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Errata

Evaristo Aguirre

Variaciones

Es habitual que un escritor se refiera a ello en una entrevista, en algún artículo o libro de memorias, pero casi siempre cuando recordarlo tiene ya algo de divertido, cuando evocar aquellos rechazos editoriales no es más que un ataque, leve, de nostalgia. Pero la verdad es que debe de ser un palo mandar el fruto de mucho trabajo y mucho esfuerzo a una editorial y recibir una simple nota con eso de que no va a poder ser… Salvando las diferencias, a casi todos nos ha pasado con ese currículo enviado para responder a un anuncio de trabajo; aunque la verdad es que a esos envíos ni siquiera contestan.


Pues no sé si será por exorcizar aquel mal trago o por aprovechar hasta lo peor de la experiencia para escribir, pero el escritor canadiense Camilien Roy (Bathurst, Nouveau Brunswick, 1963) ha decidido jugar con esa figura de la nota de las malas noticias y ha escrito El arte de rechazar una novela (Bruguera, con traducción de Ana Becciu). Roy es autor de dos novelas, La première pluie y La fille du photographe, ambas inéditas en España y ambas anteriores a este libro que nos ocupa. 

Hasta de 99 maneras se puede, siguiendo a Roy, mandar a paseo las esperanzas de publicar de un autor primerizo. Hay contestaciones racistas, analíticas, daltónicas, furiosas o paternalistas; las hay escritas en verso o en forma de pieza teatral; hay una que llega en vietnamita; hay una que simplemente dice: “¡No!”. El arte de rechazar una novela es una obra divertida, con un punto de cinismo, e ingeniosa, pues el autor es capaz de crear múltiples registros expresivos. Pero es también, hilando una carta con otra, una reflexión sobre la recepción de la obra literaria, es decir sobre la lectura, sobre cómo un mismo texto puede interpretarse, degustarse de formas que pueden llegar a ser opuestas. Pasa cuando se leen dos críticas sobre un mismo libro, pero ocurre también cuando hablas con un amigo que ha leído lo mismo que tú, y con quien sueles coincidir, y ese texto en concreto lo habéis entendido de manera tan distinta.

Al acabar El arte de rechazar una novela, me acordé de un clásico de la literatura francesa del siglo XX, los Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau (1903-1976), un libro de 1947 (hay una edición española en Cátedra, traducida y prologada por Antonio Fernández Ferrer). Queneau hizo otras 99 variaciones, pero en su caso de una mini historia que se puede resumir así: el narrador ve a un hombre joven en el autobús, que lleva un sombrero, discutir con otro pasajero, y al cabo de unas horas se lo encuentra en otro lugar de la ciudad hablando con un amigo que le dice que debe ponerse un botón más en el abrigo. Es innegable que Queneau ha inspirado a Roy, pero los dos deben leerse.

eaguirre@divertinajes.com




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