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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

La mujer pantera


La mujer pantera ha sido un texto privilegiado en la relectura camp de los clásicos del cine de Hollywood. Homenajeada en el libro de Manuel Puig El beso de la mujer araña y objeto de apropiación tanto por críticas feministas como por estudiosos de la iconografía gay y campy del cine clásico, es una de esas películas que, como Rebeca de Hitchcock, Laura de Otto Preminger, Gilda de Charles Vidor o La extraña pasajera de Irving Rapper, forman parte del background cinéfilo de los gays al rescate de películas curiosas, clásicos bizarre y títulos de cuto. Sin embargo uno de los subtextos que recorre más poderosamente el filme y que menos atención ha merecido ha sido el que hace referencia a una monstruosidad / alteridad  femenina conectada con el lesbianismo y la sexualidad fuera de la norma.


No son pocos los ejemplos en la historia del cine y la literatura en que el lesbianismo es presentado como un rasgo animalizante, pre-humano, que vincula la sexualidad femenina con un instinto depredador y unos rasgos cercanos a los de la fiera. No me refiero solo a las vampiras lesbianas de tantas películas de terror de serie B sino también a como en melodramas y comedias la lesbiana es asociada a algún tipo de animal, generalmente de carácter fiero o cuando menos salvaje. La película de Chabrol Las ciervas sería un caso extremo de esta asociación entre la bestialidad y el amor sáfico, un amor presentado bajo rasgos de dominación, depredación y malsana dependencia. Algo similar ocurre en La gata negra donde una felina Bárbara Stanwyck vampiriza a una joven femme encarnada por la sofisticada Capucine. En Lilith, de Robert Rossen, la aproximación lésbica se compara con la voracidad de los insectos y en El asesinato de la hermana George con la masculinidad bestial de los toros. Esta abundancia de estereotipos degradantes no es ajena a la construcción que durante décadas el modelo médico hizo de la lesbiana como una mujer cuya sexualidad permanece en un estadio primitivo, aferrada a una corporalidad monstruosa, pre-edipica y una libido voraz, centrada en el orgasmo clitoridiano y envidiosa del pene y otros privilegios masculinos


La mujer pantera es la primera película del tandem Lewton-Torneur (productor y director). Con esta película y la siguiente Yo anduve con un zombie, el director y el productor produjeron una pequeña revolución en el cine de terror de bajo presupuesto, sustituyendo la herencia de monstruos de los treinta por una elegante y refinada forma de provocar miedo mediante la elipsis, la ambigüedad y la insinuación. Películas pequeñas, de limitado presupuesto, que no obstante han trascendido como verdaderos clásicos por su imaginativa forma de crear atmósferas, personajes sugerentes y momentos de suspense valiéndose de medios exclusivamente cinematográficos. Lewton sería también el productor de otros títulos del genero, realizados también a principios de los cuarenta por directores como Robert Wise (La venganza de la mujer pantera, El ladrón de cadáveres) o Mark Robson (La séptima víctima, Bedlam). Todas estas películas tienen en común una poderosa atmósfera visual, una maravillosa fotografía (con operadores de lujo como Nicholas Musuraca, Lucien Ballard o J. Roy Hunt) y una espléndida dirección artística. Sin embargo, y aunque sería necesario revisar la totalidad de estos títulos, la pionera y seguramente la mejor de la serie sería La mujer pantera cuya concisión, precisión y encanto la han llevado a convertirse en un inolvidable título de culto.

La lectura lésbica de La mujer pantera, por otra parte nada ajena al filme, plantea algunas dificultades como, por otro lado, cualquier otra lectura coherente en un filme de género fantástico que se resiste a ser interpretado en clave racional. Y no es la racionalidad un punto de apoyo adecuado para la lectura del filme, a pesar de que ya en él encontramos algunos rasgos del cine psicoanalítico tan de moda en el Hollywood de los cuarenta con sus teorías populares sobre la sexualidad, los sueños y el inconsciente.

El filme busca un equilibrio entre la explicación psicologista de lo que sucede en el filme y en el interior de su protagonista y el coqueteo con lo fantástico, lo legendario, lo irreal, lo que no puede ser explicado según parámetros lógicos o científicos sino solo a través de la luz de las narraciones inmemoriales y lo irracional.  Así, a pesar de los momentos finales que inclinan la balanza a favor de lo siniestro y lo fantástico, nunca estaremos seguros de si Irena es una pantera, una mujer neurótica y desequilibrada, una descendiente de una raza maldita o, añadiría yo, una lesbiana.


A lo largo de todo el filme el misterio de Irena, su relación con un origen animal o diabólico, su carácter bestial y atávico aparece relacionado con la incapacidad para llevar una vida matrimonial normal. Desde el principio hay algo que separa a Irena y Oliver, algo que se hará mas hondo cuando ella se niegue a tener relaciones sexuales después de casados. La atracción de Irena por la pantera, su adscripción a la estirpe de las mujeres gatos determina, pues, una negativa a formar parte de un orden sociosexual al uso y cumplir las expectativas que la institución matrimonial deposita en ella como esposa y amante. Este aspecto del carácter y la sexualidad de Irena han llamado poderosamente la atención de algunos comentaristas de la película. Por ejemplo, Pilar Pedraza comenta que La mujer pantera ha llamado la atención de la crítica feminista por razones obvias. En primer lugar, porque en su época los monstruos de las películas fantásticas y de terror solían ser masculinos y fálicos.... Pedraza se aproxima a una lectura de género al hacer hincapié en la valentía de Cat people al exponer la sexualidad de Irena y al subrayar, en 1941, su negativa a tener relaciones sexuales con su marido. También apunta al carácter de matriarcado maldito de la estirpe de mujeres panteras enfrentadas al poder patriarcal del Rey Juan, cuyas descendientes reclaman a Irena como una de las suyas, reconociéndola el día mismo de su boda, a lo que Irena responderá santiguándose. La mujer que saluda a Irena en el restaurante, el día de su boda con Oliver, llamándola hermana en un ancestral dialecto no sólo parece un gato sino también tiene un aspecto masculino. Sin embargo Pedraza se detiene ahí y no considera la posibilidad del lado lésbico de la sexualidad y la diferencia de Irena.

Para mí no obstante el reconocimiento de dos mujeres pertenecientes a una subcultura maldita, la negativa de la protagonista a tener relaciones sexuales con hombres, la incapacidad del psiquiatra para modificar su misteriosa orientación y los celos de Irena hacia Alice (hay cosas que una mujer no quiere que otra sepa le dice a Oliver cuando descubre este le ha contado a su amiga que visita a un psiquiatra) y otros muchos códigos visuales y temáticos que aparecen de un modo solapado pero nada arbitrario nos dan demasiados indicios como para pasar, hoy por hoy, por alto la lectura lésbica del filme y su protagonista. La modernidad indiscutible del filme, uno de los títulos de los cuarenta que mejor ha resistido el paso del tiempo, no se encuentra solo en la asociación entre lo fantástico y lo psicológico sino en como el carácter mítico y misterioso de la protagonista va unida a su negativa a entrar en un orden sociosexual normativo. 


En algunos aspectos La mujer pantera es un filme tremendamente clásico en su desarrollo temático y en su lección moral, en otras un cuento perverso para adultos saturado de ironía y abierto a diversas lecturas. La figura del psiquiatra de moda se separa de la imagen pulcra y respetuosa que el cine clásico de Hollywood dentro de la moda psicoanalítica de la época estaba dando estaba dando de la profesión, al presentarlo como un verdadero crápula mas interesado en obtener los favores sexuales de Irena que en su curación. Hay en la posición del médico la misma actitud incrédula y altiva y el mismo afán de darle a Irena lo que necesita realmente que muchas lesbianas se han encontrado y seguramente se encontraban en la época en que fue realizado el filme en el caso que se atrevieran a contarle su secreto a un psiquiatra  del sexo masculino.

Si Irena es el lado oscuro de Alice, chica corriente y comprensiva, el médico es el lado perverso de la masculinidad afable, tolerante y comprensiva de Oliver. Al final, armado con su bastón-espada-fálico el psiquiatra asesinará a Irena ante la imposibilidad de poseerla ni de devolverla al lugar femenino y tradicional que le corresponde. Así, La mujer pantera se erige en un filme mucho más rico y perverso de lo que parece a simple vista, ya bastante rico, ambiguo y perverso, y realmente pinero en su exploración y redefinición de los roles y posibilidades sexuales del momento.




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