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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Rioja alavesa, y no solo

OTROS DESTINOS

Es absurdo, pero a veces no caes en las bondades de lo que tienes en casa hasta que no ves la grandeza de sus pares fuera de ella. De ahí que después de disfrutar del mar dorado de Borgoña y los sinuosos valles de Napa y Sonoma quisiera pasearme entre viñedos españoles.

De las muchas rutas vinícolas que podrían dibujarse sobre la piel de toro, me atrajo especialmente una: aquella en la que algunos bodegueros han concitado a arquitectos artistas para ilustrar la zona.


El Ciego (Álava)

Creí que sería fácil encontrar información en internet y organizar el viaje, pero no lo fue tanto. En esa ruta perfecta (sé que lo es ahora que la he recorrido) hay pueblos de Álava y también de La Rioja, lo que hace que en un exceso de celo por proteger el terruño, nadie informe de la ruta al completo. Y por si eso fuera poco, la mayoría de las visitas a bodegas y monumentos coinciden en el tiempo: las once y la una son las horas mágicas escogidas por los anfitriones.


El tempranillo, Antigua Bogega de Don Cosme Palacio

En cualquier caso, el sábado amanecí en un lugar de esos en los que, aun a sabiendas de que no oirás nada, agudizas y agudizas el oído para escuchar el silencio. La habitación número 1, El tempranillo, del Hotel Antigua Bogega de Don Cosme Palacio, resultó ser exactamente igual a como parecía ser en las fotos colgadas en internet; cosa que es de agradecer, porque bien sabemos que no siempre ocurre así. Diría que lo más destacable del lugar, uno de los pocos alojamientos de la zona, además de la tranquilidad del ambiente y la calidad de las instalaciones, es la hospitalidad y la amabilidad del personal que lo gestiona; y digo que lo diría, porque lo diría si fuera excepcional, pero es la tónica general de la zona: la gente es muy amable.

Estando como estábamos a las puertas de Laguardia, empezamos nuestra particular ruta visitando este pueblo medieval de estrechas callejuelas ceñidas por una gruesa muralla.


Bodega de Carlos san Pedro (Laguardia, Álava)

Laguardia fue levantada en lo alto de un cerro para guardar y vigilar, para proteger las tierras que entonces, allá por el siglo XIII, eran navarras. Y de aquella función defensiva conserva, entre otras reliquias, las cuevas que horadan su suelo. Cuevas que, al llegar la paz, pasaron de refugio a almacén; de almacén a bodega después, al revelarse insuperables para la elaboración del vino; y de bodega a museo ahora, cuando la maquinaria las ha hecho pequeñas. Aunque pocas se utilizan ya como bodega, algunas hay y pueden visitarse, por ejemplo la de Carlos San Pedro.


Santa María de los Reyes (Laguardia, Álava)

Del esplendor económico y la importancia histórica de Laguardia da fe el impresionante pórtico de piedra policromada (constuido en el s.XIV, repintado en el XVII) de la Iglesia de Santa María de los Reyes. Se conserva así de bien porque desde los inicios de su construcción gozó de cubierta, y a los dos siglos levantaron los muros que cierran la antesala que lo protege. El amplio interior gótico-renacentista de la Iglesia también tiene su interés, especialmente en Navidad, cuando en una capilla lateral se coloca el Belén articulado de figuras barrocas (s. XVI – XVII) cuyas escenas cambian en fechas señaladas (25/XII, 1/I, 6/I y primer domingo de febrero). Si se quiere ver (y, realmente, no hay que dejar de hacerlo) es preciso pasar por la oficina de turismo para informarse de los horarios de visita y comprar las entradas; o esperar a la hora de la Misa (las ocho de la tarde), que en invierno casi nunca se celebra en este templo. La persona que guía la visita convierte sus explicaciones en una clase magistral de simbología cristiana.


Reloj del Ayuntamiento

Empedrada y silenciosa, señorial en sus casas blasonadas, vital en sus incipientes vinotecas y tiendas de artículos motivados por la vid y el vino (alhajas, complementos, velas, jabones, etc.), Laguardia marca su particular cadencia al mediodía, a las dos de la tarde, a las cinco y a las ocho, haciendo danzar al ritmo del pasacalles típico de sus fiestas a tres autómatas dormidos el resto del tiempo en el reloj de carillón del Ayuntamiento.


Vista desde Laguardia

En los alrededores, restos arqueológicos y humedales protegidos. Nosotras nos vamos a la Bodega Ysios que tan atractiva resulta desde el templete que hace honor al fabulista local, Samaniego, en el paseo del Collado, los jardines extramuros de Laguardia.

La bodega diseñada por Santiago Calatrava se integra con naturalidad entre los viñedos que florecen al amparo de la Sierra de Cantabria, protegidos por ella de los fríos vientos del norte. Y permite a Ysios  velar por sus viñas como Isis velaba por los cultivos y las cosechas en el antiguo Egipto, con la misma elegancia con la que lo hubiera hecho la más sofisticada de las divinidades.


Bodega Ysios (Laguardia, Álava)

Esta bodega ondulante, que echó a andar con el milenio, integra el método tradicional en una estructura moderna con moderna tecnología para elaborar Reservas y vino de autor cien por cien tempranillo, la uva por excelencia de la Rioja alavesa.


Variedad de uva tempranillo

Se inicia el recorrido del edificio por la zona de recepción de la uva y fermentación de los caldos, que en estos días previos a la llegada de la uva y el estallido del trabajo, transmite una sensación de ilusión nerviosa, ilusión porque qué más quiere una bodega que elaborar vino, nervios porque en los pocos días que quedan hasta la vendimia aún puede la uva estropearse. Pasamos entre las ondulantes hileras de barricas de roble (40% americano, 60% francés), donde el vino es mareado durante meses. Alcanzamos el botellero en el que cientos de botellas tumbadas dan cobijo al vino durmiente. Y nos detenemos en la sala de catas para saborear el producto final. Por el camino hemos aprendido un sinfín de generalidades y otras tantas particularidades. Me quedo con un par de datos: que un reserva aguanta diez años en el mercado, que las botellas negras de doble grosor le dan cinco años más de vida.


Bodega Ysios, visita guiada

Hubiéramos querido comer en La huerta de la abuela, secuela del afamado restaurante Las Postas (al lado de la gasolinera), pero le pareció al camarero que las dos y media no era hora ya para esperar mesa si a las tres debía cerrar la cocina —un sábado de septiembre—. Sic. En Mayor de Migueloa nos localizaron rápidamente una mesa. Y comimos estupendamente, bacalao y cordero, qué si no. Un mal detalle: la cuenta resultó en exceso abultada, habida cuenta del servicio, más que deficiente. Un buen detalle: en el baño tienen un cesto con cepillos de dientes y sobres de pasta a disposición de los clientes.

Las pencas que no quisimos a mediodía, las probamos por la noche, al ver que lucían en todas las cartas. Y no nos enamoraron. Hablamos de tallos de acelgas rellenos de jamón y queso, rebozados y fritos.


Viajero, de Koko Rico (Laguardia, Álava)

En la próxima entrega saldremos de Laguardia para visitar El Ciego y las bodegas que Marqués de Riscal tiene allí, y comer en el restaurante del hotel diseñado por Frank Gehry, Hotel Marqués de Riscal un hotel Luxury Collection; nos acercaremos a Briones para dar una vuelta por el pueblo y empaparnos de la cultura del vino en el Museo abierto por la Fundación Dinastía Vivanco; seguiremos hasta Haro para entrar en la Frasca diseñada por Zaha Hadid por encargo de Bodegas López de Heredia Viña Tondonia; y por último, nos acercaremos a Samaniego para otear el edificio diseñado por Iñaki Aspiazu para Bodegas Baigorri.

Una o dos fotos las hice yo; el resto, Eva Orúe.

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