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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Basada en un hecho real


La ola es el último trabajo del realizador alemán Denis Gansel. El director de Napola vuelve a mostrar que es un solvente narrador y un buen director de actores y actrices, aunque  fracasa allí donde triunfaba en sus anteriores trabajos: la contención dramática.

La ola nos acerca, de forma enfática y narrativamente acelerada, a la historia de Rainer Wenger (Jürgen Vogel), un profesor de secundaria que trata de demostrar a los alumnos cómo se conforma un espíritu totalitario. Para ello, implanta una suerte de movimiento juvenil uniformador  en el seno de una clase sobre «la autocracia».

Es una película sólida, pero no logra conjugar del todo el «filme de tesis» con el drama intimista, porque las historias de los personajes secundarios se desdibujan en una puesta en escena efectista. Estamos ante una historia coral en la que Gansel, nieto de un miembro de las SS, vuelve a proyectar su pánico y el de la sociedad occidental en su conjunto ante el fantasma del nazismo, pero aquí la historia se sitúa en un presente incierto y con unos personajes que no acaban de convencernos.


Basada en un hecho real, La ola se aproxima en algunos momentos al filme de teenagers, en otros al drama psicológico, al thriller y a la comedia negra. El último trabajo de Gansel fracasa en su conjunto ya que su afán provocador y su intención reflexiva quedan algo forzados y caducos. Triunfa, en cambio, en momentos aislados, cuando nos muestra la soledad de algunos de esos personajes a la vez fascinados y aterrorizados con esa experiencia/piloto que acaba convirtiéndose en una suerte de «locura colectiva» y que afecta dramáticamente a sus vidas privadas.

La ola no profundiza en las formas de totalitarismo instaladas bajo formas más refinadas en la sociedad contemporánea y sus rituales de educación y socialización porque busca ganarse a pulso la atención del espectador a través de un montaje agresivo y un transcurso del relato que resulta bastante previsible. Lo mejor del filme es que no da conclusiones tranquilizadoras y lo peor, que no llegamos a conocer del todo los verdaderos motivos de Rainer ni de sus vástagos para llegar a una situación límite conducida, no obstante, con bastante habilidad.




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