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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

De tele y otras realidades (2)


Como podéis observar yo también me apunto a la moda de las secuelas. ¿Por qué no, si sé que con la anterior disfrutasteis de lo lindo? Además, en verano, siempre viene bien darse una inmersión en otros ámbitos menos intelectuales para refrescar las neuronas casi colapsadas con estos calores africanos.

Y me fastidia, y mucho, empezar  diciendo adiós a alguien que fue mi divertimento virtual preferido durante una buena parte de los ochenta y los noventa. Alguien que me hizo reír hasta  las lágrimas en aquella inolvidable serie que fue, y sigue siendo modélica en su género: Las Chicas de Oro. La inimitablemente cáustica Sofía Petrilo, la emigrante siciliana que les cantaba las cuarenta a Blanche, Rose, y Dorothy, su hija, con las que compartía casa y vida en su geriátrico retiro de Miami.

Aquel  menudo, impredecible, ratonero, incisivo, fullero, personaje, interpretado con  brío juvenil por una actriz ya madura, dotada como pocas para la comedia, llamada Estella Getty, ha sido ingresado definitivamente en aquella residencia, Prados Soleados, que tanto odiaba en vida.

Le doy gracias a la actriz y a su personaje por todos esos estupendos momentos que me hicieron pasar. Prometo revisar algún capítulo como homenaje.


… mais parlons d´une autre chose, que decía la canción de Brel, don Jacques. Y que mejor introducción que ésta para comentar un poco la bochornosa final de la Operación Triunfo de este 2008. Bochornosa no por el calor que hacía, ni por quién ganó, una tal Virginia trasunto posmoderno de Jeannette —¿os acordáis de ella y de aquella canción emblemática de los setenta ¿Por qué te vas? que cantó en la gala, y recientemente utilizada como sintonía para una publicidad muy creativa de la cadena Fox para la serie Anatomía de Grey?—,  si no por todo los acontecimientos que rodearon la gala.

Había tres finalistas: la mencionada Virginia, toda ojos azules e impostada languidez, paradigma de la «pouppé de cire, pouppé de son» eurovisiva, que al menos ha destacado en cuanto a imagen y actitud del resto de sus compañeros de promoción que la odiaban cordialmente y que cuando canta no aprovechas para ir a  echar la meada, cosa que ocurría con casi todos sus compañeros en cuanto abrían la boca. Esta chica que ha pasado olímpicamente de consejos de profesores y jurados; que  ha intentado ser ella misma por encima de todo, al final se salió con la suya y ganó. Claro que desafina, y Madonna un rato largo, o el Boss la otra noche, y nos cobran los euros, bastantes, por verlos, y  enfatizo lo de verlos, en vez de oírlos. Pues por ahí va a ir esta chica.

Pablo, el segundo clasificado, es el típico cantante de bodas y bautizos, enésima revisitación del mito Bravo, profesional que tanto le da a la balada, el pop o el rock pero que en su voz todo suena igual.

Y por último, una rara avis, Chipper, un cantante estándar de hermosa voz que puede con todo lo que le echen —y le han echado de todo en esa academia—, pero que tenía en su contra ser americano, negro y homosexual. Y aunque en este país ya somos muy modernos, pues se nos ha visto el plumero más al que al otro homo del grupo, el llamado Iván, cuyo comportamiento histérico en la academia ha sido absolutamente gallináceo. Como lo fue y lo ha sido durante todo el programa el del director de la academia, el señor Llácer, empeñado en parecer ecuánime y siendo absolutamente partidista en sus comentarios y preferencias sobre sus pupilos; y sintiéndolo mucho, también por Jesús Vázquez, que últimamente se parece cada vez más a una caricatura de sí mismo, y que en esta ocasión ha ejercido más de enjuiciador que de moderador y que anoche  se equivocó de medio a medio en su actitud frente a la ganadora.

Y del jurado no pienso hablar.


Para terminar, una confesión: no me pierdo un capítulo de Betty en Cuatro. Me refiero claro a la versión que Salma Hayek ha producido para la ABC americana. Nada que ver con el infumable original colombiano, o con la versión doméstica de Telecinco, aburrida y tópica  hasta la náusea.

Os la recomiendo si queréis ver como se le da la vuelta a una historia manida y archiconocida y se la convierte en 45 minutos de puro nonsense. A ello ayuda mucho una actriz como América Ferrera, que borda su papel de esta voluntariosa Betty de  los Queens situada en los antípodas de la Carrie Bradshaw de Sexo en Nueva York, y que tiene a todos  los Estados Unidos a sus pies. Ella, al contrario de su glamorosa paisana, en vez de sexo practica el seso y  con unos estupendos resultados visto lo visto y lo que nos queda por ver.

Sólo me queda despedirme hasta Septiembre. Soy urbanita, así que me quedo en la ciudad. Hasta pronto.




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