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Pantumaca

Sara Orúe

Da igual ocho que catorce


¿Han leído algo sobre esa señora de EEUU que ha dado a luz octillizos?

—¿Octillizos son, como imagino, ocho bebés a la vez?
—Ni uno más ni uno menos.
—¡Mi madre!
—¿Cómo te quedas?
—De pasta boniato.
—Pues aún hay más.
—No serán más niños.
—Sí, exactamente seis más, de entre dos y siete años, que ya tenía la mamá coneja.
—¡Mi madre y mis dos tías!
—Y la última: ¡No tiene pareja! Ha decidido criarlos a todos ella sola.
—¿A todos los 14?
Julieta, Julieta, por todos los dioses, vuelve en ti.

La noticia me dejó estupefacta, tanto como a Julieta, cuando la leí el otro día. La hazaña, of course, ha sido posible gracias  a las técnicas de reproducción asistida a las que se ha sometido la señora.

—Y a que han funcionado todas, absolutamente todas.

Todavía me quedé un  poco más estupefacta cuando leí cómo se organizaba la señora. «Tengo —decía— todo bajo control. Dispongo de 45 minutos al día para coger en brazos a cada uno de los niños.»

Lo que el periódico no aclaraba era si la súper mamá se refería a los ocho bebés o a los catorce niños que tiene en total.

—¿Qué más dan o que catorce?
—Pues mucho.

Hagan cuentas. Si hablaba de los ocho recién nacidos, asume que  seis horas es el tiempo que dedicará cada día a cunar bebés. Si hablaba de la totalidad de la prole, las horas se convierten en 10 y media, lo que, prácticamente no le deja tiempo para dormir, cocinar, alimentar, limpiar, hacer la compra, trabajar incluso, que es lo que hacen las mamás y papás del mundo.

Tampoco explicaban si eran 45 minutos seguidos por infante o eran 45 minutos en total y convenientemente repartidos a lo largo del día en periodos de, por decir algo, 5 minutos. Tampoco nos sacaba de dudas respecto a donde iba a poner a los otros niños mientras no les tocará estar en brazos de mamá. O si, caso de que uno de los niños se diese un trompazo y rompiese a llorar una vez hubiera consumido sus 45 minutos de brazos, lo cogería un rato más para consolarle, lo que supondría a ojos de sus otros hijos, una discriminación total y absoluta. Definitivamente dudo que lo tenga  todo bajo control.


http://www.thenadyasulemanfamily.com

Tampoco tengo claro de qué va a vivir.

—Malvivir.
—Sobrevivir

Como queramos llamarlo. Sin trabajo propio ni pareja que trabaje, aunque reciba un subsidio de no sé qué organismo oficial y se haya montado una web para recaudar fondos, no creo que sea suficiente para alimentar 15 bocas.

—Y calzar 30 pies.
—Y pagar 14 matrículas de colegio.
—Y 14 trajes para la fiesta de graduación.
—Y pavo para 15 el día de acción de gracias.

Claro que, por otro lado, si saca a sus 14 hijos en Hallooween a recorrerse el barrio llamando a las puertas con eso del «Truco o susto», recogerán los niños tantas chuches que podrá montar una tienda.

—Y si los vecinos eligen susto, igual alguno la palma de la impresión de 14 críos asustando y les deja libre la casa.
—Qué humor más negro.
—Para humor negro el de la madre de los 14 después de un domingo de lluvia con la prole en casa sin poder salir.
—También tienes razón.

El tema es que, además de sorprendidos, el caso ha dejado a la opinión pública dividida: por un lado los que piensan que ella tiene derecho a tener todos los hijos que quiera incluso por cualquier método. Por otro, los que opinan que, los médicos, antes de implantarle los 6 embriones que le implantaron esta vez, deberían haber tenido en cuenta las circunstancias:

—¿Llamas circunstancias al hecho de no tener medios económicos?
—A eso y a los 6 hijos que ya tenía.
—Eso no son circunstancias, que los niños van a ser sus hijos toda la vida. Y, como sean como los españoles, se le plantan en casa hasta bien entrada la cuarentena, mira tú qué plan.


Para terminar, mamá coneja, digo, la señora mamá dice que el padre es un amigo de la familia que le donó su esperma, que está un poco abrumado ante el éxito, y que confía que, en algún momento, acepte alguna responsabilidad sobre la prole y decida hacer acto de presencia (materializado en aportación económica sin determinar cuantía).

—Ilusa. Ese semental ha salido corriendo como alma que lleva el diablo, seguro, ¡échale un galgo!




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