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Errata

Evaristo Aguirre

Me habían hablado de él


JM me había hablado de este escritor hacía ya tiempo, no sé, puede que diez años atrás o así, tras leer, casi seguidas, dos de sus primeras novelas, El efecto devastador de la melancolía y La garrapata (ambas en Lengua de Trapo), de las que decía maravillas. No le hice mucho caso; no se puede hacer caso de todo. Un poco después, me insistió con otra titulada Green (también en Lengua de Trapo). El escritor publicó otro par de novelas a lo largo de estos años. JM me debió de dar por imposible, hasta hace un par de meses, que me dijo que, esta vez sin posibilidad de escape, tenía que leer Sal (sí, en Lengua de Trapo: la fidelidad de este autor con su editor y viceversa es admirable). Lo hice.

Lo bueno de la literatura es que no necesitas arrepentirte de no haber leído algo antes, pues los libros se mantienen disponibles y puedes volver a ellos. Tras leer Sal, no me he puesto del todo al día con la obra de Manuel García Rubio (nacido en Montevideo, en 1956, aunque originario de Asturias y residente en el Principado), pero ya le he hincado el diente a un par de novelas más. Sí, claro que me gustó Sal


Narrador y protagonista son la misma persona en Sal, Urbano Expósito, un aspirante a guionista cinematográfico que utiliza los recursos de ese género para contar sus tribulaciones, que tienen mucho de rocambolescas, que son bastante raras. Urbano es un tipo que duda mucho, tanto que no parece que vaya a terminar de encontrar la manera de empezar su novela, aunque según lo duda y se arrepiente de cosas, ya la está empezando. Urbano es un buscavidas, rodeado de un amigo y un hermano que son para echar de comer aparte. Como todo el mundo, Urbano tiene un pasado, el suyo raro, no podía ser de otra manera; un pasado cuyo peso va a determinar, en parte, su destino.

Sal tiene algo de comedia urbana –hay que utilizar terminología cinematográfica, qué se le va a hacer­–, así como de narración costumbrista con unas pinceladas de absurdo. Creo que, a lo Hitchcock, Gª. Rubio juega con una especie de mcguffin que nos despista y nos planta, ya en las páginas finales, ante un giro de verdad interesante. Y no hay que olvidar que el humor es el motor de esta historia.

Cuando lees la novela, te vas dando cuenta de que pasas por páginas en las que hay una carga de profundidad mayor de la aparente; a veces te paras a pensar, otras, sigues de largo, llevado por el hilo argumental. De esa profundidad es buena prueba un blog (http://manuelgarciarubio.blogspot.com/) que el autor empezó cuando salió a la calle la novela y en el que va ofreciendo explicaciones, reflexiones, pistas…

eaguirre@divertinajes.com




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