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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Gris

Alicia: ¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí!... Ahora eres tú la que no estás. Esto es extraño. No debimos colocar ese absurdo espejo en la pared. No te encuentro. Voy y vengo, cruzo de aquí, allí y de allí, aquí… pero tú no estás. 


¿Por qué nos resistimos tanto a lo gris? Es un color tan suave, tan poco enervante, un color que permite que la mirada se pose sin sentirse invasora de la intimidad del otro… Y sin embargo, achacamos al gris propiedades casi maléficas. Como si el gris nos fuera a contagiar de una especie de mediocridad vírica y nos fuera a arrebatar la magia y el misterio para siempre.

Yo debo de haberme vuelto tremendamente mediocre o acaso lo he sido siempre, pero sin darme cuenta de ello, porque ahora el gris me relaja… Los hombres de traje gris, tan temidos por la pobre Momo, repentinamente me dan confianza, y cuando me abren las puertas en un gesto de caballerosidad arraigada al origen mismo de su esencia gris, me siento reconfortada y pienso que todavía cabe (aunque nunca lo diría en voz alta, claro) un cierto permiso para dar cabida a mi fragilidad. Que no le resta ni un ápice de dramatismo a mi fuerza. No dejo de ser fuerte por ser frágil a la vez… No. No lo creo en absoluto. Lo que ocurre a día de hoy, es que si un hombre dice sentirse algo frágil alguna vez, queda muy bien ante los ojos de los presentes… queda como empático, emocional, en contacto con su verdad, etc, etc… Pero si una mujer se atreve a insinuar apenas que ha tenido un día arduo, duro, complejo… y que se siente algo frágil… puede ser comida, en un abrir y cerrar de mandíbulas, por los mismos presentes que hace unos segundos se fascinaban ante la fragilidad masculina.

Yo, en mi vida anterior, (hace apenas nada de ello) renegaba también metódicamente del significado metafórico de lo gris (aunque mis vestidos favoritos casi siempre fueron grises), luchaba para combatir la vida gris, las miradas grises, los versos grises, los gestos grises, el arte gris, las charlas grises, los maletines grises y sus secuelas… Clamaba por un mundo luminoso o contrastado, un mundo arrojado lleno de gente arrojada y fascinante… Reivindicaba una tierra poblada de actos heroicos, hombres y mujeres apasionados, febriles, iluminados, arriesgados, encendidos… Palabras azules, rojas, doradas… Besos vibrantes de colores inabarcables, caricias extremas, extenuantes, gélidas incluso pero tajantes. Creía en un mundo lleno de políticos humildemente entregados a sus ideales siempre a favor de los más necesitados. Y creía en la inocencia cuasi blanca de los más necesitados, y en las miradas color oro o sol o verano de los niños…

Ahora, ya no. Lo gris es cómodo, lento, adictivo… Equitativo al opio diría yo. Mejor aún. A la nada. A la nada suave y densa. Densa y calladamente persistente. Me sostienen ahora los sueños en los cuales yo también llevo mi maletín último modelo, extrema tonalidad gris, repleto de billetes delicados y grises… billetes que aseguran la asistencia gris y perpetua de mi pequeño enanito, a su colegio gris… Y sueño con un gigante gris, un hombre gigantesco y enorme, vestido con traje gris recién sacado de la tintorería gris, que me salva, que me lleva en brazos como una especie de King Kong, pero en hombre y en inteligente-gris… Un hombre gris, calmado y preciso, que se dirige a mí con medidas palabras grises y me atiende como a una desvalida princesa, que por fin tranquila y apaciguada, escucha sus charlas grises sobre sus grises y sosegantes días laborales… Porque no hay crisis aquí en lo gris. El hombre gris, de palabras exactas y grises, eligió o siguió bien las estelas de huellas grises que los anteriores hombres grises dejaron para él, y triunfó. Y yo ahora cautivada y salvada, serena, rica y ligera…me siento en la mecedora y dejo que se borren todos los pensamientos incipientemente luminosos. No hay espasmos de agitación ya en mi cuerpo. Soy buena. No hay rebeldía ni ganas de quimeras. No hay resistencia ni tensión. Cierro los ojos. Vuelvo a abrirlos y por fin ha entrado el médico que tanto tiempo esperé. Y como no; es gris, de traje gris y de maleta gris… Y me mira profundamente a los ojos. Por fin. Ahora sí me va a curar. De hecho lo hace. Me arranca el alma todavía centellante, que escondida y agazapada estaba temblando a la altura del corazón, percatada de todo la muy cálida, se enredaba con furia a la columna vertebral. Pero yo, abro mis piernas, mis brazos caen y me dejo hacer. Confío plenamente en las hábiles manos del médico gris. Es un acto voluntario. He querido curarme.

 

 

 LO GRIS

 

 A veces...

 A ratos

 ¡A momentos!

 

 Un estado nuboso

 Un sentir pegajoso y

 tibio

 Un ser, sin ser...

 Un estar siendo a ciegas

 

 ¡A veces!

 A ratos...

 A momentos

 

 Cerrar los ojos e intuirte

 Frenar el coche en seco

 estremecerse después

 llorar un poco

 la herida en el corazón

 ya no es húmeda.

 La hemos incluido en

 algún proceso

 La he usado para

 escribir

 La he llorado ya antes

 La dejé sangrar

 ¡En su momento!

 

 A veces...

 ¡A ratos!

 A momentos

 

 El color gris que te

 inunda llega hasta mi

 hasta mis manos que sujetan

 el volante

 hasta mis ideas que ya no

 brillan de tanto

 intentar abrillantar lo gris

 ¡Y sí!

 Y sí amor yo chillaría

 hasta las entrañas

 degolladas de los pájaros

 chillaría para estallar "lo gris"

 Para hacerlo vibrar

 con mil colores

 con intensidad

 ¡con frenesí!

 Pero es como un ir

 a pasos acompasados

 Y si no pinto en

 gris tú no me ves

 Me hago invisible

 ni roja, ni azul, ni verde, ni

 de ningún

 matiz especial...

 

 Ni blanca, ni

 naranja, ni luz

 intensa, ni rosa

 palo, ni pálido

 limón...

 Tan sólo invisible

 si no soy gris

 Tan sólo invisible

 

 ¡Y ya no quiero!

 Aunque me deshago de

 tristeza

 ya no puedo vivir en

 tu niebla

 ya no sé latir en

 gris durante más

 tiempo.

 Estamparé el coche

 contra alguna verja

 Soltaré las manos

 del volante y cantaré

 Me sumergiré en

 el arco iris aunque

 suene cursi, demodé,

 "hortera"

 absurdo en esa

 cotidianidad que

 tú planteas

 Lo gris

 Lo gris

 Lo gris

 Pero yo no sé

 

 A veces...

 A ratos

 ¡A momentos!

 

 

 Pequeños Deberes- No te dejes morir. Muere sólo porque tú lo quieras. ¿Es eso posible? Tal vez si recuerdas que morir no es sólo un acto literal, aunque también lo sea.

 

A.AliciaNlarealidad@gmail.com

 

Fotos- Montse Velando   




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