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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

En la habitación

Parte del jurado escribió «trascendente», y otra parte escribió «intrascendente». Alicia pudo verlo, pues estaba lo suficiente cerca de los miembros del jurado para leer sus pizarras. «Pero esto no tiene la menor importancia», se dijo para sí.

 Lewis Carroll


Adriana: Alicia… ¿has pensado alguna vez que la distancia física es algo ficticio, algo que no existe realmente?

Como si las palabras cerca y lejos perdieran su significado literal y cobrasen un significado totalmente nuevo, subjetivo… ¡Secreto! Diría yo…

Alicia: Sí, un significado secreto.

Adriana: ¿Como el de esta carta?

Alicia: Déjame leerla…

Adriana: Aquí la tienes.

 

 

                                                                                           Noviembre del 2008

 

Adriana…

Estoy aquí, encerrado entre estas paredes blancas y lisas. Pido disculpas por los errores que pueda tener escribiendo, pero quizás no sea lo mío. Quizás con el tiempo podría llegar a ser lo mío, pero no tengo tiempo. No dispongo de tiempo. De ese tiempo.

Llevo leyéndote bastantes semanas gracias a un amigo que me mandó el enlace. Tal vez al final va a resultar verdad eso que dicen de que hay amigos que realmente nos conocen y saben de las cosas que nos importan o emocionan más de lo que nosotros mismos sabemos.

Se lo agradezco. Se lo agradezco, porque ese tiempo mínimo que me queda se ha teñido de matices, de esperanzas, de imágenes. Incluso fantaseo, aunque repito, sé que no es posible, con ser escritor, con escribir así de repente, una historia alucinante, mandártela e invitarte a cenar y que todo sea como cuando está Alicia de por medio…

No sé si me entiendes o piensas que soy un loco de esos que pueden aparecer en la vida de uno, sobre todo cuando uno deja una dirección de correo electrónico para que le escriban.

No estoy loco. Ni tengo tendencias psicóticas. Simplemente estoy asustado. Asustado y solo.Un hombre solo ante… Prefiero no escribir esa palabra que tanto me atemoriza pero que tú ya te puedes imaginar de sobra.

Con tus pequeñas historias acompañadas por las imágenes, mis paredes blancas misteriosamente se han hecho menos amenazantes y me he puesto a escribir sin parar, por si tengo la suerte de que alguien lea algo escrito por mí y de conseguir escapar de esta habitación, aunque sea desdoblándome y entonces sentirme a salvo como Alicia, e irme a cenar contigo a algún lugar secreto de alguna ciudad aun sin descubrir.

Mi cuerpo ha dejado de pesar. Mi alma sin embargo se agita todavía. Clama por un poco más de tiempo, de días, de atardeceres aunque sea aquí encerrado. Quisiera poder levantarme, sacudir los brazos y desprenderme de todo lo malo, dejarlo atrás, mutar de piel y dedicarme a decir todo aquello que no dije, sentir todo aquello que no me permití, ofrecerme, ser capaz de hacer lo que me dio miedo en su momento, hacer aquello que ahora imagino, atreverme a recibir. Lo que sea. Recibirlo con los brazos abiertos y sonreír un poco cuando me sorprende lo que llega. Dejar algún rastro, alguna señal de que he existido. Aunque sea leve, esa señal, aunque tan sólo unos pocos la perciban. Cortar una flor con suavidad y poder dártela en la mano. Bailar… ¿Te gusta bailar? Te imagino bailando aunque yo no he bailado nunca. Aquí, en las paredes blancas de la habitación veo sombras, nuestras sombras que bailan mientras alguien canta una canción prohibida y lejana.

Es extraño, que el mundo se abra ante mí justo ahora, justo cuando ya me queda tan poco. Hasta para eso parece que soy del montón. Aprendo a apreciar la vida justo cuando… etc, etc, etc…

Dices que todos somos particulares, que todos somos alguien único… y eso hace que me sienta así, aunque no sea verdad… Me imagino que así es y de repente hasta la voz me sale distinta, nueva, como si saliera desde el pecho y ocupara todo el espacio de la habitación y aunque yo me hago cada vez más insignificante, el sonido de mi voz se ahonda, se agrava, se serena y me pongo a hablar, a contarle la historia de mi vida a todos los que veo, que son unos pocos, entre ellos el amigo del que te hablé… y también, aunque menos él, los demás se quedan incómodos, les hablo de la vida que planeo y del escritor que seré e incluso les hablo de la cita que me imagino que tú y yo tendremos para regalarte el primer ejemplar de mi libro.

Hablo de ello y el tiempo de golpe se alarga, parece que gano segundos de posibilidades… Ellos se piensan que simplemente ya estoy desvariando, menos mi amigo, y me miran silenciosos y me aprietan la mano… pero yo me siento más libre, con más y más ideas para escribir en la libreta hasta que el pulso me aguante, y las paredes blancas de la habitación se ensanchan hasta tal punto, que ahora mismo veo una puerta con una cortina de terciopelo rojo que se entreabre para nosotros y me acerco, tú me sonríes… levemente…eso sí, y me miras a los ojos.

Yo te ofrezco mi mano abierta para que seas tú la que se sujete a mí y también te miro.

-¿Bailas?

 

 

No hace falta que salgas de tu habitación. Quédate sentado ante tu mesa y escucha. Ni siquiera hace falta que escuches: simplemente, espera. Ni siquiera hace falta que esperes: simplemente, aprende a quedarte callado, quieto y a solas. El mundo se te ofrecerá libremente para que le quites la máscara. No tiene otra opción; caerá a tus pies en éxtasis"

 

                                                                                                                            Franz Kafka

 

- Publico esta carta, porque me lo has pedido… y para que tus palabras sean leídas, tal y como parece ser uno de tus deseos.

 

Lo secreto habita junto a nosotros los espacios que ocupamos. Pero a veces, hay secretos que habitan dentro de nosotros, edificando a su paso lugares vacíos, listos para extraer todo nuestro anhelo y llenarse de su sustancia.

 

 

Pequeños deberes: Piensa en la cantidad de veces que simplemente te has marchado de algún lugar, has hecho las maletas y te has ido… para escapar… ¿De quién?

 

Fotos: Fotos de Las Noches Vacías

L. R.

 

A.AliciaNlarealidad@gmail.com 




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