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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Extinción

-¿A dónde mirar?

-El huracán nos estremece y no queda cielo

 Rosa Damiani 


Alicia- ¡No quiero morir! ¡No quiero morir!… ¿Me oyes? No quiero morir bajo ningún concepto…

Adriana- No tengas miedo. Siempre algo de nosotros se está muriendo.

Alicia- No quiero desaparecer.

Adriana- No tienes porque desaparecer. Incluso puede que reaparezcas más tú que nunca. Tranquila…

 

 

EXTINCIÓN

A veces es necesario extinguirse, replegarse, encoger, hacerse más y más diminuto, casi invisible, arder, convertirse en ceniza… y desde allí, observar. Observarlo todo manteniendo las distancias, desde ese lugar en el cual todavía eres ceniza, todavía sin cuerpo, sin voz, sin rostro… Te creen muerto, pero, tan sólo no estás durante una temporada, no estás porque te has quemado, te has gastado de tanto vivirte… pero sigues vivo aunque eres otro. El de antes, la de antes, se ha extinguido. El otro, la otra, han sido una mariposa o una polilla… Breves, decididos, aprovechando su día de gloria. Un único día. Pero cuántos aleteos, cuántos vuelos hacia la luz; la del sol o la de una vela. Un foco de luz que les guiaba a través de ese único día de gracia… Ahora; observas, esperas, estás… pero no lo saben. Algunos cantan la victoria sobre tu muerte, otros te lloran, otros confirman sus teorías… entristecidos o alegres por ello, asienten con la cabeza la cotidianidad de la vida o su tragedia o su falta de poesía… Y tú observas. Alguien que te amaba, ahora está intentando encontrar tus besos o aún mejores, en los labios de otra o de otro, y tú lo ves… se esparcen más aún tus cenizas… Esperas. Te preguntas si mereció la pena volar tan alto y tan veloz. Te preguntas. Tan sólo te preguntas. Alguien a quien tú amabas, está sentado o sentada y quieto… mirando hacia la calle, hacia la puerta, hacia la ventana… espera que vuelvas, que entres, que llegues… Pero tú has ardido y no puedes ir, aunque quisieras, aunque hicieras lo posible, aunque lo intentaras con todas tus fuerzas. Rejuntar las cenizas y de allí crear algo nuevo a lo que puedas llamar yo, requiere tiempo. Tiempo y espacio. Visión y tesón. Certidumbre y una especie de decisión férrea, inquebrantable, respecto a lo que tú creías que era tu destino. Así que aguardas. Escuchas. Oyes… Lo que oyes es en algunos momentos doloroso; te han vendido en un abrir y cerrar de ojos. Te han negado, te han abandonado, te han traicionado… Los que pensabas que estarían siempre. Eso te sorprende, te estremece pero sigues, sigues, sigues. Ni siquiera respiras, pero sigues. Y también oyes palabras de alivio, de ternura, de ganas de decirte cosas que no te dijeron, o de repetirte las que ya te habían dicho. Y te sorprende que desde allí donde estás, los que parecían fríos, resultan cálidos, los estoicos; frágiles, los rápidos; lentos, los calculadores; entregados, los duros; moldeables y los auténticos; falsos… No tienes palabras, sólo asombro. El asombro ante lo objetivo que se vuelve todo cuando nos alejamos, ante lo injusto del juicio de valor que arrojamos sobre los demás de un modo tan fácil, lo injustamente que actuamos respecto a nosotros mismos… mucho más incluso que respecto a los demás, cuando pensamos que está en juego nuestra identidad, nuestra vanidad, al fin y al cabo. Y de repente convertido en ceniza, desde aquí, ves las líneas invisibles de las direcciones que nuestra esencia nos sugiere, impulsa, empuja… en contraste con las líneas que marcan las direcciones que la mayoría de las veces tomamos. ¿Y quién nos guía, en este caso? El miedo. El miedo a perder algo. Algo que creemos poseer, pero que nunca sería más nuestro que si siguiéramos las otras direcciones, esas del empuje de nuestra alma, esas que rechazamos casi al instante, esas que parecen tan ajenas… Y a ti, ahora, replegado, encogida sobre ti misma, se te hacen tan nítidas, tan próximas, tan luminosas y suaves… que si tuvieras tus manos, las extenderías hacia ellas y si tuvieses tus piernas, las pondrías en marcha y si tu voz pudiese estar presente, dirías .

 

 

Pequeños Deberes- ¿A qué le dirías ?

 

A.Alicianlarealidad@gmail.com  




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