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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Vuelvo a Woody


Aunque ya han pasado varias semanas desde su estreno, y se ha apagado el eco mediático, quiero volver sobre Vicky Cristina Barcelona...

Como el padre de Juan Antonio (el pintor bohemio al que da vida Javier Bardem), el veterano realizador Woody Allen no parece tener demasiada fe en el ser humano. Así, tras su aire de comedieta intrascendente, y, a pesar de sus muchos manierismos y chistes privados, Vicky Cristina Barcelona es una visión amarga de la condición humana a través de la  engañosa relación que dos jóvenes turistas de caracteres opuestos (Vicky y Cristina) entablan con un pintor bohemio. Una relación triangular que es también en un recorrido algo folclórico por Barcelona y Oviedo, las ciudades  que sirven de decorado para una historia de amor y desamor contada de forma fragmentaria.


El último filme de Allen es una apuesta molesta en su conjunto, con sus personajes reducidos a caricaturas gruesas, sus imágenes de postal y su banda sonora imposible, y a la vez una apuesta inteligente por la forma en que nuevamente logra incomodar al espectador con una historia sobre la imposibilidad de  conjugar el amor y el arte, la razón y la pasión… Vicky Cristina Barcelona tiene sus mejores bazas en su mirada satírica sobre los personajes y en la manera en que —sin renunciar a una continua voz en off y cambios de ritmo— logra un conjunto narrativo coherente.


Bien rodada, con diálogos algo altisonantes, la aventura española de Woody lanza una mirada inmisericorde no sólo sobre los prejuicios de las y los estadounidenses sino también sobre  los artistas bohemios y sus flaquezas morales, encarnadas aquí en el personaje de Juan Antonio (un Bardem algo envarado), cuyo encanto es mera fachada. Frente a él y a Scarlett Johansson, definidos con trazo grueso, los mejores  personajes del relato son aquellos a los que dan vida Rebeca Hall, con sus dudas sentimentales y, sobre todo, una excelente y entregada Penélope Cruz como la neurótica esposa del artista.


Vicky Cristina Barcelona es otro cuento malicioso sobre la fragilidad de las apariencias y sobre lo detestable que hay en hombres y mujeres de diferentes edades aunque toda la narración está envuelta en imágenes turísticas, erotismo, filosofía barata y algún brote de sentimientos que no acaba de cuajar. Allen ha construido una fábula irreverente en la que, a pesar de su apariencia caótica, no faltan situaciones intensas filmadas con calidez por el operador español Javier Aguirresarobe.

Quiero destacar el trío formado por Johansson, Bardem y Penélope Cruz que nos da una de las escasas escenas de amor lésbico del director de Manhattan, cuyos dilemas amorosos y filosóficos casi siempre parecen desarrollarse en el núcleo de la pareja heterosexual.

También en Divertinajes: La opinión de Miquel Silvestre




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