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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Por frikerías

Esta semana decidí darme un baño de cultura pop-ular y dado que el cine patrio me ofrecía dos estrenos palomiteros, bastante infumables a priori, me largué a mis “multi” más cercanos (seis paradas de metro)  para hacerme una sesión doble, aprovechando el día del espectador, a la manera de las que me metía entre pecho y espalda en mi lejanas niñez y adolescencia.


No os podéis ni imaginar que disfrutada me di. Empecé con SexyKiller, un título ya prometedor y que me recordaba vagamente a alguno de  las viejas series B del maestro Jess Franco, el inimitable. Evidentemente, la película de Miguel Martí poco tiene que ver con alguna de don Jess, y aunque el revoltijo de géneros que cocina a veces le sale un poco pasado de sal o le falla el punto de cocción, la cosa tiene su gracia, que para eso va de parodia, y la psicópata Barbie que encarna desmelenadamente Macarena Gómez quedará para siempre entre mis asesinas múltiples favoritas.

Con referencias del cine de Tarantino, Romero o Raimi envueltas en una puesta de escena digna de una nocturna tele-tienda, allí se mezclan sexo, lujerío, violencia y humor todo ello en el marco incomparable de un campus cántabro. ¿Quién se atreve a pedir más por cinco con cincuenta euros, joer?


Santos es otra cosa, y además muy estimulante de ver. Nicolás López, su joven director, propone una mirada personal sobre el mundo de los súper-héroes a medio camino entre la ciencia-ficción y la comedia romántica y para ello se sirve de un mundo paralelo llamado Dobleverso donde un creador de cómics, Salvador Santos, se va a encargar de librar a este mundo de un inminente Apocalipsis a la vez que lucha para no perder a su chica, convirtiéndose en súper-héroe malgré lui.

Con una estética cercana al comic-book y al anime, a los que rinde homenaje, bebe igualmente, de las fuentes de un cine español de género heredero de Acción mutante y cutre-epígonos. Con estos materiales debidamente reciclados y mezclados y con unas gotitas del mejor Robert Rodríguez, ofrece un espectáculo que se disfruta enormemente ayudado por unos contenidos intérpretes: Javier Gutierrez, Leonardo Sbaraglia, Guillermo Toledo y esa sensual chinoiserie que es la cada día más guapa Elsa Pataky.


Y del cine a la tele, donde ya he podido degustar tres capítulos de ese híbrido inclasificable que lleva camino de convertirse, a pesar de sus escasas audiencias, en un ejemplo de que es posible hacer otras series nacionales donde no aparezcan marujas concienciadas, médicos pijillos, matrimonios vociferantes, nostalgias de tiempos pasados, etc., etc., etc., con los que tras día nos castigan los programadores de nuestras generalistas (¿o habría que llamarlas generatontas por la cantidad de ídems que producen?)

Me estoy refiriendo a Plutón B.R.B.Nero, de Alex de la Iglesia, que nos ofrece La 2 los miércoles a las once treinta de la noche y entre cuyas muchas virtudes está la de que sólo dura media hora. ¡Una verdadera sitcom por fin!

Bueno, la cosa va de una nave espacial que ha fletado el gobierno mundial terráqueo allá por el tres  mil y pico en busca de un planeta habitable ya que la Tierra está hecha mismamente una caquita y se va ir al garete en una de esas. ¿A que suena a Galáctica? Pues sólo hasta ahí. Lo demás es puro De la Iglesia, su creador. Esto quiere decir que, o te gusta, o no la soportas; no hay término medio. Ha pasado, y pasa con las películas de su director. No esperes un gran despliegue de medios técnicos, no hay presupuesto; pero lo que hay funciona estupendamente y el decorado de la nave recuerda tanto a la de la ya mencionada Acción mutante como aquel en el que se movía la inefable Bruja Avería. Por allí andan sus descerebrados interpretes: el capitán Valladares, el teniente Querejeta, los androides, el alien, el presidente mundial y hasta una Merche en versión digital intentado solucionar sus problemas cotidianos que poco tienen que ver con lo que pensamos será el futuro, salvo en lo de verse tragados por un agujero negro, o viajar en el tiempo a trompicones.


Me adelanto a deciros que no es una gran serie, tampoco lo pretende, tal vez ni siquiera buena, pero al menos rompe con la inercia de nuestra ficción televisiva y abre caminos para que otros transiten. Y a mí, personalmente, me saca el friki que llevo dentro y me encanta escuchar en los diálogos cosas del calado de:

—Como androide no tengo sentimientos, pero me jode.

¡Pues eso!

Y para friki, friki, la Brigitte Bardot, aquella bomba sexual de mis casi olvidadas adolescencias, devenida en  una ultra-facha-gabacha perseguidora de emigrantes en su Francia natal, que le ha mandado una carta sin desperdicio a la candidata republicana a la vicepresidencia de los USA (otra que tal baila), la ínclita Palin, poniéndola a caer de un burro. Está en la red y os la recomiendo, no tiene desperdicio. Un documento histórico para la frikería.




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