de Bernhard Schlink para contarnos una desgarrada historia de amor que tiene como telón de fondo la llegada del nazismo y la reflexión oportuna sobre el holocausto y la culpa de la población alemana.

Daldry se centra en la relación apasionada entre Hannah (Kate Winslet), una mujer de clase trabajadora, y Michel (David Kross), un joven estudiante de derecho, para construir un filme impecable aunque tal vez algo lastrado por la reflexión filosófica y la construcción literaria del relato.

Así, El lector contiene imágenes muy hermosas —con un tratamiento natural  del erotismo en interiores—, personajes sólidos, buenos actores  y un ritmo implacable en el desarrollo de una historia sobre el silencio y las palabras, las imágenes y la literatura, la adolescencia y la madurez, las heridas del pasado y la ambivalencia de las relaciones y  las decisiones  humanas.


Como en sus otros trabajos, Daldry ofrece un filme sólido y ágil a partir de un guión impecable y saca lo mejor de todos y cada uno de sus actores y actrices —tanto principales como secundarios— del mismo modo que utiliza con inteligencia los saltos espacios-temporales. El lector es capaz de impactar sin dejar de ser reflexivo, que cautiva con imágenes precisas, un montaje agresivo y una banda sonora sinfónica; que construye perfectamente los tiempos y los espacios, y que sabe conjugar el clasicismo en la forma con la modernidad en los detalles.

Tal vez lo único que podemos reprochar a Daldry y su hermoso filme es cierta tendencia a subrayar lo evidente, es decir, que cuando los personajes lloran el espectador ya no lo hace.




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