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Sara Orúe

Tradición oral


Un funcionario municipal de Perpiñán, en la Cataluña francesa, batió el pasado sábado, tras hablar un total de 124 horas sin parar ni un momento, el récord mundial del discurso más largo.

—Eso es porque no te lo has propuesto tú.
—No, Tío Ra, que 124 horas son muchas horas.
—Sí, exactamente 124. Pero tú puedes, estoy seguro.

Parece que entra en el Guiness.


—Lo importante es saber cuántas Guiness le habían entrado a él para lucir esta verborrea de récord.
—No tiene nada que ver con la cerveza Tío Ra.
—Ja, eso dicen todos. A este le dio por hablar, pero a otros les da por llorar, o por cantar… y eso es peor.

En fin. Dicen que Fidel Castro está rabiando de envidia y anda planteándose la posibilidad de preparar un discurso más largo que del catalán.

—“NO MÁS OPRESIÓN PARA EL PUEBLO CUBANO.”

Luis Colet, el hablador, estuvo hablando algo más de cinco días seguidos: exactamente desde un lunes a las 10.00 de la mañana hasta el sábado siguiente a las 14:00.

—Mira tú, en ese tiempo yo hago 5 jornadas laborales, una mañana de fiesta, 5 comidas, 5 cenas, 5 desayunos, 2 partidas de padle, 3 de guiñote, un cine, veo House, me afeito la barba, hago la compra, leo 5 veces el periódico, veo 16 partidos de fútbol y 2 de baloncesto, me tomó 15 cocacolas y no sé cuantas cosas más, este señor sólo habla… Qué manera de perder el tiempo, se nota que es funcionario.

Pues no, no se nota porque no paró a tomar café ni una sola vez. De hecho, como el récord era de horas hablando sin parar sólo pudo tomar un tentempié ligerito, para no hablar con la boca llena.

—O sea, que además de hablar sin parar habrá adelgazado. “Adelgace hablando como una cotorra”: yo ahí veo línea de negocio.

Dicen que, al terminar el speech, se le veía cansado.

—No te jo…roba. Cansado y afónico debió terminar. Y si el discurso lo decía de memoria, mérito, sin duda. Pero y si llevaba apuntes…. Imagina el tocho de papeles que debía llevar. De qué carajo hablaría…


Colet es un experto en Artes y Tradiciones catalanas y habló de Salvador Dalí.

—Cinco días seguidos hablando de un tema único, ¡qué aburrido!
—Pues había un centenar de personas escuchándole.
—¿Hubo 100 personas que aguantaron 5 días y medio escuchando al colega? ¿Las mismas 100 personas de principio a fin?
—No creo.
—Serían jubilados, no hay nadie que tenga tanto libre para desperdiciar.
—Sí, jubilados, inapetentes y sordos.
—Incontinentes no, seguro. De ser así hubiera resultado un lío, los 100 levantándose al baño uno detrás de otro.

Visto así, no sé quien tiene más mérito, si el que hablaba o los que escuchaban, ¿habrán batido también ellos un récord?

—¿Qué te juegas a que ellos si durmieron?
—¡Vaya imagen! 100 jubilados dando cabezadas alternativamente 124 horas seguidas. Eso sí quita el sueño a cualquiera.

Esto de los récords Guiness me parece una solemne tontería, no sirven para nada. ¿De que sirve hablar un montón de horas seguidas?

—De momento ha servido para que tú escribas unas 500 palabras.

Tengo curiosidad por saber cuántas palabras se pueden decir en 124 horas.

—Quizá los del Guiness grabaron este discurso como prueba de la superación del record. Pídeles la cinta y cuenta las palabras.

La verdad Tío Ra, no tengo tanta curiosidad.




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