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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Óscar Wao, el fukú antihéroe


No conocía el primer libro de Junot Diaz, un volumen de relatos con el título de Los Boys (Mondadori) publicado en 1996. Así que una vez terminada de leer con grandísimo placer su segunda y estupenda novela, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, último premio Pulitzer, me lancé a su búsqueda por las bibliotecas de mis amigos, ya que imaginaba que me  sería imposible encontrarla  en las librerías aunque fuesen éstas de libros perdidos y descatalogados.

Bueno, pues tuve suerte, y un amigo, dueño de una biblioteca extensa y envidiable, la tenía y me la pasó, y de esa forma pude seguir disfrutando de la escritura absolutamente personal que su autor tiene al utilizar el lenguaje, mezclando el inglés de Nueva Jersey con el castellano de la Republica Dominicana, logrando evitar  confrontaciones entre ambos idiomas por medio de una simbiosis  enriquecedora entre ambos y que posiblemente será la forma de hablar en un futuro que ya es presente para ese 15% de hispanos y sus descendientes que habitan en los Estados Unidos.


El éxito de aquel primer libro le llevó a ser considerado por el New York Times como uno de los 20 mejores escritores americanos en ficción contemporánea. Luego, tras un largo silencio de casi diez años, ha aparecido su segunda novela, que ha logrado el pleno del Pulitzer y el National Book Critics Circle en el mismo año y en la  que retoma como narrador a uno de los protagonistas del primer libro: Yunior, también conocido como Óscar de León u Óscar Wao, un joven negro, gordo, lúcido, nacido en los States; adorador de Tolkien, la ciencia-ficción y los cómics; que no se come una rosca con las chicas, lo que le trae a mal traer, y que se siente desplazado de su comunidad y su cultura. En fin, que está completamente fukú (por fuck you), es decir, jodido.

La novela narra el presente de Óscar en Patterson, Nueva Jersey; la relación con su hermana Lola y el mundo que lo rodea recreado con trozos de novelas de ciencia ficción de sus autores favoritos, y a la vez nos cuenta la historia de su familia en la isla. De cómo fue masacrada por el dictador Leónidas Trujillo, un trasunto del Sauron tolkiniano, y de la que sólo logró sobrevivir su madre, Belicia.

A través de esta historia se nos cuenta también la de otros muchos emigrantes dominicanos que echaron raíces en otras tierras en lucha constante contra el fukú universal que a todos los persigue de una u otra forma. Pero es en la forma de narrar todo esto, como ya he apuntado anteriormente, en lo que Junot Diaz  sobresale. Tal vez su estructura narrativa resulte ligeramente embrollada por el abuso de las notas a pie de página, extensas y necesarias para entender la historia, pero a pesar de ello, uno llega al final con la sensación de haber leído un libro  con voz propia de  un autor a seguir.

Por último sólo recomendar a los que puedan leer la novela en  el inglés original, que lo hagan. Yo seguí el consejo y disfruté muchísimo, aunque soy consciente de la dificultad del traductor para recrear ese nuevo lenguaje mezcla de español e inglés.




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