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Errata

Evaristo Aguirre

Otra manera de escribir...


… y de vivir, pues me da la sensación de que los buenos escritores escriben como viven, de ahí que resulte pesadísima la obra de quien intenta, por ejemplo, experimentar y traspasar límites narrativos cuando su existencia doméstica y su mirada sobre la vida cotidiana (se puede ver tan a menudo en los artículos que tantos novelistas publican, tanto, en la prensa) resultan convencionales a más no poder.

La literatura de Ángel Vázquez (Tánger, 1929-Madrid, 1980) es conmovedora, evocadora, adictiva, incluso.

Solo conocía de Vázquez su novela La vida perra de Juanita Narboni, aquí reseñada hace ya un tiempo, pero he empezado a llenar esa laguna con la lectura de El cuarto de los niños y otros cuentos, que ha publicado Pre-Textos, con la edición de Virginia Trueba Mira, y sendos textos de Emilio Sanz de Soto y de Alberto España. En estos relatos (escritos desde los años 50; algunos publicados en revistas y periódicos, otros inéditos) hay mucha infancia, muchas relaciones familiares, mucha soledad y extrañeza ante los vecinos, los otros. Hay tardes de playa, meriendas, y está el servicio que entra y sale en escena. Hay hombres (padres, maridos) que leen el diario.

Hay también muchas referencias a las clases sociales, a las diferencias entre ellas que todos aceptan por naturales, a los pasos de una a otra, a veces para ascender, casi siempre para descender. Y eso, cuando se lee la introducción de Sanz de Soto, tangerino y amigo de Vázquez, muerto en 2007, octogenario, el lector se da cuenta de que todo lo citado más arriba fueron elementos de la vida de este escritor, que se crió en aquella ciudad cosmopolita y difícil y decadente en su tiempo, solo con su madre (de quien se incluye un retrato surgido de la pluma de Alberto España, en los años 60), una sombrerera muy relacionada con la aristocracia local que sufrió ese cruel alejamiento por parte de sus clientas cuando dejó de trabajar.

Se leen los cuentos y se van encontrando pistas de los sentimientos y de las ideas que Ángel Vázquez se debió de ir formando con el paso de los años.

Hay libros que piden ser leídos en invierno, en casa y con una copa de vino cerca; otros entran mejor con un café, mientras se desayuna en un hotel en el que se está pasando el fin de semana; algunos son de playa; unos, de biblioteca. Estos cuentos de Vázquez han de leerse, creo yo, en verano, por la tarde, bajo una sombra frondosa, pues más allá hace mucho calor; la bebida puede ser o no alcohólica, pero debe tener algo de limón y mucho hielo.

eaguirre@divertinajes.com




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