Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Errata

Evaristo Aguirre

Mirando los santos


Buena muestra de cuánto puede inspirar una gran historia o un bello poema es que un dibujante agarre sus pinceles, o sus lápices, y un papel e ilustre esa escena o esos versos que acaba de leer. Y sería estupendo que pudiésemos ver el resultado, ¿no? Pues a veces ocurre que un editor decide publicar juntos esos textos y esos dibujos –antes se decía santos a estas ilustraciones–. Y he aquí dos casos recientes.

Pues te enteras por la contraportada que Charles Bukowski (1920-1994) publicó su primer relato en 1944, en una revista, Story Magazine –qué buena ha sido para la literatura estadounidense la existencia de las revistas que incluían cuentos en sus páginas–, pero que le dio una pájara después, al parecer desilusionado, y que se tiró sus buenos diez años sin escribir; pero volvió, y lo que siguió ya forma parte de la historia de la literatura contemporánea.

Aquel primer relato se titulaba, y se titula, Secuela de una larguísima nota de rechazo, y lo ha publicado Nórdica Libros, con la traducción de María José Chuliá García, con ilustraciones del alemán Thomas M. Müller (Gera, 1966). Es la historia, un tanto alucinada, de un tipo que recibe una clásica nota de rechazo de una editorial un poco más larga de lo habitual, y llega a su casa y… tampoco vamos a contar más. Tiene un aire muy bukowskiniano, se lee con deleite y, a eso vamos, tiene unos santos muy buenos. Once escenas ha dibujado Müller para un texto de quince páginas, once momentos de esta historia: una máquina de escribir humeante por la actividad; una visión sobre la nota de rechazo; una partida de cartas en el cuarto de una pensión; un hombre que juega con un gato… Los dibujos apoyan la lectura y hacen que este pequeño volumen sea un libro bello, que no es poca cosa.


Mientras, al lado tengo otro libro de pequeñas proporciones, también ilustrado, pero este de poesía. Hola mi amor, yo soy el Lobo… y otros poemas de romanticismo feroz (Rey Lear) es una antología de versos de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950). El criterio de la selección es el que aparece en el subtítulo, el “romanticismo feroz”, explican en el prólogo los responsables de la edición que son el propio editor y el autor de cómics, y por ello dibujante, Miguel Ángel Martín, quien también ha iluminado cada uno de estos poemas con sutiles y atinados dibujos.

Y esto del “romanticismo feroz” es la manera de escribir de amor que tiene, a veces, De Cuenca, más desgarrada, más cercana a la cultura popular; de hecho, dos de los poemas no son sino las letras de sendas canciones que en su día el poeta escribió –junto a otras cuantas más– para aquel grupo de rock llamado la Orquesta Mondragón: son Caperucita feroz y Garras humanas. Esta poesía de Luis Alberto de Cuenca –como su obra en general– es directa y culta; tiene humor y tiene grandeza literaria; bebe de lo más clásico y se emborracha de lo más contemporáneo.


Permítanme que, a modo de disc jockey, mezcle unos cuantos versos:

“¡Qué mal mientes, amor! Si no te gusto, dímelo. Pensaré en un buen suicidio”.

“¡Qué desespero! Tan guapa tú, Cristina; yo, de chapero”.

“DNA o ADN, poco importa si en castellano o en inglés: el caso es que me muero por tus proteínas, por tus aminoácidos […] Dame una foto de tu DNA tamaño DNI, que me retuerzo de ganas de mirarla a todas horas”.

“Hola mi amor, soy yo, tu Lobo, quiero tenerte cerca para olerte mejor”.

“Te quise como un loco. No lo niego. Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo era una reluciente madrugada que no quisiste compartir conmigo”.

“Mira que las deseo. Y que poco me gustan”.
[Este está entero, se titula Mujeres, y es de 1996]

eaguirre@divertinajes.com




Archivo histórico