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Círculo de iluminación

Eva Orúe

A solas con nuestras contradicciones


Más de uno se quedó perplejo al leer lo que Jorge Herralde anunciaba en el boletín de novedades de Anagrama, al socaire de los 40 años que muy pronto —en abril— cumplirá la editorial:

«Aparte de una leve remodelación de nuestras portadas, aggiornamiento ya efectuado en algunas ocasiones a lo largo de nuestro trayecto, con motivo de dicho aniversario ponemos en marcha un proyecto ambicioso y confiamos en que será bien recibido: una Biblioteca Anagrama de 100 títulos, de periodicidad semanal, que recogerá nuestros mejores títulos en narrativa, ensayo y reportajes, destinada a quioscos y canalizada por RBA, los mejores especialistas en dicho canal.»

Eso, más una edición de medio centenar de libros distribuidos en Argentina junto al periódico Página 12. Pero, a lo que voy, Eloy.

Las palabras causantes de tanta sorpresa eran, claro, «destinada a quioscos y canalizada por RBA» porque, de un plumazo, nos hacían dudar del compromiso del pope (vale, uno de ellos) de la edición independiente con su propia independencia (suena a perogrullo, pero seguro que me entienden) y con las librerías, grandes valedoras de sellos que, en la estela de Anagrama, apuestan por la calidad y el catálogo.

Para promocionar el lanzamiento, Herralde convocó una rueda de prensa. Me consta que a la gente de RBA libros, el anuncio les pilló por sorpresa, y que hubo un innegable desconcierto cuando algunos periodistas llamaron al megagrupo interesándose por la operación. «¿Una rueda de prensa? ¿Nosotros?»

Parece que el departamento de coleccionables, cuya autoridad en la materia nadie discute, lo llevó todo con enorme discreción y sigilo, al más alto nivel, y que sus responsables quieren pasar por esto lo más desapercibidos posible. Están, vaya que si están, pero como si no estuvieran. La gloria y el alcanfor, para don Jorge y su sello.

«Suscríbase y le obsequiaremos con un elegante bolígrafo Parker»

Al margen de lo inadecuado del regalo (en parte corregido por el mega anzuelo que lanza RBA: el sorteo de un crucero por el Mediterráneo, eso sí que es poderío), tan desfasado en estos tiempos de los mp4, el e-book y otros caprichos electrónicos, la oferta resulta, es cierto, tentadora. Desde un punto de vista literario, quiero decir: los títulos que se ofrecen tienen un gancho indudable, e imagino que Herralde y su contable estarán más que esperanzados: la Biblioteca Anagrama, 150.000 ejemplares en la promoción de lanzamiento a un precio inicial de 3,95 €, va a alegrar las pajarillas a lectores y quiosqueros.

Pero, es lógico que nos hagamos preguntas, y no pocas. Para empezar, ¿cuál va a ser la reacción de los libreros, a los que se priva de una posibilidad de venta tan suculenta? ¿Se conformarán con las palabras de Herralde en su rueda de prensa: sigo siendo «un defensor a ultranza de las librerías»? Más abajo volveré sobre este punto. De momento, permítanme alguna concesión a la nostalgia de mano de mi amiga, la hemeroteca, unos picotazos que, espero, nos ayudarán a establecer algunas genealogías. O no.

En 1998, Herralde firma el artículo «Último parte de guerra: la concentración se concentra»

«Así, tres de las editoriales literarias más prestigiosas -Lumen, Tusquets y Siruela- han optado por unir su destino al de los grandes grupos, siguiendo la senda de otros sellos históricos como Seix Barral y Destino.

»Además de los colosos de plantilla -Planeta, Bertelsmann, Santillana, Anaya (es decir, Havas), Ediciones B, Grijalbo Mondadori-, ahora irrumpe en las librerías españolas un gigante de la venta a crédito como Océano, aliándose con la argentina Losada y otras editoriales, y un grupo especializado en la venta en quioscos, RBA, gracias a la compra de Integral y su entrada en Tusquets.

»Todos ellos con el punto de mira, claro está, en América Latina, fundando o potenciando filiales, comprando editoriales (así Planeta compró en su día la mexicana Mortiz y ahora Bertelsmann la argentina Sudamericana). Esta colonización progresiva y acelerada provoca graves problemas de contratación en las pocas editoriales latinoamericanas que compiten en el mercado de derechos, fundamentalmente Norma en Colombia, Diana y Fondo de Cultura Económica en México y Emecé en Argentina.

»Pero, pese a tan imponente panorama, sigo creyendo en la viabilidad de una “coexistencia estimulante” entre grandes grupos y algunas (quizá no muchas) editoriales independientes con peso y presencia significativa en la vida cultural de sus países. Además de los numerosos ejemplos europeos, incluso en Estados Unidos las dos independientes importantes, Grove Atlantic y Norton, están funcionando muy bien, aparte de la experiencia atípica de la New Press de Andre Schiffrin.

»El editor independiente, que es vocacional por definición, lleva a cabo un proyecto editorial coherente y reconocible, con un cuidado artesanal en la producción de sus libros, un acopio sistemático de información, una distribución eficaz, presencia en la prensa y solidez económica para defenderse de las incursiones corsarias. Adecuando el tamaño con el proyecto.

»Con afanes culturales similares a los del editor independiente, se encuentra el director de un sello literario perteneciente a un gran grupo, que se halla, por así decir, en un estado de independencia vigilada a expensas de sus resultados. Si el sello no funciona, se cambia el equipo directivo o bien se cancelan sus actividades. Aunque el editor independiente también está vigilado por el mercado: si se equivoca demasiado, desaparece o es engullido por un gran grupo. En España tenemos multitud de ejemplos de cómo el mercado vigila y castiga. Surveiller et punir.

»Ahora bien, y me parece que este es un punto fundamental: el mercado es dinámico, hay que intentar seducirlo, y el editor independiente (o el editor-editor) está mejor dotado para hacerlo que la dirección empresarial de un gran grupo.

»Es decir, el editor-editor apuesta por lo desconocido, por nuevos autores, trabaja con incógnitas y alguna de ellas encuentra a sus lectores, ensaya "prototipos'', mientras que, por el contrario, el editor-empresario trafica con "secuelas", apostando por valores seguros, fichando escritores descubiertos por otros, haciendo un catálogo-conglomerado a golpe de talonario (como el Barça de Van Gaal).

»Esta labor de descubrir los deseos ocultos, las necesidades culturales de una sociedad, es la tarea más apasionante de un editor. El historiador Theodore Zeldin ha escrito recientemente: “Una conversación satisfactoria es aquella que le hace decir a uno lo que nunca ha dicho antes”. Así también, el editor debe estimular a los lectores, entablar un diálogo con sorpresas. Como dijo el gran editor alemán Samuel Fischer: “Obligar al público a aceptar nuevos valores, que no desea, es la misión más importante y hermosa del editor”.' Aunque no es que el público no desee estos nuevos valores, sino que todavía no sabe que los desea. Y el editor, para seducirlo, por utilizar el título de un libro publicado por Anagrama, debe tener en cuenta la lección de Sherezade. Y aplicarla con fanática testarudez.»

Al cabo, constaten por favor cuánto hemos cambiado. Todos.

En 2000, se ratifica en «El Cultural»

En una entrevista en la que recordaba, halagado, el persistente interés que Lara padre mostró en su día por Anagrama, el periodista le preguntaba por el artículo que acabamos de reproducir: «Dado que la cosa va a más, ¿cuál sería hoy su “parte de guerra”?» Ésta fue su respuesta:

«Mi artículo, más que profético, era una foto polaroid de aquel momento. Como fenómenos recientes, los más espectaculares son la compra de Anaya por el coloso francés Havas, y el acuerdo nada menos que entre Bertelsmann y Planeta para el libro de bolsillo y la venta a crédito, al que quizá sigan acuerdos más amplios. A un nivel comparativamente micro, pero simbólicamente importante, Tusquets ha cambiado de pareja, de Planeta a RBA. Todas ellas, noticias con mucho tam-tam, con muchas hipótesis (…) La concentración tiende a eliminar la diversidad, la exploración, el riesgo: es la apoteosis del mercado, un mercado cautivo, cuya caricatura es el monopolio con sus secuelas inevitables. Al eliminar la competencia, dicta su ley impunemente: beneficio para las empresas y sumisión para la clientela, que debe tragar la papilla precocinada más rentable. En fin, de manual.»

Vaya lío

La verdad es que la historia de la edición en general, y la historia reciente de la edición española en particular, tiene poco que envidiar a las muchas historias sobre sagas y sogas reales que menudean en los libros de Historia: hay amores y desamores, intereses comunes y odios compartidos, alianzas y rupturas.

Un apunte: RBA, siglas que no obedecen a ninguna clave oculta, por cuanto son las de los apellidos de sus fundadores (Ricardo Rodrigo, Carmen Balcells y Roberto Altarriba), nació en 1981 como packager, entiéndase, agencia de servicios editoriales.

Rodrigo lo recordaba así en un artículo de Rosa Mora (El País) en 2001: «Los primeros ochenta fueron años de efervescencia para los coleccionables, pero la actividad del fascículo es cíclica y se inició una etapa de reflujo. “Planeta quedó como primer cliente de RBA y coincidieron varias cosas: yo tengo la misma edad exactamente que José Manuel Lara Bosch y, además de la colaboración empresarial que pudiera existir, nos hicimos amigos; cuando se fusionaron Planeta y DeAgostini, en 1985, me pidió que fuera el consejero delegado”. De hecho, se asociaron y RBA trabajó para Planeta cpasi “exclusivamente” aunque siguió como packager. “La primera consecuencia fue que Carmen Balcells dejó RBA. Siempre enormemente celosa de su independencia y pese a la amistad que nos unía, no podía mantener una relación tan estrecha con Planeta. Planteamos la separación y fue muy amistosa”.

»Esta “relación tan estrecha”, planteada al principio como temporal, duró cinco años, y la vinculación a Planeta, hasta 1997. Curiosamente, durante este tiempo, además de socios, RBA y Planeta-DeAgostini compitieron en coleccionables.»

¿Me siguen? Porque esto es más intrincado que el árbol genealógico de familia de Carlos Larrañaga.

Un precedente (entre otros posibles)

En 1992, RBA se lució (dicho sea sin ironía: fue un pedazo de éxito) con la colección Narrativa Actual, en 1992, una edición para quiosco de 50 títulos extraídos de los fondos de siete editoriales, a saber, Alfaguara, Anagrama, Destino, Lumen, Planeta, Seix Barral y Tusquets. Vendieron más de 12 millones de ejemplares.

Algunos hablarán de promiscuidad, otros de lógica empresarial.

Herralde no es el único

Como la propia Beatriz de Moura recordaba en la página web de su editorial, Tusquets, ella también tuvo sus más y sus menos con los grandes-muy grandes:

«(…) hemos intentado en dos ocasiones en el plazo de cinco años asociarnos tal vez con cierta bienintencionada ingenuidad a dos grandes grupos de distintas características: en 1995 a Planeta y, en 1998, a RBA, con la sana intención de encontrar en ellos ciertas sinergias que una editorial literaria como la nuestra no puede ni quiere por sí sola llevar a cabo. Fracasamos en los dos casos, pero de una y otra experiencia no sólo hemos aprendido mucho, sino que hemos podido salir preservando la coherencia de nuestra línea editorial y manteniendo el control de la distribución, dos aspectos fundamentales de lo que se ha dado en llamar “la independencia editorial”.»

PD1.- Vuelvo a los libreros, los quioscos, y de paso a los descuentos

Hace no tanto, Michèlle Chevallier, directora de CEGAL, me decía lo mucho que les preocupaba «el desplazamiento de ventas de libros a locales comerciales no especializados, fenómeno que en España como en otros países de Europa se produce en detrimento de la librería sin por ello reforzar de manera significativa las ventas de las editoriales». A los quioscos, seguro, pero también a las grandes superficies no culturales o a las gasolineras.

En los últimos meses, editores y libreros han trabajado en la redacción de un protocolo de Buenas Prácticas Comerciales —según leo en el blog Paradigma libro, que alimentan Francisco Javier Jiménez y Manuel Gil—, con la pretensión de acotar y reglar las operaciones especiales y las promociones en el punto de venta, restringiendo por fin los lanzamientos 3x2. Se preguntan los autores: «Las reglas para las librerías ¿no tienen aplicación en los quioscos?», felicitan al maestro Herralde y avisan: se ha abierto la veda del quiosco.

Las luces rojas de alarma se encienden, y no sólo aquí (me harán el favor de valorar mi hábil transición). En el Reino Unido, Simon Juden, chief executive de la Publishers Association, ha tildado de locura el nivel de los descuentos que se aplican a los libros. Los datos que conocemos justifican su preocupación: según datos del Nielsen BookScan, en 2008 los descuentos no dejaron de producirse, y en proporciones mayores que nunca, a pesar de la caída de ventas. El valor de las ventas el año que apenas dejamos atrás fue de 1,78 billions (millar de millones) de libras esterlinas, un 1,5% menos que el año anterior. Pues bien, si los libros se hubieran vendido al PVP recomendado, los editores habrían ganado 2.27 billions. Si hubieran vendido la misma cantidad de ejemplares, claro...

PD2.- La estirpe de los Altarriba

Leo que las hermanas Mónica y Montserrat Altarriba, hijas de Roberto Altarriba, fundador de RBA, han fundado Viceversa, editorial que sacará sus primeros títulos a mediados de este año.

Al margen de todo, seguimos a vueltas con Astérix

La semana pasada les comenté que Hachette había obtenido autorización para continuar, llegado el momento, con las aventuras de Astérix, el personaje creado por René Goscinny y Albert Uderzo.

No entré en detalles, pero se los cuento ahora. El 13 de diciembre, Hachette Livre se hizo con el 60% de las ediciones Albert-René, que son las que publican los álbums de Astérix, así como el derecho de seguir la serie protagonizada por los irreductibles galos Astérix y Obélix cuando fallezca el único superviviente de la pareja creadora de la pareja, el dibujante Albert Uderzo, de 81 años.

Pues bien, la saga-fuga continúa. Mientras Anne Goscinny, hija de René Goscinny, parece encantada con el acuerdo, Sylvie Uderzo, hija de Albert Uderzo, denunció el pasado día 15 y en el periódico Le Monde las condiciones en las que Hachette Livre ha tomado el control de Albert-René. En fin.

Acuse de recibo


Niebla en el puente de Tolbiac
Léo Malet
Traducción de Luisa Feliu
Libros el Asteroide 

Ambientada en el París de los años cincuenta –en un país sacudido por los ecos de la guerra de Argelia y que se está recuperando todavía de la segunda guerra mundial–, Niebla en el puente de Tolbiac es la historia de un atentado anarquista no cometido y de ideales revolucionarios traicionados. Abel Benoit, un viejo anarquista, muere en el hospital tras ser víctima de una misteriosa agresión, pero antes de su muerte consigue ponerse en contacto con el detective privado Nestor Burma, quien emprenderá una investigación que le llevará a recordar su adolescencia de joven libertario perdido en el París de entreguerras. Y comprobará que a veces el pasado es un hueso duro de roer. 

Inspirada en los recuerdos juveniles de Léo Malet –quien había frecuentado círculos anarquistas–, está considerada como una novela clásica de la literatura policíaca mundial y como la mejor de su autor. Profundo conocedor de su ciudad y de las flaquezas propias y ajenas, Malet crea en Burma un álter ego escéptico, socarrón y honesto, cuya figura influirá en algunos de los personajes creados por maestros posteriores del género.


Crímenes y criminales. 9 casos que estremecieron a todo un país
Jesús Duva, Mónica C. Belaza, Luis Gómez, Álvaro de Cózar, Jerónimo Andreu y Antonio Jiménez Barca
esediciones

La historia de un pueblo es también la historia de sus crímenes. El asesinato, el acto más repulsivo que puede cometer el ser humano, dice mucho no sólo de quien lo comete, sino de la sociedad y la época en que ocurrió. Historias como la del asesino del naipe, el joven ex militar que mataba por matar; el rey de las fugas, huido de una cárcel desde hace 25 años; el archifamoso quíntuple crimen del cortijo de Los Galindos o el mendigo psicópata que mandó al más allá a 12 personas; son historias que permiten reunir algunos de los hechos criminales más impactantes de los últimos años. Conformando así un escenario por el que desfilan víctimas y verdugos, marginados y sicarios…


Los días grises
Antonio Isasi-Isasmendi
Aguilar

Todo el mundo tiene derecho a su memoria. Cada individuo la ejerce libremente, legitimado por la experiencia de las horas vividas, de los momentos pasados, del tiempo que se consume y que para uno mismo siempre son historia. En esta ocasión el cineasta Antonio Isasi-Isasmendi ha creído que era bueno manifestar la suya propia, ahora que su oficio de hacer películas queda lejos, ahora que está sentado frente al mar de Ibiza en compañía de su perro, aunque sólo sea para convertir la nostalgia en melancolía, la imaginación del pasado en la belleza de un tiempo que regresa y que dibuja tímidas sonrisas.

Todas las cosas grandes están hechas de cosas pequeñas. Mediante esta urdimbre cotidiana de sensaciones primarias Isasi-Isasmendi atraviesa la Guerra Civil y la guerra europea, involucradas en la propia pubertad sin saber si era más importante el desembarco de Normandía que la primera caricia femenina aceptada con todo el sabor del pecado.


El sueño del señor juez
Carlos Gamerro
Veintisiete letras

«Nuestras responsabilidades empiezan en los sueños», afirmaba Yeats. «Las tierras del sueño son tan ilimitadas que si un hombre al trote se largara por ellas no le alcanzarían todas las noches de una vida para cruzarlas", dice uno de los personajes de esta historia. Una mañana, don Urbano Pedernera, un ex comandante devenido juez de paz de Malihuel, ordena la detención de Rosendo Villalba porque había soñado que lo ofendía. Atribulado primero, enardecido después, noche tras noche sueña con las faltas que cometen los habitantes de ese pueblo fronterizo de la pampa, a los que va ajusticiando con poder omnímodo y despótico. El destino de las personas no se encuentra en la vigilia, sino en lo que realicen cada noche en los sueños del señor juez.
 
¿Puede uno salvarse cuando lo condena la pesadilla del poderoso? Esta desopilante novela recupera la tradición gauchesca argentina para construir un universo mordaz y combativo que se enriquece con una múltiple tradición: el infierno onírico del barroco español –de Góngora y Quevedo–, el mundo de las máscaras de Shakespeare, el despotismo sin fin en los relatos kafkianos y el sueño fundido con la realidad en Borges y Calvino.




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