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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Ansia

El grupo que se reunió en la orilla tenía un aspecto realmente extraño: los pájaros con las plumas sucias, los otros animales con el pelo pegado al cuerpo, y todos calados hasta los huesos, malhumorados e incómodos.

Lewis Carroll


Alicia: ¿Qué es la congoja o fatiga que causa en el cuerpo inquietud o agitación violenta?

Adriana: Ansia…

Gritar fuerte, con la boca bien abierta… dejando que el aire impulsado por los pulmones, salga libre y sin obstáculos por el camino de las vías respiratorias. Porque a veces es necesario gritar. Gritar de indignación, gritar de rabia, gritar de felicidad, de contención, de motivación… Gritar ante lo que otros se callan y ante lo que nos callamos nosotros, gritar por lo que vemos o por lo que dejamos de ver. Gritar por ansia y gritar con ansias.

La violencia generada, sólo provoca más violencia… Y hay muchos tipos de violencia. La más obvia, aquella con la cual se sustrae la vida de otro sin ningún respeto por el valor que en realidad la vida por sí misma tiene. Esa violencia en la cual se agrede a otro por el simple hecho de que el otro representa aquello a lo que tememos o aquello que supuestamente obstaculiza nuestras intenciones y nuestros fines. Hay violencia de palabras, algunas dichas, otras insinuadas, otras escritas… Escritas con violencia. Nada a mi entender excusa la violencia. Nada la justifica. La fuerza no tiene nada que ver con la violencia. La fuerza se puede usar de muchas maneras y en muchas ocasiones, pero es una fuerza sin violencia, es la energía vital empleada a fondo y con un fin coherente, dignificante, al servicio de un bien propio o común… Y el sesgo de una vida intencionadamente es lo opuesto a la fuerza, es el símbolo de la impotencia y de la violencia en su expresión más directa y nítida. Es la pretensión de ser aquello que no somos. La pretensión de poseer poder. Un poder que en el fondo no existe porque todos somos iguales ante la muerte y todos somos iguales ante el don de vivir, de estar vivos. Aquel, aquellos que pretenden jugar con el manejo del poder y salir ganando, están totalmente confundidos, enturbiados, cegados por el brillo de su propio reflejo, ante la supuesta importancia personal que supone decidir sobre el destino de tantos y tantos seres humanos, decidir sobre el destino de pueblos enteros, países, naciones… Pretender ser, en vez de intentar ser. Y así… un acto violento tras otro, que a su vez genera un pensamiento violento, una palabra violenta, un gesto violento y después nuevamente el acto violento. Una cadena de violencia que siempre nos encadenará a una involución, a un retroceso permanente hacia la bestia, hacia el animal hambriento y ansioso que una vez fuimos, que seguimos siendo… pese a los “avances”, pese a los logros, a los descubrimientos que nos acercan a las estrellas y a los secretos que las estrellas guardan para nosotros, para El Hombre… Para el hombre. Cuando lo seamos. Cuando ese ser que ahora se mueve y vibra entre contrastes e impulsos, algún día realmente se ponga en pie y acepte el alma como parte de su naturaleza y decida ser lo que cree que parece. Sin ansia. Sin parecer. Simplemente siendo.

A.AliciaNlarealidad@googlemail.com

Imagen- Flores deshojadas de Ramón Casas    




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