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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

The Milky Way

Gus Van Sant ha combinado a lo largo de su ya dilatada carrera como realizador  el cine independiente y casi underground con las propuestas abiertamente comerciales y  los filmes que se encuentran a medio camino entre ambos campos. Surgido de las filas del new queer cinema estadounidense, el realizador de My own private Idaho ha realizado también títulos alimenticios destinados a una amplia audiencia.


Harvey Milk reencarnado en Sean Penn

Mi nombre es Harvey Milk es un trabajo más que estimable pero decididamente hecho para el gran público y sobre todo para las pantallas de su país. Como en Todo por un sueño, el director reflexiona sobre los mecanismos de la creación de un personaje público, aunque en esta ocasión se decanta por la historia verídica de la carrera política de Harvey Milk, un hombre que defendió abiertamente los derechos de los homosexuales en la Norteamérica de los años setenta, librando una batalla desigual contra la derecha religiosa del momento.

El filme no profundiza demasiado en la temática y opta por ofrecer un sólido fresco social sobre la evolución de un personaje, su entorno y su época. Apoyándose en un verdadero tour de force interpretativo de Sean Penn, la película brindainteligentes pinceladas sobre la creación de un mito y sobre los prejuicios de la sociedad estadounidense frente a los derechos civiles de las minorías, pero fracasa en uno de sus puntos más importantes: el retrato del lado humano del político y sus relaciones amorosas y sentimentales, quedando así los secundarios algo desdibujados en  favor de una hagiografía al uso, construida con agilidad expositiva pero sin grandes sorpresas.


El verdadero Harvey Milk

Van Sant mezcla imágenes documentales con secuencias en formato convencional; algunos recursos narrativos atrevidos con momentos que se apoyan casi exclusivamente en los actores y en su evolución dentro de los espacios privados y públicos.

Estamos ante una película honesta y valiente pero más brillante que profunda, más ilustrativa que sensual, más fría que cálida.

Construida como un largo flash-back, Mi nombre es Harvey Milk es un retrato apreciable y visualmente conseguido de un momento en la lucha del movimiento gay estadounidense y un retrato fragmentario de un personaje que combatió con valentía por la libertad en un país lleno y hecho de contradicciones.

Hoy por hoy, Mi nombre es Harvey Milk (and I'm here to recruit you: era su frase de presentación) sigue siendo un filme necesario, pero ni su lujoso reparto ni su efectiva —y a ratos efectista— puesta en escena nos convencen de que estamos ante la gran película que pretende ser.




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