Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Piel


Adriana: No te sonrojes…

Alicia: Me siento culpable.

Adriana: ¡Olvídalo!

 

 

 PIEL

 

La piel habla, expresa, se conmueve, se enfada…

La piel se calienta, se enfría, se estremece.

Tocar. Ser tocado. Acariciar. Ser acariciado. Apretar. Rasgar. Rozar.

La piel respira, se encoge, se seca, se hidrata, se ablanda, se endurece… La piel transpira lo que pensamos y lo que estamos a punto de pensar. La piel envuelve, protege, agrede, pica, quema, reconforta.

Podemos jugar a esconder, tapar, camuflar, disfrazar lo que sucede, lo que nos sucede… y entonces la piel lo desvela impúdicamente. Nos desnuda frente al espejo, frente al otro, frente al mundo. La piel cuenta de nosotros a los demás, y sobre todo nos cuenta a nosotros mismos aquello que quiere ser escuchado, atendido, tenido en cuenta, visto y mirado. Aquello que quiere ser confrontado.

Acariciar.

Caricias.

La piel implora, pide, clama… Reclama lo que se le niega o gusta y agradece lo que nos beneficia. Nos alerta ante lo desconocido, nos previene frente al peligro, nos predispone al gusto, al regocijo, al mimo. Y nos sorprende con sus propios códigos, con su implacable sinceridad, con su estado en permanente mutación, con su ir y venir de una temperatura a otra, de una sensación a otra completamente opuesta… y nuevamente nos delata.

Todas las máscaras se caen ante el rubor repentino que nos confiesa avergonzados o tímidos o erotizados… Un empalidecimiento imprevisto narra otros estados… y los escalofríos, hormigueos, cosquillas y demás reacciones espontáneas o provocadas nos hacen vibrar de un modo u otro. Siempre. Siempre……..

La piel. Algo que fluye, pero que parece estático. Algo que parece y es. Algo visible y a la vez invisible, profundo, misterioso… Algo que recuerda todo. Todo lo que nuestra conciencia no abarcó, dejó de registrar, olvidó. La piel lo recuerda, lo lleva siempre de un modo u otro, lo protege o lo enseña. La memoria de los besos, de los miedos, de los instantes más importantes y también de aquellos en los cuales no reparamos en su momento. Las privaciones, los abusos, los golpes emocionales y físicos, las dudas, las prohibiciones, los duelos, los abandonos, los deseos secretos, las lágrimas, las pieles de los otros, de  todos los que abrazamos, tocamos, quisimos, odiamos, repudiamos, rechazamos, anhelamos o tuvimos. Nuestra piel interminable, como una fuente que no se agota, como todos los ríos juntos, como los océanos que vemos y que no conseguimos abarcar del todo jamás. La piel reflejo del alma y del corazón y del pensamiento y del cuerpo… De lo que enseñamos y de lo que llevamos a cuestas de cualquier forma, escondiéndolo como héroes o como villanos con nosotros mismos o con los demás, detrás de una máscara.

 

 

  MÁSCARAS

 

Nocturnidad...

Una ligera tregua

La falsa libertad se contornea cerca, pero sin ser tocada.

Yo finjo

Esbozo la apariencia de lo real sin ser en absoluto descubierta...

Y la mentira crece, crece, crece durante unas efímeras horas

y yo me río y me nutro de imitaciones,

para morir luego entre los destellos violentos del Sol del mediodía

¿Muero?

Y luego, ¿qué? ¿a dónde? y... ¿hasta cuándo?

¿Fingiré acaso seguir viviendo?

¿Fingiré los grandes sentimientos?

¿Y las caricias?

Qué pasará con las caricias cuando se desprenda de mi rostro la mentira y deje al descubierto

la máscara desnuda del horror, de la tristeza desolada, desnutrida y ávida

¿Qué pasará con los abrazos alados, que mi inquieto ángel me proporciona todavía?

¿Aún?

Nocturnidad.

De nuevo la danza de gestos, palabras, miradas y filias

De nuevo la sonrisa tan triste y tan dichosa

De nuevo las opciones insinuadas de algo frugal y momentáneo

ligero y tenue

¡Castrado!

Nocturnidad...

Dadme una máscara de Carnavales embebidos y

dejadme danzar

 

 Adriana Davidova

 

 

 Pequeños Deberes-

 

Quédate de pie, con la respiración aquietada y los ojos suavemente cerrados. No te agites. Déjate estar. Entonces, muy despacio, pon tu mano en una de las mejillas de tu rostro. Tócala. Toca tu propio rostro. Nótalo. ¿Qué sucede? ¿Qué te sucede?    




Archivo histórico