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Los viajes

de Sara Gutiérrez

La Rioja Alavesa, un museo

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Bodega de culto en la Rioja Alavesa

Suavidad a raudales en la Rioja Alavesa


Briones

Relajaditas y con ganas de seguir descubriendo nuevos mundos, nos acercamos a Briones. No creo que sea lo habitual, pero la ventosa tarde que nosotras subimos hasta la mismísima puerta de la Ermita del Santo Cristo, el pueblo parecía un escenario fantasmal del medievo. Aún así cruzamos la plaza y entramos en la interesante Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XVI. Por las calles, entre casonas de piedra, apenas nos cruzamos con media docena de almas.


Museo

Desde el mirador que es Briones, entre viñas y viñedos destaca, por su aparcamiento, la posesión de Dinastía Vivanco. Nadie diría que en semejante artificialidad habita semejante Museo de la Cultura del vino. Es realmente espectacular. Tanto que al salir, hasta la tienda, el restaurante y su pequeño parque infantil me parecieron reseñables. En serio, no os dejéis desanimar por la banda sonora que aturde en el vestíbulo (los latidos del último Vivanco recién nacido, representante ya de la quinta generación de esta cultivada dinastía). El museo merece, y mucho, la pena. Destila esencias de vino y bodega, sabiduría histórica y pasión por el arte cualquiera que sea su forma de manifestarse, siempre, claro está, que la uva y el vino lo hayan inspirado. Y para los coleccionistas compulsivos: hay expuestos más de 3.000 modelos de sacacorchos…


La frasca de Zaha Hadid

Nos desviamos a Haro, en busca de Viña Tondonia, la Bodega de López Heredia que ha tenido la graciosa idea de encargar un anexo arquitectónico a la iraní Zaha Hadid. La frasca, que así se llama la estructura construida por Hadid, es exactamente eso: un enorme frasco de vidrio transparente, con base cuadrangular y cuello bajo destinado a contener vino, aunque el vino no circule libre por su interior. El vino en esta frasca descansa embotellado. La frasca es la pequeña y moderna tienda de colores claros y líneas modernas cuya misión primera fue, y sigue siendo, contener, y así proteger, el elegante estand de madera que la bodega llevó a la Feria de Bruselas de 1910. El original encargo tuvo lugar a comienzos de siglo, de este siglo, cuando se decidió desempolvar el modernista estand de principios del siglo pasado, pasado sí, aunque siga siendo el nuestro, para llevarlo a la Feria de la alimentación de Barcelona de 2004. Parece que a sus dueños les dio pena exponerlo a la intemperie (no me extraña) y encargaron la cubierta que terminó (bien pensado, no podía ser de otro modo) en Frasca.


Bodegas Viña Tondonia - La frasca

La Frasca nos entretuvo de tal forma que no nos importó perdernos la visita guiada al interior de las bodegas. Craso error, todos nos dicen que es la más espectacular y entrañable de la zona.


Bodegas Baigorri

En carretera otra vez, camino de Laguardia, para cerrar el círculo que en su inicio mañanero nos había llevado a El Ciego, descubrimos el cubo de cristal que corona las Bodegas Baigorri, en Samaniego. Desértico y cerrado como estaba, nos ofreció un entretenido juego visual (conjunción de reflejos en función de la perspectiva) de nula impronta vitivinícola. Tal vez cuando crezcan las vides que cubren la ladera en la que se esconden los sótanos de la obra, la imagen sea otra. Ya en Madrid, acudimos a la primera cena a la que fuimos invitadas con un par de botellas de Baigorri Crianza, era el Rioja que tenía la vinoteca de al lado de casa. Quedamos estupendamente, con los anfitriones y con nuestro paladar.


Casi todas las fotos las hizo Eva Orúe; yo habré hecho una, o ninguna.

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