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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Conducta impropia


Hace tiempo que vi Conducta impropia, el virulento documental que filmaron Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal en 1961, un trabajo  pionero que destapó con virulencia la persecución de los escritores, artistas, disidentes políticos y homosexuales represaliados por el régimen de Fidel Castro. Otras películas posteriores han abordado el mismo tema: Antes que anocheza, de Julian Schnabel, o el documental Seres extravagantes, de Manuel Zayas y Antonio Hens, un realizador joven hoy más conocido por su valiente cortometraje En malas compañías y por la absurda polémica que ha acompañado a su primer largo, Clandestinos. Tanto el documental de Zayas como el filme de Schnabel están basados en la vida del escritor Reinaldo Arenas, uno de los muchos protagonistas de ese filme coral que es  Conducta impropia.

Néstor Almendros, excelente operador —que trabajó como director de fotografía para realizadores como François Truffaut o Terence Malick— y Orlando Jiménez Leal se atrevieron a mostrar con crudeza los procesos judiciales y la persecución social que sufrieron los que vivieron el amor, la sexualidad y la creación fuera de la norma heterosexista marcada por las modas de una isla que quiso convertirse en paraíso pero se volvió infierno carcelario y forzó el exilio de muchas gentes. Y el filme trata de ese desencanto. Bajo la forma clásica del «documental expositivo», alterna entrevistas con varios protagonistas de la historia que se cuenta e imágenes, algunas de archivo en blanco y negro o color, otras de la actualidad en las calles de La Habana o de otras ciudades como Nueva York donde residen los exiliados, acompañadas de una voz en off omnisciente.


Hoy, la editorial madrileña Egales ha reeditado, en una excelente y cuidada edición acompañada de interesantes apéndices, un libro con el guión más el DVD del documental. Una saludable propuesta para refrescar nuestra memoria y llenar nuestras mediatecas. Las cosas para gays, lesbianas y mujeres han cambiado desde la Cuba que mostraron Almendros y Leal o sobre la que escribieron Reinaldo Arenas, Virgilio Piñera o Zoe Valdés, aunque la legislación oficial haya (hasta hace nada) mantenido sus parágrafos represores. Diríamos que, en este tiempo, Cuba ha abierto la mano en lo social pero no en lo oficial, las voces son contradictorias sobre lo que ocurre, lo que ha cambiado y va a ocurrir allí. Y recordaremos además que, desde dentro de la Isla y más cercanas a la línea del régimen, han venido propuestas estimables, aunque también más amables, como Fresa y chocolate, de Juan Carlos Tabio y Tomás Gutiérrez Alea, uno de los realizadores que en su momento acusó a Conducta impropia de ser propaganda estalinista «a la inversa».

Todos los que aparecen, hablan o filman en Conducta impropia fueron desprestigiados por un Régimen que hizo muchas promesas notables que no cumplió, y se sujetó a la construcción de un tipo de héroe-revolucionario-masculino a base de excluir otras «otras voces, otros ámbitos». El filme de Almendros y Leal es un documental ejemplarmente rodado, donde se dosifican las entrevistas, las imágenes documentales y los momentos líricos, duros o dolorosos. Comienza con imágenes del Ballet Nacional de Cuba y muestra cómo en una de sus giras algunos de sus integrantes aprovechan para abandonar la Cuba fidelista en busca de la realización de sus aspiraciones personales y artísticas, y continúa con una implacable requisitoria sobre la represión de gays, lesbianas, trabajadoras sexuales, escritores y disidentes ideológicos bajo un Estado de depuración que se está corrompiendo.


Reinaldo Arenas

La película, como ya leemos desde el guión, es un ataque violento, despiadado contra la política de Castro y sus aliados en el momento, tanto como lo son algunas de las novelas de Valdés o Arenas. La crítica siempre ha sido un ejercicio saludable y purificador en cualquier lugar del mundo para remover conciencias. El régimen de Cuba no aceptó las críticas y eso lo ha pagado caro.

Un testimonio indispensable para los amantes del género y una suerte de caja de herramientas para los que quieren adentrarse en la realización de un filme de denuncia.

Os invito a revisar este trabajo poco conocido, puesto que hasta ahora sólo ha pasado, de manera algo subrepticia, por festivales de cine y certámenes de cine gay-lésbico, una cinta que hoy podemos contemplar con mayor distancia y objetividad pero también con la pasión y la ira desde con las que fue realizado.




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