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Sara Orúe

Campeones o-e


Los innumerables e-mails recibidos estos días...

—¿Innumerables? ¿Tantos?
—Quizá exagero. Digamos que… varios.
—No sé, 20 ó 30.
—Bueno, digamos que 2 ó 3.
—A ver, ¿cuántos fueron, 2 ó 3?
—2.
—¿Y de quien?
—De Tío Ra.
¿Los dos?
—Sí, y los dos iguales. No estaba seguro de haberlo enviado y lo volvió a enviar. ¿Puedo seguir ya?
—Adelante. Una vez aclarada la triste realidad de que sólo te leemos nosotros, por favor, continúa.

No entiendo que placer encuentra Julieta en fastidiarme las fantasías.


Decía que, como Tío Ra debería llamarse Pepito Grillo, desde que, el pasado domingo España ganó la Eurocopa, no deja de repetirme que la cagué metiéndome con Luis Aragonés, que ha sido el único entrenador de los últimos 20 años que ha conseguido llevar a la selección española a buen puerto.

—Sobri, yo jamás habría escrito ese párrafo.
—¿Y?

Yo habría dicho que Tío Ra (es decir, yo) desde que el pasado domingo una gloriosa selección de España ganó la Eurocopa, en un emocionante e histórico partido broche final insuperable a una actuación heroica y vibrante que jamás olvidaremos, no deja de repetirme que la cagué metiéndome con Luis Aragonés, el rey de reyes, el Gran Capitán, el Maestro de Ceremonias, el único entrenador de los últimos 20 años que ha conseguido llevar a la selección española a buen puerto. ¡Aúpa la Roja! ¡Campeones, o-e, campeones o-e, campeones o-e, campeo-e-o-e!


—Y ¿de qué se supone que debo disculparme?
—Debes pedir perdón al Sr. Aragonés por decir que tenía aspecto de guarrete.
—Pero si es que lo tiene.
—Gracias a él somos campeones de Europa.
—No digo que no. Digo que va siempre en chándal y eso está feo.
—Él nos ha llevado a la gloria.
—Si para ir al cine te pones unos pantalones y una camisa, ¿qué  no te pondrías para ir a la gloria?
—Le debemos haber recuperado la fe en nuestro fútbol.
—Y haberla perdido en nuestros asesores de imagen.
—A él le pagan por entrenar bien, no por vestir bien.


—Eso es verdad, pero, con lo que le pagan, le da para un par de trajes y unos zapatos italianos.
—¿Italianos? ¡Ja! Les dimos pal pelo.
—Para pelo el de su seleccionador.
—¿No me digas que prefieres un mal entrenador elegante a un buen entrenador que no se fija en la moda?
—No es que Luis Aragonés no se fije en la moda, es que Luis Aragonés es un repelente natural para la moda.
—Joer, qué pesadita estás. El señor Aragonés hace muy bien su trabajo y hay que respetarle por eso.
—Claro, pero yo también lo hago y si fuese a trabajar en pareo y cholas, mi jefe y el 99% de mis clientes se quejarían.
—Uf, y si fueses sin afeitar seguro que también.
—Eres muy gracioso.


—Es que me da rabia que des tanta importancia al aspecto exterior.
—Tengo que dársela. Desconozco el aspecto interior de Aragonés. Ni ganas.
—Se merece un respeto.
—Yo sólo digo que el entrenador de la selección española, flamante campeona de Europa, tiene pinta de guarrete, ¿me tengo que disculpar?
—Y dale.
—Oye, que eso no quiere decir que no le felicite mucho, y me alegre del triunfo. Pero, como lo siento te lo digo, yo, si le viera, le daría la mano no más. Un abrazo no se lo doy ni loca.
—Qué pesada te pones, de verdad.
—No le abrazo, no y no. Que se me quedará pegado el chándal.
—Sobri, no te pases.
—Pues que se duche y se vista como una persona normal. Sólo entendería que no se quitase el chándal si se tratase de una superstición.
—Vale, vale, ¿puedes imaginar que lo es y disfrutar y dejarnos disfrutar a nosotros del triunfo?
—Ok, lo intentaré. Aunque, ahora que lo pienso, vaya intranquilidad produce saber que el seleccionador español lo deja todo en manos de sus amuletos y sus supersticiones, que gran falta de profesionalidad.
—Haga lo que haga no te va a gustar, ¿no?
—Pues no. Pero que yo le felicito igual ¿eh?, a él y a los jugadores. Y ahora, ¿podemos dejar de hablar de la Eurocopa ya por favor? Me confieso pelín saturada.




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