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Errata

Evaristo Aguirre

Literatura y guitarras

Mientras escribo esto, suena un disco de Nacho Vegas, Desaparezca aquí. Tiene una canción que me gusta, “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, en la que un tipo parece que recapitula su vida, explica cosas, calla otras:

“[…] Fracasé una vez, fracasé diez mil / y aun así alzo mi copa hacia el cielo / en un brindis por el hombre de hoy / y por lo bien que habita el mundo […]. / Nunca fui en nada el mejor, tampoco he sido un gran amante. / Más de una lo querrá atestiguar. / Pero si algo hay capital, / algo de veras importante, / es que me voy a morir / y cuando digo voy es que voy. / Lo he pasado bien, y casi conocí en / una ocasión a Michi Panero, / y es bastante más de lo que jamás / soñaríais en mil vidas. […]

Me gusta la letra (es más larga) y me gusta la música; es una de esas canciones que pones y canturreas siguiendo la historia o que dejas sonar y disfrutas la melodía y el ritmo. De todas formas, no es fácil explicar con precisión por qué te gusta una canción. Cuando entiendes con facilidad de qué hablan, no hay duda de que la letra puede ser un aliciente, pero cuando se escucha a Rokia Traoré, por ejemplo, que es de Mali, da bastante igual el sentido de lo que dice, y sus canciones son una maravilla.


Y luego está la cuestión de si las letras de la música popular pueden considerarse literatura. Y alrededor de esto gira el libro de la periodista, DJ y compositora Silvia Grijalba Palabra de rock. Antología de letristas españoles (Fundación José Manuel Lara). Grijalba ha seleccionado unas cuantas letras de rock de los últimos años y las ha presentado negro sobre blanco, como si de poemas se tratara: desde el mencionado Nacho Vegas a Julián Hernández (Siniestro Total), pasando por Santiago Auserón (Radio Futura, Juan Perro), Robe Iniesta (Extremoduro), Sabino Méndez (Loquillo y los Trogloditas), Fernando Márquez El Zurdo (La Mode) o Astrud. Así leídos, pueden gustar más unos que otros, pero sí queda claro que ahí hay literatura, pues hay historias, hay emociones, hay uso y juego con el idioma. La autora de la selección escribe en el prólogo una frase que puede servir para zanjar el debate: “La letra de canción es un género en sí mismo”.


He conocido poetas que desprecian estas composiciones; los hay que no solo las ponen a la altura de la poesía (cuando lo merecen, claro) sino que incluso han escrito algunas (véase y léase, Luis Alberto de Cuenca para la Orquesta Mondragón); las letras de rapero estadounidense Eminem fueron analizadas por el crítico de un diario inglés con las herramientas que se utilizan para la poesía; una canción de la británica Amy Winehouse apareció en un examen para ser comentada (¿se acuerdan ustedes de los comentarios de texto escolares y universitarios?).

Hago memoria y no estoy seguro, pero creo que los textos que tengo en mi cabeza desde más antiguo son canciones, antes que libros, así que no me van a hacer dudar de que en el montón de discos que acumulo en mi casa hay algunas frases, versos, párrafos fantásticos.


eaguirre@divertinajes.com




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