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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Viajes y otros desplazamientos


Aquí, Avellaneda; allá, Falcones.

Vengo de Copenhague, ciudad a la que fui para saludar a Andersen y presentar mis respetos a la señora doña Sirenita (tantas veces descabezada, la pobre; tan acosada por los paparazzo de ocasión... ¡alguien podría escribir una continuación a su historia denunciando ese asedio!) y volví con una extraña sensación, digamos, literaria.

El último día, paseando por las librerías del centro de la ciudad, me dediqué a buscar libros de autores españoles con el mismo entusiasmo que algún amigo mío pone en la búsqueda de Wally. Diré, para no crear una innecesaria atmósfera de suspense, que haberlos, haylos: Emilio Calderón (en inglés y en danés: las obras en ambos idiomas conviven en las estanterías de este país bilingüe), Ildefonso Falcones, Martín y Carranza (La clave Gaudí), incluso algún Vázquez Montalbán (Sabotaje olímpico, en inglés). Pero la sorpresa fue el hallazgo, en la mesa de destacados del Magasin du Nord (suerte de Corte inglés) de una edición de El Quijote de Avellaneda, obra que no encontramos fácilmente ni siquiera aquí.

No pienso sacar conclusiones.


Entero y verdadero


Alamut acaba de publicar los Diarios de Byron, unos textos que —nos cuentan— escribió para evitar que los más escabrosos detalles de su vida amorosa se filtraran a su obra poética. Fue fiel a su cita con esas paginas guarda secretos durante más de una década, desde su ascenso al olimpo inglés en el Londres de la Regencia, pasando por su etapa de exiliado (tras las sospechas de incesto y un turbulento proceso de divorcio) en Suiza e Italia, hasta su muerte en Missolonghi, reconvertido en líder del movimiento independentista griego.

La nota de la editorial asegura que ésta es la primera traducción íntegra al español de la obra… y aunque ni por asomo dudo de la palabra de quien eso afirma, me voy al ISBN para confirmarlo. Hay, sí, algunos libros que podrían ser, pero… En fin, que me pongo en contacto con el traductor y autor de la edición, Lorenzo Luengo. «Sí, hay dos traducciones parciales, las dos pésimas y pésimamente anotadas: Diario de Cefalonia (Júcar), que además contiene algunas traducciones de cartas de Byron, y Morir de pie, con prólogo de Luis Antonio de Villena, que es incluso peor que la edición de Júcar, porque no sólo se trata de malas traducciones, sino también de malas selecciones de texto, entre diarios y cartas. La edición de Morir de pie contiene algún pasaje de los Diarios de Londres, algún pasaje del Diario de Rávena, y una escueta y mal escogida antología de Pensamientos Aislados. Esto es todo lo que hay. Ambos libros se publicaron entre 1974 y 1975, lo que me induce a pensar que fueron editados con vistas a una posible conmemoración del 150 aniversario de la muerte de Byron. Mal conmemorado, por lo menos en España, a juzgar por la mala calidad de las traducciones y selecciones de textos.»

Más que aclarado: meridiano.

Literatos, caníbales y homófagos


1.- Recibo información sobre la reedición, en Tropo editores, de La cocina caníbal, de Roland Topor, un libro que en 1972 sacara AHR y que recuperara, en el 88, Mondadori. Algunas recetas: Miope al gratin, Niña en servilleta (lave y perfume las niñitas, que deben ser más bien finas. Cocínelas como brochette a fuego vivo…), Hombre a la sal gruesa,  Mamá a las rosas blancas (Bese a mamá en las dos mejillas y luego córtela en dos…), Bobo Adornado (Tome un bobo, desnúdelo, búrlese de él…), etc.

2.- El título de Topor me trae a la memoria Una modesta proposición, de Jonathan Swift (propone, por ejemplo, para que los hijos de los mendigos dejen de ser una carga que al año de su nacimiento sean convertidos en alimento «ya sea estofado, asado, al horno o hervido» para los terratenientes).


3.- Ya que estoy, recupero del estante una novela de Carlos Balmaceda, Manual de literatura para caníbales, que en su día publicara Roca Editorial en la desaparecida colección Lettera. La historia que el escritor argentino relata es la de César Lombroso, huérfano heredero de un restaurante, el Almacén Buenos Aires, donde descubre un Manual de cocina de los mares del sur en el que se salvaguardan recetas refinadas para alcanzar el placer y la felicidad, y también fórmulas exquisitas que preparadas sin escrúpulos perturban los sentidos hasta el límite de lo tolerable. «Su vida —leo en la página web de la editorial—, hechizada por el Manual, se vuelve dramática. Conoce la fama, la riqueza, la pasión del amor, incluso siente que alcanza la felicidad, hasta que una fuerza pavorosa que late en su sangre lo empuja al abismo de lo prohibido.»

4.- La noticia, la remembranza 2 y la relectura 3 me recordaron una anécdota protagonizada por el ínclito Ramón María del Valle-Inclán. Se dice que peroraba el maestro en una tertulia, y que utilizó la palabra «homofagia». El término, raro, despertó la curiosidad de un asistente: ¿Qué es la homofagia?, quiso saber. «Comer animales de la misma especie», respondió el interpelado. Imagino al curioso pensando: «Eso es canibalismo». Pero Valle-Inclán no era de los que dejan las cosas al azar: «Usted, por ejemplo, comete homofagia cuando come besugo.»

Misterio resuelto

Parecía evidente, pero una nunca sabe, evidente digo que Valerie Miles, que ya se había llevado la revista Granta de Planeta a Santillana, iba a conservarla en su nueva andadura.

Así será, tal y como se anunció en la Feria de Frankfurt, donde la publicación dio a conocer a sus dos nuevos socios editoriales en el área  europea: Rizzoli (editorial de RCS Libri SpA) en Italia y la recientemente creada en Barcelona Duomo Ediciones (Grupo Editorial Mauri Spagnol). A partir de 2009, ambos publicarán sus propias ediciones de Granta en la lengua local, bajo licencia de la oficina central de la publicación en Londres. Además, la publicación ha alcanzado un acuerdo con Roberto Feith de Editora Objetiva, responsables ahora de la edición brasileña de Granta.

Amistad


Desde que supe de nuevo de ella, no se me va de la cabeza una cancioncilla tonta, «tengo un amigo peculiar y diferente, no se parece nada al resto de la gente», que en algún momento hizo furor. El paisaje de mis dos estancias en París como corresponsal está habitado por muchas figuras de paso, como yo, y dos fijas: Fernando Iturribarría, compañero de El Correo, y Evelyn Mesquida, corresponsal del Grupo Zeta.

Trabajaba desde hacía tiempo (ver El MundoEvelyn en un proyecto que, lo supe leyendo la prensa, había llegado a buen puerto, un libro sobre los hombres de La Nueve, chavales que apenas tenían 20 años cuando en 1936 cogieron las armas por primera vez para defender la Republica española. Me alegré, claro, era el empeño de una vida… 

… y hace nada, sonó el teléfono. Y allí estaba Evelyn, promocionando su obra, luchando por ella antes de que la ley de la mesa de novedades (norma no escrita que dicta que las obras no duren más de un mes —hoy estoy generosa— en esos lugares privilegiados de las librerías) la condene a la invisibilidad. 

«Aquellos soldados —nos cuenta—, internados en campos de concentración  franceses al final de la guerra de España, continuaron la lucha contra el fascismo italiano y el nazismo alemán, integrados en las tropas francesas. Junto a ellos, lucharon y vencieron en numerosas batallas, incluida la derrota de los invencibles del Afrika Korps del mariscal Rommel.

»Cuando en 1943, el general Leclerc formó la famosa 2ª División Acorazada, los españoles componían ya una fuerza importante en su ejercito. Casi todos fueron reagrupados en un batallón compuesto por cuatro compañías, cada una con más de un tercio de españoles, salvo la Nueve, española por excelencia y en la que incluso la lengua oficial y el mando era español.

»En este batallón de infantería temido y respetado, La Nueve tenia como misión la avanzadilla de tropas y el afrontar en primera línea al enemigo, Reconocidos como soldados individualistas, idealistas y algo insensatos, sus superiores les reconocían igualmente una extraordinaria valentía y el coraje de no retroceder nunca ni ceder un palmo del terreno conquistado,

»Según Raymond Dronne, capitán de la Nueve, aquellos hombres, que muchos consideraban rebeldes, "No tenían el espíritu militar, eran incluso antimilitaristas pero todos eran magníficos soldados, guerreros valientes y experimentados". Dronne añadía: "Si abrazaron nuestra causa fue porque era la causa de la libertad. Realmente eran unos combatientes de la libertad".

»Con las tropas del general Leclerc, La Nueve se preparó en África e Inglaterra, desembarcó en Normandía, liberó Paris, sufrió los más duros combates para liberar Alsacia y su capital, Estrasburgo y consiguió llegar hasta el mismo bunker de Hitler, en Berchtesgaden.»

Me alegro por Evelyn, y por nosotros: en estos tiempos en los que tanto se habla de historia y de memoria, bueno es disponer de un libro que nos permite cuidarlas ambas.

Acuse de recibo


La voluntad y la fortuna
Carlos Fuentes
Alfaguara

«Vi lo que es el poder: una mirada de tigre que te hace bajar los ojos y sentir miedo y vergüenza.»

Lamida por mansas olas nocturnas en una playa del Pacífico, la cabeza cortada de Josué Nadal cuenta, recuerda, divaga. Sabe que es la número mil en lo que va de año y que gobierna la delincuencia (traficante o corporativa) con tal cinismo que incluso se celebra el mal como si fuera el bien de la voluntad y la fortuna. En México no hay tragedia: todo se vuelve telenovela.

Josué aspiró a entender el mundo en tanto Jericó, su amigo entrañable, llegó a admirar a Caín. Ambas voluntades chocan tras recabar agravantes en la premeditación y alevosía de Asunta Jordán, mujer indómita. En cambio, Lucha Zapata representa el peligro de la generosidad y el amor. El vasto reparto de esta obra incluye Filopáter, el cura rebelde; el magnate Max Monroy; el abogado Antonio Sanginés, intermediario entre estado y empresa; Miguel Aparecido, encarcelado por propia voluntad, y por encima (o por debajo) la matriarca, la Antigua Concepción.

¿Por qué si hay cinco tigres en una jaula cuatro se alían para matar a uno? Esta novela iniciática, espesa como el corazón de las tinieblas, propone algunas respuestas.


El mundo de Harriet
Diana Janney
Maeva

Harriet Rose, como cualquier adolescente, es ingenua, cree saber mucho y vive con la sensación de tener algo importante que decir. Sin embargo, a diferencia de los jóvenes de su edad, tiene por héroe al filósofo Marco Aurelio, cuyo ejemplo le inspira a escribir sus propias reflexiones acerca de la vida. Con ocasión de su decimocuarto cumpleaños, Harriet recibe un insólito regalo: su madre y su abuela han conseguido publicar una recopilación de sus meditaciones, que para ese momento ya suman un número considerable. La sorpresa llega cuando los medios de comunicación y el público empiezan a interesarse por esta joven y, muy pronto, Harriet se convierte en toda una celebridad. Los pedidos de las librerías se amontonan, mientras la joven es arrastrada por un torbellino de presentaciones, fiestas, ruedas de prensa y apariciones televisivas. Pero ¿era esto lo que en verdad esperaba? Y, aún más importante, ¿podrá preservar su inocencia?


Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes
Christian Salmon
Península 
 

Christian Salmon desvela cómo una buena historia es la nueva arma de distracción masiva que los políticos utilizan para vender sus mensajes al público. Un libro de cabecera para entender cómo se construye la imagen de la actualidad: la narración como una manera de simular, convencer y movilizar a la opinión pública.

El arte de contar historias se ha convertido —desde hace unos años— en el arte de la manipulación. Comunicación política, construcción de imaginarios, mentiras sofisticadas, el «storytelling» resulta mucho más eficaz que la propaganda porque no pretende modificar las convicciones de la gente, sino que busca hacerla partícipe de una historia apasionante, de una gran novela. Apunta a la credulidad. Hemos pasado así de la opinión pública a la emoción pública. Lo importante ya no es el debate de ideas, sino la regulación de las emociones.


Capri
Alberto Savinio
Posfacio de Raffaele La Capria
Traducción de Francesc Miravitlles
Minúscula


«Siempre he pensado –afirma Raffaele La Capria en el posfacio incluido en este volumen- que Capri era un tema imposible, un tema que escritores y artistas harían bien en evitar, porque hay algo demasiado vigoroso e imponente en la naturaleza de esta isla, algo que hechiza y convierte en ridículo e inadecuado cualquier intento de captar su magia. Pero al leer estas páginas sobre Capri escritas por Savinio en 1926, felizmente halladas entre sus papeles, he tenido que cambiar de idea. ¡Qué librito embriagador ha salido de ellas! ¡Cómo resplandece de “vibrante fulgor” su estilo, qué “variedad de luz” ilumina cada línea, y cómo rivalizan con los de la isla los colores de las imágenes y de las palabras, hasta alcanzar la misma e irrepetible transparencia! Por una vez, Capri ha encontrado a un escritor a la altura de su mito.»

Alberto Savinio (Atenas 1891-Florencia 1952), seudónimo de Andrea de Chirico, se dedicó a la escritura, la música y la pintura. Pasó la infancia en Grecia, estudió piano en el Conservatorio de su ciudad natal, Múnich y Berlín, y en 1910 se trasladó a París, donde entabló una estrecha amistad con Apollinaire. En la capital francesa formó parte de los círculos vanguardistas y participó en la revista Soirées de Paris. Unos años más tarde se enroló voluntario en el ejército italiano con su hermano Giorgio. Tras el conflicto bélico se instaló en Roma y escribió para publicaciones como La Ronda. Al acabar la Segunda Guerra Mundial colaboró en Il Corriere della Sera y Corriere d’Informazione. Junto con Luigi Pirandello, se cuenta entre los fundadores de la compañía Teatro d’Arte. Es autor de una prolífica y variada obra literaria así como pictórica, a la que la Bienal de Venecia dedicó una retrospectiva en 1954.


Contraluz
Sara Rosenberg
Siruela

¿Qué se esconde tras la muerte de Jerónimo Larrea? ¿Por qué sucede ahora y en Madrid, una ciudad difícil, pero que él ha elegido para rehacer su vida? Griselda, la voz principal, una actriz alcohólica, lectora e intérprete apasionada de Jean Genet, no acepta el lugar pasivo de la víctima, ni la derrota como camino personal o colectivo. Pero la frontera es frágil, algo que confirman en contrapunto las otras voces de la novela, donde un suicida no siempre es un suicida, ni un viejo compañero es un amigo, ni un psiquiatra es alguien que pueda curar, ni un hermano es un vínculo fraterno, ni una borracha es una amnésica.

En Contraluz se entrecruzan el crimen, la locura, el teatro, la guerra, la corrupción, en una trama que nos introduce en las oscuras razones del poder -en Argentina, y también en España- que perdura desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Para Griselda, decidida a indagar, se trata de resistir, y de seguir despierta, en el territorio de las grandes preguntas. Mientras que para Checo la impunidad es su única posibilidad de supervivencia. Sólo a contraluz se puede ir más allá de la superficie de las cosas, parece decirnos, para ver el tejido complejo de la vida y de la historia.




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