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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Todavía hay clases (y colegios)

No todos los colegios son iguales, y en la cartelera abren sus puertas dos, francés uno, estadounidense el otro, que tienen poco o nada que ver... bueno, sí, las películas.

Tantas dudas...


No cabe duda de que John Patrick Shanley es un buen dramaturgo y un solvente guionista, pero su último trabajo tras las cámaras nos vuelve a dejar serias dudas sobre sus capacidades como realizador.

La duda es la historia de un enfrentamiento entre la hermana Aloysius Beauvier (Meryl Streep) y el padre Phillips –soberbio Philip Seymour Hoffman—, que representan dos concepciones diferentes de la experiencia religiosa en un relato que transcurre casi íntegramente en el interior opresivo de una parroquia del Bronx a principios de los  años sesenta. El filme denota continuamente su origen teatral aunque plantea varios temas de interés como la tensión entre una visión tradicionalista de la religión y la posición de quien está abierto a los cambios, los prejuicios raciales en la Norteamérica de los sesenta , las luchas de poder en el seno de la jerarquía eclesiástica, la (homo)sexualidad sofocada, los escándalos en las aulas y en las trastiendas de los templos…

Lo mejor de La duda son su tema, los actores, la atención a pequeños detalles visuales, la fuerza de los secundarios (como la joven Amy Adams); y lo peor es que el realizador no ha sabido dotar de fuerza narrativa  a su propio texto y ha recurrido a encuadres forzados, música ampulosa y secuencias que, aun estando bien arropadas por la puesta en escena, no son más que teatro filmado. La duda alcanza así sus mejores momentos en el enfrentamiento directo entre los dos protagonistas, en la ambigüedad de las situaciones, en la gestualidad y en la modestia. El relato tarda en arrancar y el conflicto se resuelve sin ritmo.

Estamos ante un filme de tesis que siembra interrogantes y que lanza una mirada inmisericorde sobre la resistencia de la institución religiosa al cambio y a un contacto directo con el mundo real. En este sentido, La duda es una película ideológicamente progresista pero formalmente conservadora porque el realizador ama demasiado su propia  obra, los diálogos y los personajes para arriesgar en la puesta en escena. Un mecanismo de relojería teatral impecable pero una película mediocre y afectada. Shanley bebe de toda una tradición de la dramaturgia anglosajona pero, salvo en momentos aislados —en los que deja evolucionar a los actores y las actrices en interiores—, parece haberse olvidado de los avances del lenguaje cinematográfico.

... como alumnos hay en la clase


Con La clase, el realizador francés Laurent Cantet vuelve al terreno donde conseguido mayor reputación: el realismo social en el fondo y el naturalismo semidocumental en la forma.

El director de Recursos humanos se basa en la experiencia de François Bégaudeu —protagonista y guionista del filme— que trabajó como profesor de secundaria en los extrarradios de la Francia de hoy. La historia, que transcurre casi exclusivamente  en el interior de un aula, no trata solo sobre los dilemas del sistema educativo francés sino también sobre la incomunicación y las barreras reales y simbólicas. No es casual que el protagonista sea un «profesor de lengua» que trata de mantener una actitud moderadamente progresista en un instituto donde conviven alumnos de diferentes etnias, religiones, tradiciones culturales, perfiles psicológicos y puntos de vista.

Cantet emplea los primeros planos medios de alumnos y docentes y se basa casi exclusivamente en la corporalidad de éstos y su evolución en los encuadres.  Al dinamismo, alternativamente tierno y tenso del interior de la clase, se contrapone el severo espacio donde los profesores más apegados a la tradición emplean un sistema punitivo para enfrentarse a una juventud que no tiene los mismos horizontes vitales  ni profesionales en los que ellos se formaron. El problema es que Cantet mezcla el tono semidocumental —con actores jóvenes no profesionales— con algunos recursos dramáticos trillados, como el profesor «fuera de lo común» enfrentado de forma singular  a alumnos contestatarios o imprevisibles.

La película  aborda de refilón cuestiones como los problemas socio-laborales de la juventud, el racismo latente en la sociedad francesa y la resistencia a redefinición de los roles de género por parte de chicos y chicas jóvenes. Cantet toca muchos temas y no profundiza lo suficiente en ninguno y deja al espectador con una sensación de ambivalencia en la forma, a la vez realista y narrativamente estridente, como en el mensaje, entre «el documento» y la denuncia atenuada.




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