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Sara Orúe

El verano que la princesa se operó la nariz (II)

Decíamos ayer…

—¿Ayer?  ¿Decíamos? Será decías tú la semana pasada….
—Es una manera de hablar, cosas que se dicen.
—Sí, sí, una manera de hablar. Como el italiano que a la luz de la luna te promete amarte para siempre porque eres la ragazza piu bella del mondo y luego, si te he visto, no me “recordo”, son cosas que se dicen.
—¿De qué hablas? De nada, no hablo de nada ni de nadie. Que yo ayer no dije ná de ná.
—Vale Julieta, si ya empiezas puntillosa
—No, cada palo que aguante su vela, que tú dices muchas tonterías y no pienso hacerme responsable de nada de lo que escribas.
—Vete al cuerno
—Sin acritud, amiga, sin acritud.

El caso es que, como bien dice Julieta, la semana pasada contaba qué tremendas vacaciones de verano en la playa hemos pasado este verano Tío Ra y yo.


—Sí, y prometías explicarnos por qué habías titulado al post “El verano que la princesa se operó la nariz”.

Pues porque lo es. Este verano, a finales del mes de agosto, Su Alteza Doña Leticia Ortiz, sorprendió al personal con una nariz nueva. Han pasado tantos días ya que, lo sé, el tema carece de la chispa que da la novedad  pero, y casi siempre hay un pero, tiene el encanto de que todos la hemos visto con su nuevo apéndice nasal, todos hemos opinado, en fin, que todos sabemos ya de que hablamos.

—Hola chicas, ¿de qué estáis hablando? 

Bueno, todos menos Tío Ra.

—De la princesa que se ha operado la nariz.
—¿Ah, sí? ¿Cuál ha sido?
—¿Cómo que cuál ha sido? Sólo tiene una nariz la princesa.
—Sobri, qué burrita eres, me refiero a qué princesa es la que se ha operado la nariz.

Confirmado: Tío Ra no vive en este mundo. Tío Ra vive en una nube que flota por los cielos de otro planeta situado en un universo paralelo…

—La Princesa Letizia, por todos los dioses, vas a ser el único españolito que no lo sepa.
—No jodas. ¿Y qué le pasaba a la nariz de la princesa? Aparte de lo evidente, quiero decir.
—Que tenía el tabique nasal desviado y problemas respiratorios.
—O sea, que la princesa roncaba… Qué cosas, con lo delicada que parecía…
—Puede ser. Roncaba y no dejaba dormir a nadie, por eso le operan la nariz.
—Mira tú que mala suerte, tienes la nariz más grande de toda la familia real y resulta que no funciona.
—Las malas lenguas dicen que también se ha operado la barbilla y las orejas.
—¿Qué me dices? Parecerá otra… más guapa.
—Otra sí, más guapa no estoy tan segura. A esperas de verla cuando le haya bajado la inflamación, me temo que estará más estándar, pero no más guapa.
—Si quería estar más guapa, sólo tenía que engordar un poco: Se le hubieran redondeado los pómulos, suavizado la nariz, disimulado la barbilla…
—Con la cara tan particular que ella tenía, qué lástima.
—Parece ser que no le gustaba su perfil de brujita.
—¿Y a Felipe?
—Pues no sé, pero no parece que en esa casa importe mucho la opinión de Don Felipe, la verdad.


—Sí, el eligió a una mujer española de su tiempo y mira en lo que se ha convertido.
—Qué shock, te casas con una chica profesional, independiente, liberada (se divorció, y el divorcio, en muchos casos es una liberación, je, je), atea, con nariz aguileña y orejitas de soplillo. El amor de tu vida. En cuatro años, ¿qué tienes? Una señora de; católica apostólica y romana; chata, con orejitas hechas expresamente para llevar perlas y subida a unos tacones de vértigo. Ya me imagino yo al príncipe diciéndose, “Esta no en mi Leti, que me la han cambiao”.


—Sobri, me preocupa si, con el cambio de perfil, las monedas de 10€ de plata que tengo seguirán valiendo.
—Seguro, total, tampoco se parecía nada al perfil de antes. Ahora que me fijo, quizá ella decidió operarse porque se vio en las monedas conmemorativas con su perfil retocado y se gustó más.
—Mira tú, el que dibuja los perfiles en la Real Casa de la Moneda es un marcador de tendencias.
—O un visionario.
—Sí, sí, o eso que tú dices.

Y a mí, que en el fondeo me la trae al pairo la nariz de la princesa, no dejo de pensar que esto no es serio. Ni solidario. Ni afín a lo que dice la Biblia de que lo importante está en el interior.

—Eso no lo dice la Biblia, lo dicen en La Bella y la Bestia.

Esa idea tan bonito de que la belleza está dentro de ti.

—O mejor, dentro de tu cartera.

No debería ser importante que una reina fuera guapa o  no, que tuviera la nariz aguileña o chata, que llevase o no moda española. Lo importante debería ser que fuese solidaria, justa, defensora de sus súbditos, capaz de educar a sus hijas esos valores.

—Imagina que queda fea, ¿qué hacemos?
—Como lo hemos pagado entre todos, entre todos ponemos una querella al médico que la operó.
—Qué necesidad de pasar por el quirófano sin ídem.
—¿Cómo?
—Sin necesidad.
—Dicen que se lo recomendó el médico de la Casa Real.
—Pero dónde vamos a llegar, ¿no me digas que en la Casa Real hay Cirujano Estético de Cabecera?
—No te lo digo, porque no lo sé, pero cualquier cosa. En mi humilde opinión la futura reina no debería operarse nada. Hay mejores cosas en qué emplear el tiempo y el dinero de los españoles.
—En mi republicana opinión, lo que no debería haber es futura reina. Ni futuro Rey claro, que yo machista no lo soy.

En fin que Doña Elena estrena piso, Doña Leticia estrena nariz y yo estreno faja protege lumbares y juanete en el pie izquierdo. Y es que siempre ha habido clases.




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