Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Los viajes

de Sara Gutiérrez

Arte y naturaleza en El Paular (Rascafría)

 

OTROS DESTINOS

 

Atraída por las Jornadas gastronómicas de las setas y la caza de Rascafría (cuya X edición termina el próximo 30 de noviembre) encaminé mis pasos hacia el Valle de Lozoya. Y, efectivamente, disfruté con la degustación de setas de cardo, níscalos, boletus y senderuelas, además de un excelente lomo de jabalí, y perdices estofadas.

Con todo, lo mejor de la zona (el Monasterio de Santa María de El Paular y el Parque Natural de Peñalara) no tiene fecha de caducidad.


Monasterio de Santa María de El Paular, visto desde el Puente del Perdón

Monasterio de Santa María de El Paular

Este Monasterio, que hoy lo es benedictino, nació Cartuja a finales del siglo XIV por iniciativa del rey de Castilla Juan I, y rápido alcanzó un gran esplendor económico. Entre otras propiedades, contaban con tierras que se extendían hasta Getafe, un molino de papel (de él salió el utilizado en la primera edición de El Quijote) y un par de magníficos edificios en la capital (uno para contratación, en la calle Mayor; y otro para hospedería propia, en la de Alcalá). Con la Desamortización de Mendizábal, en 1835, todo pasó a manos privadas. En 1952, el Estado ofreció a los cartujos la posibilidad de volver al Monasterio, pero estos, al ver el estado en el que se encontraban las edificaciones, renunciaron. En cualquier caso, como lo que unos no quieren otros lo están deseando, en 1954, los benedictinos aceptaron hacerse cargo de lo que quedaba del convento cartujo en calidad de usufructuarios. En principio, hasta 2014.  

Hoy, son ocho los monjes benedictinos que habitan Santa María de El Paular (uno aún no ha hecho los votos perpetuos). Sus edades oscilan entre los 30 años del más joven y los 83 del más veterano. Juntos oran y laboran, para cumplir la regla y para mantenerse económicamente autónomos. ¿Sus fuentes de ingresos? La tienda de productos monacales y religiosos situada en el pórtico de la Iglesia (me vine con mermelada de ciruela y queso de oveja); las visitas guiadas a cambio de la voluntad (de varias decenas de personas diarias); la hospedería, reservada a varones (por 35 euros al día, pueden alojarse en una celda bien acomodada y alimentarse en el refectorio monacal; la estancia mínima es de 3 días y la máxima de 10); los donativos de las misas; y últimamente, según el prior, «contratan bodas», porque, al parecer, el lugar está de moda por resultar muy apropiado para el lucimiento de la novia (sic).


Visita guiada al Monasterio


Transparente

La visita al Monasterio merece, y mucho, la pena. Además de proporcionar una completísima información sobre la historia y recovecos del lugar, permite admirar el retablo policromado de estilo gótico tallado en alabastro (siglo XV), recientemente restaurado, y el Transparente, la impresionante custodia de mármol rosa oculta tras el altar, así como el claustro cerrado con ventanas de hojas de madera al patio —cementerio de los monjes—.

Precisamente ahí, en el claustro, se están llevando a cabo importantes obras de acondicionamiento que tienen por objeto convertir este espacio en una sala de exposiciones, dependiente del Museo Nacional del Prado, a la que volverán 52 de los 54 cuadros de Vicente Carducho  que en su día colgaron de estas mismas paredes. La inauguración será, con toda probabilidad, en 2011.


Jardín del claustro


Retablo de alabastro

Aunando la pasión oratoria de unos y la curiosidad turística de otros, la Misa cantada —gregoriana, se atreven a anunciar algunos—, llena la Iglesia cada mediodía de domingo. En verdad, tiene el interés de lo raro por poco habitual, pero resultará decepcionante para quienes esperen la espectacularidad de los grandes coros gregorianos, tipo Santo Domingo de Silos.

Trabajadores y modernos, así son, o así se me mostraron, los monjes benedictinos de El Paular. Para muestra tres botones: en estos tiempos de crisis económica, real o mediática, todas las lecturas versaron sobre ganancias y relaciones laborales. En estos tiempos en los que el móvil está a punto de convertirse en una extensión anatómica del cuerpo humano, uno de los oficiantes no dudó en ausentarse del altar para responder a una indiscreta llamada que atronaba desde los bajos de su hábito. En estos tiempos de descreimiento y abuso de ciertas parafernalias, reconvierten la administración del sacramento del matrimonio en una lucrativa línea de negocio. Al cabo, dignos representantes del clero.

Hotel Santa María de El Paular


Entrada al Hotel

Compartiendo muros, patios y jardines con el Monasterio que patrocinaban, los Trastamara se construyeron un amplio palacio de caza. Esas dependencias son hoy el Hotel Santa María de El Paular, gestionado por la cadena Sheraton.

Aviso para navegantes: el hotel tiene mucho de Parador Nacional, tal vez porque en cierto modo lo fue, tal vez porque los inquilinos no pueden obrar a su gusto, cualquier modificación del inmueble debe ser aprobada y supervisada por Patrimonio Nacional. Lo comento porque es cierto que la marca Sheraton implica una serie de estándares que el Hotel Santa María de El Paular nunca podrá dar (especialmente en lo que se refiere al tamaño de las habitaciones, verdaderas celdas ricas del medievo) y ciertos clientes pueden sentirse decepcionados. A cambio, compensando con creces, el enclave excepcional; la amabilidad y cercanía del personal; los muebles de época y las obras de arte que decoran espacios comunes y habitaciones; y un precio ajustado.


Patio del Ave María

La portada principal, la capilla de Nuestra Señora de Montserrat y el Patio del Ave María son algunas de las joyas del conjunto monasterial que han quedado integradas en un Hotel que cuenta además con amplios espacios verdes. Ideal para el descanso familiar o las reuniones de trabajo, lo apunto en mi lista de inmejorables para un fin de semana cerca de Madrid (una de mis obsesiones, ya lo sabéis).

Llegas, aparcas el coche sin problemas, visitas el Monasterio, tomas un vermutillo al sol (en invierno) o a la sombra (en verano) en el patio empedrado, comes un cordero lechal asado como habrás comido pocos, lees tranquilamente en cualquier rincón, cenas ligero, te acuestas y duermes como un rey (las habitaciones no serán Sheraton, pero las camas... ¡sin duda!), te levantas, desayunas tranquilamente (los churros son divinos), cruzas la carretera y te echas al monte... Es buen plan para un fin de semana ¿o no? Pues anda que para el que pueda pillar días entre semana...   

Parque Natural de Peñalara


Senda hacia las Cascadas

Caminar, pedalear, escalar, esquiar... de todo, o casi, puede hacerse en el Parque Natural de Peñalara. Yo, asesorada por la guía de El País Aguilar Excursiones con niños desde Madrid, me conformé con acercarme a las Cascadas del Purgatorio: ruta de 10,5 kilómetros recomendada para hacer con niños mayores de cuatro años. Si ellos pueden, malo será que no pueda yo, pensé. Y me calcé las botas de monte.


Cascadas del Purgatorio

La senda comienza justo enfrente de la entrada del Hotel, en el Puente del Perdón, ese del siglo XVIII, abalconado, al que dicen que llevaban a los reos para un segundo juicio antes de soltarlos o ahorcarlos definitivamente (y nunca mejor dicho, el definitivamente, digo). Al poco, en el lugar donde otrora se levantara en Molino de papel, abre sus puertas un albergue juvenil, el de Los Batanes. Después, los pastos y un área de descanso, Las Presillas, se repartirán los claros; el resto está ocupado por abedules, robles y pinos agrupados en pequeños bosques.

La senda, que al principio era asfaltada, transcurre la mayor parte del tiempo por una pista forestal de tierra, para convertirse al final en un hilillo trazado por viejas pisadas que escogieron el paso más cómodo, sobre piedras y raíces, para avanzar río arriba hasta el mirador de madera que ofrece descanso y una vista más de las cercanas cascadas.  

Perfectamente señalizada, ésta, que no es una senda de cobardes, se cruza constantemente con otras que deberé explorar en el futuro y que están esperando vuestros pasos.


Casi todas las fotos las hizo Eva Orúe; yo hice un par.

OTROS DESTINOS




Archivo histórico