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Errata

Evaristo Aguirre

De vuelta al cole


“Mecagüen… Cómo no se me habrá ocurrido a mí antes…”, o algo parecido pensé cuando supe de la aparición de un libro del escritor francés Daniel Pennac (Casablanca, 1944) que trataba, en principio, de su vida cuando era un mal estudiante en el colegio, uno de esos niños que no se enteran de nada, que sacan malas notas –bueno, malas no, las peores– constantemente, que desesperan a sus padres y a sus profesores. Mal de escuela, se titula (Mondadori, con traducción de Manuel Serrat).

Sí, yo fui uno de esos zoquetes, como han traducido la palabra francesa cancre, que es un poco más amplia en su significado. Durante una buena parte de mi vida escolar, tuve unas notas nefastas y no me enteraba de nada. Me acuerdo, es solo una de muchas situaciones incómodas, de cuando nos explicaron los números pares. Debí de desconectar en algún momento, y me quedé con la copla a medias; al día siguiente o al cabo de un par de días, la profesora nos hizo y mini examen para repasar aquello: se trataba de una cuadrícula con un número en cada casilla; había que colorear las casillas en las que hubiera un número par. Me puse a ello. Al terminar, la profesora pidió que levantáramos las hojas. Aterrado, vi a mi alrededor que el resultado del mini examen era la silueta de un dromedario, mientras que mi papel era un auténtico churro abstracto. Había entendido lo de los números pares a mi manera: para mí, 22 era par, pero no 14, di hecho que para ser par, las dos cifras tenían que serlo, así que mi dromedario…


Pasados los cursos, me empezó a ir mejor, y hasta pasé por la Universidad con cierta tranquilidad y buenos resultados. Pero tenía el material y la experiencia para escribir ese libro, aunque quien lo ha hecho ha sido Pennac. Y bien.

Él también dejó de ser un zoquete en un momento de su vida e hizo el más difícil todavía, se convirtió en profesor. Y de eso va el libro, por encima de todo, de cómo quien tuvo una difícil vida escolar tiene otra mirada al enfrentarse al trabajo de docente. Daniel Pennac está marcado por su pasado y se pregunta, por ejemplo, qué hubiera sido de su vida de haber sido niño zoquete en la actualidad; asegura que tienen más valor los malos alumnos que los buenos, sin despreciar a estos, claro, pues su esfuerzo, cuando logran cosas, tiene más mérito.

Mal de escuela es, también, un ensayo sobre la enseñanza, una defensa de la figura del maestro implicado y una llamada de alerta sobre los jóvenes, los que el autor llama “niños clientes”, pues su educación está siendo orientada hacia el consumo. Es un libro crítico pero en el que no falta el toque tierno del sesentón que tira de memoria para hablar del niño que fue.

eaguirre@divertinajes.com




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