Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Los buenos propósitos


Buda explotó por vergüenza es la opera prima de una directora de dieciocho años, Hana Makhmalbaf, que en poco menos de hora y media lanza una violenta requisitoria acerca la situación de la mujer en Afganistán y sobre la condición femenina bajo el régimen talibán.

La odisea de la pequeña Batkay en busca de alfabetización se convierte, no obstante, en un filme algo molesto por su excesivo gusto por la metáfora, la alegoría —verbal y visual— y el uso reiterado de los símbolos, acompañados  algunos de bellas imágenes,   apoyados otros en un violento montaje o en los colores y sonidos apropiados. La joven realizadora ha construido un filme que puede parecer ternurista, basado de continuo en un punto de vista infantil individual y coral, pero que acaba resultando una iracunda y, en algunos momentos terrorífica, fábula sobre la búsqueda de la libertad y la dignidad en un mundo empobrecido, devastado, patriarcal y monoteísta, en el que las fronteras reales y simbólicas se marcan desde las  edades más tempranas. La película tiene ecos del neorrealismo italiano —con su aire de cuento sobre la soledad en un mundo despiadado—, aunque la directora ha realizado un filme en primera persona con pocos medios y  elementos, y con un denso y retórico discurso de fondo.


Su intención de articular una voz propia, lograr un estilo coherente y una mirada personal, salta a la vista pero no nos satisface por la desproporción entre los medios y los fines, contrastando los momentos de falsa placidez y los de engañoso desasosiego.

Si no logra del todo sus propósitos es porque no consigue unir bien del todo lo irónico con lo trágico, el humor con el patetismo, el dolor con la alegría. Las escenas de  «crueldad» a la que es sometida la pequeña por parte de los demás niños y algunos adultos —que representan ese mundo varonil y excluyente y las ideas exportadas del mundo occidental— están rodadas con énfasis e indiscutible convicción pero también con algunas trampas, al subrayar lo evidente. La pequeña Batkay, en su errático trayecto en busca de «una oportunidad», se encontrará tanto con la prepotencia de los suyos, sus prejuicios sociales y culturales, y de las ideas que vienen de un mundo occidental a la vez lejano y omnipresente.


Lo mejor de un filme así es la sencillez con que, a través de los pequeños escenarios por los que deambula Hanna en busca de palabras y respuestas, de una escuela en la que ser admitida, se nos da una visión completa y compleja de un mundo que la autora conoce de cerca. La propuesta puede resultar engañosa para quienes esperan un tratado sobre el tema que aborda, o para quienes esperan un filme humorístico, pues a pesar de la esforzada interpretación de la simpática protagonista Buda explotó por vergüenza está  más cerca del cine político que de una propuesta estetizante o humorística. Aquí es donde el contundente, imperfecto, pero sincero, trabajo de la Mankhamlbafd puede llegarnos al corazón o simplemente decirnos algo que ya sabemos, narrado con un estilo visual que transmite urgencia, dolor y donde la ternura deja paso al espanto.

Buda explotó por vergüenza es un filme necesario, que elude la literatura y el moralismo, pero en el que la directora, desde el punto de vista fílmico, juega con las cartas marcadas.




Archivo histórico