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Evaristo Aguirre

Psicópatas con diario


El cine y la televisión abusan de la figura del psicópata, de ahí que abrir un libro que se titula Diario de un violador pueda dar un poco de pereza. Pero como nos decían en el colegio, no hay nada peor que la pereza, sobre todo si lees la contraportada del libro o un poco del prólogo, en este caso, de la novelista estadounidense A.M. Homes. Porque, para variar, el autor, Evan S. Connell, no me sonaba de nada.

Resultó que las alabanzas de la contraportada y los elogios de Homes en la introducción eran merecidos. Se trata de una novela publicada en 1966 –es decir, antes de la saturación de psicópatas audiovisuales– presentada en forma de diario, el de Earl Summerfield, un hombre joven, casado, que trabaja en unas dependencias municipales en San Francisco. Por lo que vamos viendo en su dietario es un insatisfecho, que se siente infravalorado, que aborrece a su mujer y que se obsesiona con cualquier cosa, y por eso se le mete en la cabeza una joven que se ha presentado a uno de esos concursos de belleza. Sí Summerfield es un tarado, pero algunas de sus reflexiones y de sus puntos de vista dejan un cierto amargor al ser leídos, porque da un poco de miedo coincidir, aunque sea de refilón, con un pirado de estos.

Evan S. Connell (Kansas City, 1924) es un reputado autor estadounidense, que ha escrito ensayo, historia y ficción, y cuyo éxito literario fue este Diario de un violador, que ha publicado en español Alfaguara (con la traducción de Gabriela Bustelo) en su colección nyrb, en la cual han empezado a recuperar títulos de esa editorial de EE.UU., que hasta hace poco era un abrevadero (con perdón) poco visitado por los editores españoles.


Y ya que estaba en el mundo de los psicópatas, le metí mano a De la elegancia mientras se duerme, del Vizconde de Lascano Tegui (publicado por Impedimenta). Una vez leído el libro (que también está presentado en forma de diario) y la introducción del joven escritor colombiano Juan Sebastián Cárdenas, me quedó claro que tan psicópata es el narrador protagonista, como lo fue durante su vida el autor, que no era vizconde. 

Emilio Lascano Tegui nació en Concepción de Uruguay, que es una ciudad de Argentina, en 1887, y murió en Buenos Aires, en 1966. Hizo de todo –entre otras cosas inventarse ese vizcondado– y vivió en muchos sitios, pero fue en París donde más relación tuvo con el ambiente intelectual, en especial con el de las vanguardias, en cuya órbita puede colocarse este De la elegancia mientras se duerme, publicado en 1925.

Es el relato de la infancia y juventud de un tipo un poco raro –se enamora, o así, de una cabra, por ejemplo– que vive en un pueblo cercano a la capital francesa. A diferencia de nuestro psicópata de más arriba, este no sigue realmente un diario sino que fecha unos textos de carácter memorialístico, al menos hasta la mitad del libro en el que la narración de los hechos parece que se hace a medida que estos ocurren. No descubro gran cosa si digo que cometerá un crimen, porque lo que importa en esta novela es más el ambiente extraño que el protagonista quiere mostrar a su alrededor, así como las reflexiones disparatadas, tanto suyas como de algunos de los secundarios que cruzan las páginas. Tiene mucho de afectación vanguardista, de esa que a estas alturas huele un poco a naftalina, es verdad, pero también tiene un punto que me atrevería a calificar de punk, de nihilista de salón contemporáneo, que tiene su gracia.

eaguirre@divertinajes.com




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