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El inevitable espejismo de la ingenuidad

Julián Ayesta y Martín Casariego

por Miquel Silvestre


Martín Casariego (Madrid, 1962), IV Premio Anaya de Literatura Juvenil con Por el camino de Ulectra, ha ganado muy recientemente el Premio Logroño de Novela con La Jauría y la Niebla. Martín no es nuevo en esto de los premios; ya ganó en 1990 el premio Tigre Juan de Novela con Qué te voy a contar. Uno de los libros más frescos y mágicos que uno haya leído. La prueba es que todavía se vende bien y se lee mejor por la originalidad de una historia de amor de juventud, a veces cómica, a veces triste, pero siempre viva. Vamos, uno de esos libros cojonudos que puedes utilizar como regalo con la certeza de acertar.

Martín Casariego es un falso inocente que desarrolla una literatura personalísima por donde desparrama unos protagonistas aparentemente cándidos, unos noblotes un tanto torpes que se enfrentan con desarmante ingenuidad a un mundo áspero.


Sus novelas para adolescentes, como Y decirte una estupidez, por ejemplo, te quiero, no son ni cándidas, ni mucho menos ingenuas; en realidad son buenas novelas para adultos sin resentimientos. Por eso afirmo lo de que es un falso inocente. Martín en el fondo es un moralista. Como dice Rafael Reig, la literatura es un abanico de opciones morales ofrecidas a los personajes.

Pues bien, las criaturas Casariegas acaban optando por la rectitud ética a pesar de las dificultades y las muchas tentaciones perversas que les asaltan. Pero su ingenuidad es un espejismo; antes de optar por la rectitud, ellos mismos se someten, de una forma aparentemente ingenua, a unas consideraciones morales complejas. Sin duda, mucho de esto se encuentra también en la breve y genial obra poética de su fallecido hermano Pedro. Esperemos que las recientes malandanzas de un cantamañanas narcisista, que se ha apropiado de lo ajeno sin citar al autor, hayan servido al menos para darlo a conocer y que más gente pueda disfrutar con sus magníficos versos.


El caso es que leyendo al falso inocente de Martín, me acuerdo siempre de Julián Ayesta, el genial e injustamente olvidado Julián Ayesta. Gijonés (1919-1996), licenciado en Filosofía y Letras, Diplomático de carrera, autor de una sola novela inmortal: Helena o el mar del verano, de apenas setenta páginas escritas en 1952. Como los protagonistas de Martín, también el chaval enamorado de la novela de Ayesta es de un falso candor que desarma y enamora. Pero en su aparente ingenuidad mantiene una perspicacísima visión del mundo y un complejo diálogo interior entre lo debido y lo apetecido, entre la enseñanza formal y la pulsión libertaria de la vida, el sexo y el amor, entre Eros y Tánatos, por decirlo a lo pedante.


Fue Ayesta un hombre totalmente enamorado de Helena, la chiquilla del relato y a la postre su mujer en la realidad. A ella le dedicó su única novela y para ella fueron también sus pocos y breves cuentos recogidos en el volumen firmado por Antonio Pau. En la escasa producción de Ayesta, Helena es siempre un referente que aparece como esa mujer inteligente y sensata que a veces hace de amiga, compañera, esposa o incluso severa madre de un narrador siempre desconcertado, travieso e imprudente. En eso se diferencia Martín. Sus heroínas son bastante peores aunque siempre merecen ser amadas.

Ayesta fue Diplomático, marido y padre, pero no volvería a escribir otra novela. Tampoco le hizo falta para acceder de pleno derecho al Parnaso. Su Helena o el mar del verano sorprendió a contrapé el desolador panorama literario de los cincuenta. Su brevísima y maravillosa historia empieza un verano, con un narrador muy crío chapoteando en la Playa del Estaño, preocupado sólo por sensaciones, atraviesa luego un invierno y un otoño, que nos van trayendo un raro crecimiento del discurso, cada vez más adulto, cada vez más preocupado y consciente, aunque sin una clara solución de continuidad, sin que sepamos nunca la edad exacta del narrador, que parece crecer en cada página que pasamos. Con él crecemos durante esas estaciones frías y húmedas en la Asturias de los cincuenta, hasta que, de nuevo, desembocamos en un rutilante estío que arroja por fin sobre la Playa del Estaño los deseados besos de Helena.

Helena o el mar del verano ha sido recientemente reeditado por El Acantilado y es un libro que como Que te voy a contar, no debería faltar en ninguna biblioteca. Probablemente, La Jauría y la Niebla nos traerá al mejor Casariego, ese que nos recuerda al mejor Ayesta aun siendo diferentes en sus heroínas. Y es que los inocentes sin inocencia como Martín nos permiten soñar con veranos interminables, pero también con muchachas bellas, buenas e inteligentes. Mujeres que a pesar de abandonarnos, nunca dejaron de querernos.




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