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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Algarve, las tierras del oeste

Tal vez el Algarve no sea ya lo que era (tal vez nunca haya sido lo que pensamos que fue) y posiblemente acabe siendo lo que en ningún caso hubiéramos querido que fuera (nos pasa lo mismo con la costa mediterránea española), pero sus dos centenares de kilómetros hilados de profundos acantilados areniscos, coquetas ensenadas y extensas playas doradas dan fe de un natural indiscutiblemente atractivo.


Tierra adentro, en pueblos de casas encaladas plagados de iglesias repletas de santos, chimeneas enrejadas y azulejos recuerdan que por allí pasaron los árabes, dejando algo más que un nombre para esta región.


Un castillo árabe, un puente romano, majestuosas iglesias y casas señoriales justifican de sobra la parada en Tavira, pero gustarán además sus típicos tejados piramidales y las tranquilas terrazas a orillas del río.


Camino del oeste, en pleno Parque natural de la Ría Formosa, la playa de Barril, accesible a pie o en trenecillo, es una excelente opción para pasar buena parte del día. Como lo es cualquier punto del litoral algarveño.



Da cosa tirar de largo y no parar en Faro, al fin y al cabo es la capital de la zona, pero... por más que la pateo no le encuentro el interés, y eso que sin duda lo ha de tener, como tiene catedral, Palacio episcopal y una exuberante Iglesia dedicada a San Pedro. 

La sorpresa espera en Albufeira donde la erosión ha tallado en las rocas numerosas calas y los hombres han construido arcos que abren empinadas calles a balcones sobre el mar.


No es Portimao el Algarve que voy buscando, y por lo que veo (grúas, obras, discotecas y más obras) en mis próximos viajes podré evitarlo.


Sin embargo, Lagos, superado su estigma de haber sido sede del primer mercado de esclavos europeo, lo encuentro como siempre, agradable para callejear al caer la tarde, generoso en mesas para saciar la sed y el hambre. A Segres, de no haber sido por su proximidad al Cabo San Vicente, posiblemente ni me habría acercado. Volveré al Algarve atraída por sus playas (otros lo harán por sus campos de golf) y no buscaré nada especial en sus pueblos, ni tan siquiera en sus restaurantes (demasiado viciados ya por el turismo); aunque es de obligado cumplimiento probar una cataplana, preferentemente de pescados. ¿Qué qué es una cataplana? Se llama cataplana a cualquier guiso realizado en una cataplana, olla de cobre (o de aluminio con un baño de cobre) plana y cerrada típica del Algarve.


Algunas fotos las hice yo; otras, Eva Orúe.

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