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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Mirar

Alicia: A veces tengo miedo. Muchísimo miedo...

Adriana: Lo entiendo. Yo también. Yo también tengo miedo... a veces.

Alicia: El miedo me hace sentir pequeña, vulnerable, entumecida. Se me doblan las rodillas, tiemblo, siento incertidumbre, arcadas...

Adriana: Eso mismo siento yo. Eso mismo sintió Katia durante todo el tiempo. Todos los días. Todas las horas. Todos los minutos.

 

 

                                                                        MIRAR

 

Una mujer "tratada" es una bofetada a la placidez indulgente de nuestra civilizada sociedad del siglo 21.

Cada mujer "tratada" es un espejo deformado, que nos es arrojado... como un reto, como una inminente llamada al despertar del letargo, en el cual soñamos que todos somos libres. Lo que es, puramente eso; un sueño. Y los sueños a veces se alejan de lo cierto. O, ¿acaso soñamos a todas esas víctimas que son utilizadas como objetos, despojadas de su identidad y voluntad al servicio de los propósitos de tantos y tantos individuos?


"Un momento más tarde, Alicia se metía también en la madriguera, sin pararse a considerar cómo se las arreglaría después para salir.

Al principio, la madriguera del conejo se extendía en línea recta como un túnel, y después torció bruscamente hacia abajo, tan bruscamente que Alicia no tuvo siquiera tiempo de pensar en detenerse y se encontró cayendo por lo que parecía un pozo muy profundo.

O el pozo era en verdad profundo, o ella caía muy despacio, porque Alicia, mientras descendía, tuvo tiempo sobrado para mirar a su alrededor y para preguntarse qué iba a suceder después. Primero, intentó mirar hacia abajo y ver a dónde iría a parar, pero estaba todo demasiado oscuro para distinguir nada."

                                                                                                                                  L.C. 

 

 

 

La trata de mujeres, no es simplemente un tema de actualidad. Hay tantos temas de actualidad... Algunos "actualmente positivos"; alegres, desenfadados... que nos inyectan las dosis de optimismo y autosatisfacción necesarios para contarnos a nosotros mismos que las cosas son y están del mejor modo posible. Otros temas de actualidad son; "gravemente actuales" y de preocupación social, económica, moral, laboral... Algunos temas de "actualidad negativa" se nos suministran gota a gota por los medios de información-suministración, para que vivamos con el miedo justo, con la necesidad de proteccionismo adecuada y con la inclinación de cabeza "necesaria" ante el poder político.

El tema de la MUJER TRATADA, es, aparte de un tema de extrema actualidad, una realidad que nos implica humanamente a todos, porque en una parte del mundo donde se han conseguido defender y valorar los derechos del ser humano; igualar derechos de mujeres y hombres, proteger a niños, erradicar racismos, abolir penas de castigo atroces, preparar una sociedad más capaz de sostener a enfermos, discapacitados, desfavorecidos... buscar y crear derechos para los animales... En un paisaje del siglo 21, el uso de un tipo de poder extraño y patético se ceba sobre miles de mujeres, de casi niñas, de seres humanos que son engullidos por la sociedad avanzada y civilizada, en lugar de acogidos.

 

Katia no pudo huir. Algunas escapan. Nunca del todo. Nunca se consigue escapar totalmente del recuerdo latente en el propio cuerpo, de las imágenes grabadas bajo la presión del pánico, del asco, de la impotencia...

Katia no pudo huir. Pero yo la recuerdo. La recuerdo y la invoco. Para que me recuerde, para que nos recuerde, que todavía debemos aprender a ver, a mirar viendo.

Y es difícil el mirar. Porque de vez en cuando nos vemos a nosotros mismos. Y no somos precisamente inocentes en la imagen que vemos. Pero no ser inocente es parte del crecer, del hecho de ser adulto. Y el no ser inocentes, no nos convierte en monstruos... Lo que nos convertiría en monstruos es, el mirar viendo y no hacer nada. Eso sí. Y hacer algo puede ser sencillo. Puede ser suficiente a veces, con mirar. Con ver. Y después contarlo.

Y es preciso negarse a ceder poder a los auténticos monstruos, que siguen intentando demostrar su autoridad, su supremacía sobre la mujer, convirtiéndola en cosa. Aquellos que, quitándole, quitándonos nuestra esencia de individualidad, de libertad de decisión sobre nuestro cuerpo y nuestros actos, nos cosifican.

 

En la historia de Katia, "tratar" a la mujer durante la primera semana de ese rapto brusco, sucio, salpicado de la miseria y los falsos espejismos de muchos, suena repulsivamente a "prepararla" para el cliente...  como si de una droga se tratara, "tunearla" como a un vehículo, deshacerla de lo que es y convertirla en cosa. Deshacerla de ella misma. Deshacernos de nosotras mismas. Del modo más vil posible. Intentando despojarnos de la condición de persona, de la verdad de que el cuerpo nos pertenece y forma parte de nuestra integridad, del todo que nos conforma. Somos un todo; mente, espíritu, cuerpo... Y los límites entre un espacio y otro son sutiles y nos perdemos si nos obligan a desidentificarnos, desligarnos de parte de lo que somos.

Katia ya no es más Katia. Ya no existe. Ya no está.

Y los generadores de ese macabro negocio, tristemente lucrativo, no son los únicos verdugos. También lo son, y no sé si más, menos o igual, y eso es, aún más difícil de admitir en público, los clientes. Los que piensan que compran algo. Los que pagan por el uso de otro ser humano. ¿Qué están haciendo? ¿Qué están pagando? ¿Qué pretenden fingir?

Existen mil justificaciones, mil excusas demagógicas, mil razonamientos y otras tantas teorías sobre el comercio sexual con cuerpos. Involuntario o "voluntario".

Supuestamente uno tiene derecho a comprar o alquilar un coche, una casa, un libro, un juguete... Si existe la oferta de cuerpos para alquilar o comprar, ¿por qué no hacerlo, entonces?

No voy a entrar, ni por mí, ni por Katia siquiera, en teorizar a mi vez sobre el por qué no hacerlo... Únicamente lanzo desde mi tirachinas, pequeñas preguntas.

¿Acaso no es una absoluta falacia que uno pueda hacer uso de un cuerpo como si de un objeto se tratase? ¿Acaso mientras violamos, pegamos, penetramos, forzamos a una persona, aunque hayamos pagado para su alquiler, lo hacemos con un cuerpo inanimado?, ¿acaso alguien que compra sexo o lo oferta, ha conseguido auténticamente dejar al cuerpo que está siendo usado, vacío de su propia esencia, dejarlo cosificado verdaderamente sin que lo que uno es, se encuentre dentro del cuerpo o este entretejido entre músculos, piel, venas, arterias? ¿Acaso alguien ha conseguido por medio de palizas, humillaciones, drogas, amenazas, patadas, insultos, tortura... dejarnos sin mente, sin imágenes, sin ideas, sin el apenas tenue recuerdo del rostro de alguien a quien de algún modo recordamos.... dejarnos sin alma?

Se lo pregunté a Katia. Se lo sigo preguntando. La última vez estaba inerte. En un hospital. En coma post-traumático. Y me siguió hablando a través de su piel amoratada.

Un día estuvo así. Un día nada más.

¿Alguien ahora quiere pagar por apoderarse durante una hora del cuerpo de Katia?

Incertidumbre.

Creo firmemente que no existe la posibilidad de convertir a alguien o de convertirse a uno mismo en cosa. La cosificación es un intento. Un intento imposible. Porque somos amplios, inabarcables, completos y no sólo dueños de nuestro espíritu, también nuestro cuerpo nos pertenece. Y tenemos el derecho a decir no, y nadie tiene el poder de arrebatárnoslo. 

 

Será maravilloso innovar en nuestro modo de ayudar, en el modo de provocar un cambio, innovar en nuestro modo de ver, de mirar.

                                                                                                                                              A.D.

  

 

 

"La innovación constituye una garantía de competitividad frente a la incertidumbre"                                                   

                                                                                                          José Luis Larrea

 

P.D. (Pequeños deberes):

-Si ves a Katia... Mírala.

 





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