Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Tormentas

Alicia- ¿Por qué estás triste hoy?

Adriana- Tal vez, porque ayer, en la Noche de San Juan, no me dejé mojar por la lluvia...

 


TORMENTAS

 

"No quería bailar, no quería bailar, no quería bailar..."

L.C.

                                                                                                                                    

Llueve. La lluvia me está calando bien. Pero la lluvia cala cuando te dejas mojar. Y esta lluvia me caló bien. No hay nada más allá del mirar a través de la ventana abierta, cómo cae de golpe un aguacero repentino, inesperado. Agua en abundancia para despejar las aceras, las calles, los caminos. Agua en abundancia que cae de golpe y te hipnotiza. Me quedo embobada, pegada a la ventana, ensimismada... Me quedo en silencio, olisqueando la humedad, cuyo reconocimiento me reconforta, me sosiega... La lluvia se acelera y las gotas se alargan y engordan como si estuviesen sometidas a un procedimiento de aumento considerable de tamaño de talla.

 

Extraño es de todos modos que lloviera así justo durante la Noche de San Juan, justo cuando se rinde homenaje a la fuerza del Sol, a través del fuego... El fuego que además de dar vida en llamas a la energía solar, purifica al hombre de sus pecados... Eso cuentan las leyendas sobre la fiesta del día más largo del año o de la noche más corta.

Extraño es pero no inadecuado. De hecho, yo me había olvidado de que era noche mágica, hasta que un rayo de tormenta me sacó de mi ensimismamiento y me hizo girar la cabeza hacia el cielo. Dejé el cuaderno cerrado sobre la mesa del Café Madrid y me dediqué a disfrutar de la tormenta de verano.


Lluvia de verano.

Lluvia cálida.

Lluvia que acelera la respiración.

Lluvia que invoca a los espíritus.

Lluvia que huele a buenos presagios...

 

 

Perturbación. Hay sólo tres personas más en el Café, y todos estamos silenciosos, dejándonos llevar por el frescor de la tormenta. Un poco perturbados, un poco misteriosos todos... Como si supiéramos que en una Noche de San Juan con tormenta de verano, todo pudiera ocurrir. Cualquier cosa que nos saque de lo cotidiano. Cualquier cosa que nos haga un poco más en algo. Un poco más......... No sé. Cualquier cosa.

Atraparnos y subirnos hacia arriba. Un tornado que nos hace cómplices a los cuatro de un secreto compartido. Un secreto de San Juan. 

 

Adriana- ¿Un tornado?

Alicia- Sí, sí... cualquier cosa podía suceder... acuérdate de otras noches de San Juan...

Acuérdate de aquella noche en la cual te abrazabas a él, y bailasteis cerca del fuego.

Acuérdate de cómo lucía el mar con la luz del fuego... Parecía caliente. Como si el agua se hubiese calentado hechizada por las llamas y los cuerpos exaltados de todos los que se habían acercado a las hogueras de Alicante aquella noche. Y él te abrazaba fuerte, fuerte, fuerte...

 

 

 

 


Anoche llovía sin embargo en Madrid, y era una lluvia alucinante, espesa, intensa... Y uno quería, yo quería, abrir los brazos y tragar todo ese aire húmedo de golpe... Empaparme de lluvia y pedir deseos. ¡Era la Noche de San Juan, al fin y al cabo!

Permanecimos durante un rato apaciguados, los cuatro ocupantes del Café Madrid, cada uno en su propia telaraña de deseos. Los amplios ventanales mostraban la calle Belén embellecida por el agua y la luz que se había tornado ahumada, temblorosa.. y a la vez  había conseguido darnos la sensación de haber hecho un viaje geográfico en un tiempo brevísimo, un tiempo que inauguraba una nueva manera de viajar. Fue como habernos trasladado a alguna otra ciudad, otro clima, otra hora...

Eran las 23 horas y 3 minutos. Faltaban 57 minutos para la medianoche.

Luego, la noche fue larga, larga, larga... Una buena Noche de San Juan.

Adriana- Te calaste entera. Así pasa con la lluvia de verano. Te hace tanto bien el respirarla, y como esta templada, sin que te percates, de repente, estás completamente empapada. Y te pones a caminar muy rápido porque tienes recados que hacer, quieres comprar unas flores a estas horas... Y sorteando los charcos más profundos bajas por la calle Belén, y sigues por Fernando VI, después por Apodaca y después...

Alicia- Para, para, ¡para!. Ya sé lo que sigue.

Lo que importa es que una tormenta, una buena tormenta, siempre nos consigue perturbar... Ligeramente al menos. Al menos durante un cuento. Dejar de lado "el cotidiano", el que habitualmente solemos ser, y dejarnos seducir por ese habitante  "nuevo" de nuestro cuerpo. Si hay truenos, mejor. Y las descargas, a lo bestia... que sean potentes, desgarradas, fieras....  

Hay diferentes tipos de tormenta;Las de masa de aire. Las frontales. 

También se pueden clasificar como tormentas de una única célula, tormentas multicelulares y tormentas de súper célula.

Pero las tempestades, las tormentas, que provocan algunas personas, son altamente peligrosas. Las más peligrosas. Ocurren por lo general acompañadas por descargas eléctricas de intensidad media que puede complicarse y exacerbarse si no se toman medidas a tiempo.

Sí, como aquella noche junto a las Hogueras. Junto a las Hogueras de San Juan. Viendo el mar perturbado. El perturbado mar. El mar, en su mirada.

 

 


¿Cuántas hogueras habrá apagado la tormenta de anoche?

¿Se habrán formulado los suficientes deseos?

Una cálida tormenta de verano. 

 

P.D. (Pequeños deberes):

- Enciende una hoguera.

- Enciende un fuego en tu corazón.

- Hazlo arder. Y pide un deseo. 

 

A.





Archivo histórico