Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Errata

Evaristo Aguirre

A la manera americana

Mantengo una difícil relación con la literatura escrita en Estados Unidos. Ya sé que es mucho decir, “literatura escrita en EE.UU.”, pero he recapitulado y creo que siempre me ha pasado lo mismo –me refiero solo a las novelas o relatos que me han gustado: los libros malos son malos, vengan de donde vengan­–: o me resultan demasiado musculosos o me parece que les falta un poco de carne. Ejemplo de excesiva musculatura, Submundo, de Don DeLillo; de lo contrario, Trilogía de Nueva York, de Paul Auster. Insisto, ambos son excelentes libros. Pero el caso es que esto me ocurre cada vez.


Ha terminado –hace media hora escasa– Postales de invierno, de Ann Beattie (Libros del Asteroide, con traducción de Marta Alcaraz Burgueño y prólogo de Rodrigo Fresán). Es una novela, estupenda novela, de las poco musculadas, o sea que no parece que aspire a contar el mundo y esas cosas, que no quiere ser esa “gran novela americana” que algunos han pretendido escribir.

Postales de invierno nos lleva por los meandros de una relación sentimental, por la ausencia, la nostalgia, el abatimiento, la esperanza también. Y sin embargo, esta novela ha sido considerada desde el momento de su publicación, en 1976, como un retrato generacional, como una postal de los jóvenes americanos en la resaca de los movidos años sesenta, un poco despistados.


“Es una de las novelas más tristemente graciosas o graciosamente tristes que jamás se hayan escrito”, apunta, con atinado ingenio, Rodrigo Fresán en el prólogo, un texto muy recomendable por dos razones. La primera, porque Ann Beattie (Washington, 1947) es una de las grandes de la literatura de su país, pero es también una desconocida en España, por lo cual toda información adicional es bienvenida.

La segunda, porque el argentino Fresán es brillante cuando escribe de literatura. Como creador (lo diré bajito, porque goza de prestigio), no me interesa mucho, la verdad, pero cuando habla de sus lecturas, de los autores que le gustan, siempre me ha convencido.

Y en este prólogo, Fresán consigna toda la música que aparece citada, que suena a lo largo de la novela, otra de las características que se destacan de este libro: Janis Joplin, George Harrison, Elton John, The Rolling Stones, Elvis, Dylan, Martha and the Vandellas


Ay, la música, cómo me gustan las historias en las que la música tiene un papel. En Postales de invierno lo tiene, desde luego, y lo tiene en Todavía no me quieres, de Jonathan Lethem (Mondadori, con traducción de Cruz Rodríguez Juiz). Lethem es –nació en Nueva York, en 1964– de otra generación y tiene otras cosas en la cabeza y quiere contar otras cosas diferentes de las de Beattie: aquí son las vidas de los miembros de un grupo de música indie de Los Ángeles, un grupo que todavía no es más que cuatro amigos que quieren llegar a algo. Pero Lethem termina, en 2007, con un resultado similar al de la novela de 1976, sí, consigue una especie de retrato generacional, los personajes de Todavía no me quieres tienen algo de modelo de jóvenes contemporáneos.

Hace un par de semanas, en esta Errata hablábamos de La maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz, y destacábamos que el autor explicara a sus personajes remontándose al pasado familiar e incluso al pasado de su país de origen. Pues bien, los personajes de Lethem son ejemplo de lo contrario, su pasado casi no existe, sus rarezas, sus comportamientos, sus personalidades se explican a sí mismas, si es que se pueden explicar.

eaguirre@divertinajes.com




Archivo histórico