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Evaristo Aguirre

Aquellos años californianos


Forever Changes es uno de los grandes discos de la historia del rock, un ejemplo fantástico del sonido de la California de los años sesenta (se publicó en 1967), una de esas obras que siempre aparecen en las habituales listas de los 100 o 200 mejores álbumes… El alma de este disco y de la banda que lo grabó, Love, era Arthur Lee (1945-2006), un tipo brillante, excéntrico, déspota, que fundó el grupo, cambió de músicos cuando le dio la gana y mantuvo la marca hasta poco antes de su muerte. Pero el gran momento de Love fue la segunda mitad de los sesenta, cuando grabaron el mencionado Forever Changes y otro disco anterior, Da Capo, y tocaron por Estados Unidos.


Michael Stuart-Ware se incorporó al grupo en aquel 1967, y aportó su batería a estos dos álbumes. Fue Arthur Lee quien reclutó a Stuart-Ware de su banda anterior, que no pasaba de una tercera división musical. Y fue Lee quien, sin avisar, dejó de contar con él, y con el resto de músicos, para continuar a su aire, con otros instrumentistas, grabando otros discos. Entre medias, el entonces joven batería vivió el desarrollo del rock estadounidense, el espíritu sesentero, las drogas, la bohemia californiana, la implantación de una industria discográfica cuyas maneras de actuar, asentadas en aquellos años, la han llevado a la decadencia actual, cercana a la desaparición.


Entre bastidores (publicada por Metropolitan, con una mejorable traducción de Marcos Sánchez Armesto) es el título de las memorias de aquel tiempo de Michael Stuart-Ware. El tipo había dejado la música hacía años, cuando un día de 1998, uno de sus hijos se encontró con una edición conjunta de Da Capo y Forever Changes en un CD. Al parecer no había contado gran cosa de aquella experiencia a su familia y se le ocurrió ponerse a escribir este libro, que apareció en EE.UU. en 2003. 

Tiene más peso, en estos recuerdos, la cuestión personal que la musical. Claro que hay explicaciones y comentarios de las grabaciones, de los conciertos, de los inicios como batería, pero lo fundamental son esos vínculos entre unos cuantos músicos que viven el éxito de su banda y que se dejan llevar, eso parece, por un estilo de vida que parece fácil. En aquella California, las casas y los coches debían de ser baratos (también las drogas), de manera que los músicos, con lo que iban sacando de sus actuaciones, sobrevivían muy dignamente. Ay, las drogas. También parecía fácil entrar y salir en su círculo; de hecho, son pocos los damnificados por ellas en estas páginas. Pero hay algo que desgasta; no necesariamente las drogas, pero actúan de lubricante. 

Y por encima de todas las relaciones personales y de todos los personajes de esta narración (real, sí, pero narración al fin) está Arthur Lee, de quien Stuart-Ware no puede hablar mal, a pesar del comportamiento no siempre respetuoso del compositor y cantante; hay cariño, amistad y buenos sentimientos en el texto del antiguo batería, lo que no quita para que te des perfecta cuenta de qué tipo era Lee, para lo bueno y para lo malo. 

Es una cosa personal, pero me gusta mucho que esta clase de libros sobre música y sobre músicos tengan fotos, pues la imagen es una parte básica de la cultura pop y tanto las portadas de los discos como las fotos que los grupos y solistas se han hecho a lo largo de los tiempos tienen una intención y dicen mucho. Y este libro no tiene más que la foto de la portada. Una pena.

No necesitan que les diga, creo yo, que la lectura de Entre bastidores ha de hacerse con Forever Changes y Da Capo sonando…

eaguirre@divertinajes.com




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