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Círculo de iluminación

Eva Orúe

La buena memoria


Quizá recuerden, si son lectores fieles y memoriosos, que tiempo atrás les conté el lío literario-edito-legal en el que andaban metidos la francesa Phébus, la española Planeta y la también española Funambulista a propósito de la publicación de un libro de Alexandre Dumas… Si quieren refrescar la memoria, pueden hacerlo pinchando primero aquí  y después, aquí.

Pues bien, han pasado las semanas y todo parece haber quedad en agua de borrajas. Para satisfacción de Max Lacruz, que interpreta esa «nada judicial» como un triunfo… aunque nadie le haya pedido disculpas.

«No había base ninguna —me dice—, el texto se ajustaba a las fuentes, que están en docenas de bibliotecas francesas, en el tomo del año 1869 del Moniteur Universel; espero que se hayan dado cuenta del disparate que era todo aquello: no se puede "patrimonializar" el dominio público. Bastó con que habláramos con el abogado de Phébus, gran abogado de propiedad intelectual y además editor muy conocido (a él se le debe la colección de bolsillo 10/18 por ejemplo) para que entendiera que nuestro libro no recogía nada de la edición de Schopp, ni una de sus notas ni una de sus comas. Vaya, que se ajustaba a las fuentes. Al abogado no le habían siquiera dado un ejemplar de nuestro libro, que tuvimos que mandarle nosotros mismos...!!!!


»Lo que tiene su gracia es que Claude Schopp, autor de la edición del Sainte-Hermine y supuesta persona a la que se le conculcaban sus derechos de autoría (?) como encargado de la edición y anotación de la novela de Dumas, publica ahora un libro de 735 páginas sobre la base de una cuartilla que mandó Dumas a su editor contándole una posible novela y tres capítulos en borrador del propio Dumas;  el libro lo firman... Alexandre Dumas "en collaboration avec Claude Schopp". Sic.

»En la portada el cuerpo de letra de "Alexandre Dumas", obvio es decirlo, es tres veces más grande que el de "avec la collaboration de Claude Schopp".  Curiosa colaboración, más bien sería al revés, ¿no?

»Sin duda se trata de una visión muy especial de lo que se puede llegar a hacer con Dumas: un negro póstumo y espontáneo que le ha salido al pobre Dumas, que ya no podrá cobrar ni un franco por ello, lástima...

»Y lo que tiene también su gracia es que quien más azuzó aquí con este tema de los supuestos derechos de autor conculcados con Schopp y Dumas, utilizando el "affaire" para justificar su salida de Funambulista, publicó hace unos meses a Edith Wharton antes de que su obra entrase en el dominio público, esto es como si ya hubiera entrado. No pudo esperar a enero de 2008 para hacerlo...

»La cosa tiene su miga: toda la vida los editores han cogido una buena versión publicada de un clásico para sus traducciones (a veces citándola, otras no), pues casi nadie acude a los manuscritos de Austen, Dickens o Balzac. Resulta paradójico que por una vez que hay un editor que coteja con las fuentes, se le echen encima, ¿no?»

Aclarado este punto…

… vuelvo sobre otra cosa publicada en este Círculo. Porque, cuando hablamos en aquel momento, Lacruz me adelantó que tenía la intención de publicar Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible, de la escritora Constance de Salm, libro del que Schopp y Phébus han hecho también una edición «y que nosotros —me explicó— publicaremos en breve, por ser obra de dominio público también.» La pregunta, obvia, es: ¿siguen adelante con sus planes?

«Sí, la traducción del libro ya está lista, y el prólogo de Laura Freixas también. Nos gusta publicar inéditos de autores clásicos, como sabes; ahora acabamos de publicar Suspense de Joseph Conrad, la última novela del autor, que nunca jamás se había traducido al español. ¿Parece mentira, verdad?

»El dominio público es lo más democrático que existe en este mundo de las letras, y lo que permite que los editores independientes salgamos adelante, pues nosotros no podemos entrar en el juego de los altos anticipos (que muchas veces nunca se cubren) para poder publicar a autores que "venden".»

¿Por qué Stifter?

Hace algunas semanas, La Papelera de Juan Palomo en El cultural recogía este comentario:

«La locura editorial (y tal vez el no tener que pagar derechos de autor) tiene estas sorpresas: parece ser que nada menos que tres editoriales (Impedimenta, Nórdica y Bartleby) van a lanzar este febrero sendos libros de Adalbert Stifer [sic], un autor romántico austriaco del XIX inédito en España hasta hoy. Me dicen que vale la pena, pero yo, descreído como soy y sabedor de lo mucho y bien que se ha editado aquí desde siempre, no acabo de creerme demasiado este descubrimiento. Me siento como cuando la editorial extremeña Periférica publicó una novela inédita de la madre de Schopenhauer que confirmaba cómo el talento no depende sólo de los genes.»

Han pasado los días, y en mi mesa se juntan no tres, sino cuatro obras del autor austriaco. ¿Debo leerlas?, me pregunto, desanimada por el comentario juanista. Mi respuesta: preguntar a quienes se han tomado la molestia de editarlas.


Manuel Borrás (Pre-textos) me dice: «Yo invertiría la pregunta de Juan Palomo: ¿Cómo es posible que hayamos podido vivir sin haber leído todavía determinados libros? Verano tardío es, a mi juicio, una de las mejores novelas de formación que se escribieron en Europa, además de ser un relato de la máxima actualidad habida cuenta de sus contenidos, en concreto su carácter de adelantado en lo que a la conciencia ecológica respecta. La verdad, no entiendo a ese bobo, que celebra a veces la peor literatura y pone en duda la alta, la imperecedera gran literatura clásica. Así nos va en este país lleno de falsos intelectuales ensoberbecidos. Es decir, cocidos en su propia ignorancia y, en este caso además, amparados en el anonimato. La ignorancia en sí ya es mala, pero,  unida a la mema actitud arbitraria que favorece ese anonimato se convierte en pura frivolidad. Te podría dar más razones, pero creo que con las que anteceden es suficiente».


Enrique Redel (Impedimenta) escribe: «Obviando efemérides (se cumple este año el 140 aniversario de su muerte), lo verdaderamente sorprendente no es esta auténtica “resurrección editorial”, sino que Stifter no haya sido más ampliamente publicado en España hasta ahora. Fue el escritor Pablo d’Ors (tremendo conocedor de la mejor literatura alemana) quien me habló de Stifter, y suyo fue el ejemplar de Il sentiero nel bosco, publicado en la Piccola Biblioteca Adelphi, que yo leí y que me enamoró al instante. Me pareció un libro delicioso, extrañamente optimista tratándose de la obra de un romántico cuya vida fue enormemente desgraciada y que acabó suicidándose. Se trataba de una historia estrechamente enraizada en el Bildermeier alemán, con su héroe romántico meditativo, misántropo y abismado en su propia vanidad, atormentado pero satisfecho de ese mismo ímpetu solitario, y la novela hacía una fresca defensa del espíritu de la naturaleza, de la libertad y del amor puro. Sin embargo, y aquí es donde Stifter marca la diferencia sobre todos los epígonos de Goethe, el héroe de El sendero en el bosque, Tiburius Kneight, es un auténtico antihéroe moderno: un personaje que Stifter caricaturiza desde el mismo principio (en la primera frase ya dice que Tiburius era "un genuino mentecato"), que se hace simpático al instante por lo ligero de su peripecia (un tipo neurasténico al que su médico le receta que busque esposa en un balneario), un antihéroe que discurre por la vida sin preguntarse por qué hace las cosas. Además, y aquí venía lo extraño, la novela tenía un final feliz.

El sendero en el bosque es una novela que yo habría publicado fuera quien fuera su autor. Pero la escribió Stifter. Y Stifter me sorprendió porque es capaz de obviar todos los tópicos sobre la novela romántica alemana (dotando a sus personajes de una rara dimensión optimista, bienintencionada, y retratando la naturaleza en su justa medida, como marco benéfico de las aventuras de personajes amables), y su obra es rabiosamente personal (muy moderna). Y luego está lo que dijeron de él los más grandes autores en lengua alemana. Mann dijo de Stifter que era “uno de los narradores más extraordinarios, enigmáticos, audaces y apasionantes de la literatura universal”. Se trataba de un autor ampliamente publicado en inglés, francés, italiano… Quedaba recuperarlo en español».


Diego Moreno (Nórdica) me cuenta «cómo descubrí a Stifter: en los últimos años he viajado varias veces a Alemania y allí he encontrado muchos títulos que me han encantado. La literatura alemana del siglo XIX encaja muy bien con mi gusto literario y estoy publicando muchos autores fundamentales de esa época: Büchner, Kleist... a los que se sumarán Jean Paul, Goethe, Tieck... El año pasado vi en una librería de Frankfurt  una faja de un libro en la que Kundera hablaba muy bien de un escritor desconocido hasta entonces para mí: Adalbert Stifter. Seguí buscando y me encontré con que Thomas Mann también era un lector entusiasta de Stifter, de manera que compré varios libros suyos: Abdías, Briggita, El sendero en el bosque y El soltero. Encontré algunos de estos títulos en inglés y descubrí que la literatura de este autor estaba en la línea de los grandes autores que tanto me gustaban. Por el tamaño deseché Verano tardío, pues no me apetecía publicar un libro tan largo. Mi intención era publicar los cuatros títulos, pero cuando encargué la traducción del primero, Abdías, me enteré de que Enrique iba a publicar El sendero del bosque y de que Bartleby estaba trabajando en Briggita. Todas estas nouvelles de Stifter son magníficas y creo que pueden gustar mucho al lector español. El año que viene publicaré El soltero, de manera que estará publicada en castellano la mayor parte de la producción literaria de este escritor austriaco.

»Creo que el trabajo de recuperación y hallazgo de autores clásicos está siendo una de las aportaciones fundamentales de las pequeñas editoriales en los últimos años. Quedan muchos grandes autores por descubrir, y siempre habrá quien se pregunte cómo es que hasta ahora no se había publicado nada de ese autor si era tan importante, pero la realidad es que gracias a que los lectores demandan cada vez más autores clásicos (en gran medida porque al leerlos siempre se acierta) y a que hay muchas editoriales que los buscan, podemos disfrutar de los mejores escritores de la literatura universal».


Respecto a Brigitta (Bartleby), recupero parcialmente la presentación que en su día hizo del libro Ernesto Bottini: «Adalbert Stifter (1805-1868) es uno de tantos autores centroeuropeos cuya obra oscila entre el desconocimiento y el malentendido. Fuera del ámbito de la lengua alemana es desconocido, y dentro del sistema literario y escolar en alemán es constantemente mal interpretado. Un caso que se asemeja bastante al suyo es el de Leopold von Sacher Masoch, refinado estilista que pasó a la historia designando una patología sexual. La obra de Stifter que ahora presenta la editorial Bartleby, Brigitta (1844), es un ejemplo claro de cómo un texto puede sobrevivir en el seno de una tradición literaria ocupando un lugar equivocado, operando en el canon de acuerdo a funciones que en el propio texto apenas son tangenciales. Este equívoco interesado y rendidor, en el que se empeñan unos cuantos y para el que toda tradición cuenta con una pléyade semejante de propagandistas equiparables, consiste en imponer sobre el texto un tipo de lectura que responde a evidentes intenciones extratextuales».

Tengo que volver

Y en algún momento lo haré. Sobre la fiebre asociacionista que recorre el sector editorial, quiero decir. Pero todavía al hilo de lo aquí publicado sobre la comida organizada para cuadrar el llamado Círculo del Libro y la Edición (CLÉ), me escribe un editor: «Me atrevo a plantear qué hacía Federico Ibáñez, de Castalia, editorial hoy por hoy ya no tan independiente (digamos que fuertemente participada por Edhasa), en la ya famosa cenita de editores... He ahí un misterio digno de Holmes».

Más recomendaciones

La semana pasada les conté que había pedido a algunos amigos escritores que me recomendaran un libro injustamente tratado por crítica y público. Y siguen llegando respuestas, que es tanto como decir sugerencias.

Ésta es la de Inma Chacón: «Te recomiendo, de José Luis Peixoto, Cementerio de pianos (Barcelona: El Aleph Editores, 2007). Es un escritor portugués muy joven (34 años), que escribe con la sabiduría de los que han vivido varias vidas. También ha publicado en castellano: Te me moriste (Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2000), y Nadie nos mira (2ª ed. Hondarribia: Hiru, 2000. Premio literario José Saramago). Merece la pena tenerlo en cuenta. Yo lo he descubierto en la Feria del Libro de Madrid.»

Y ésta, la de Julián Rodríguez: «El libro que quiero destacar o rescatar es Los desaparecidos, de Andrew O'Hagan (Alba). O'Hagan es un escritor que ha publicado otros dos libros más en España, en Mondadori y antes en Debate. Nació el mismo año que yo, 1968, y me interesa muy especialmente. En este libro habla de personas que desaparecen en las ciudades del presente es narración, crónica, ensayo... una combinación perfecta, ejemplar. Es un libro terrible, desasosegante, y lúcido y extraordinario un libro casi "de terror" y un tratado sociológico de primera  también. Me parece fundamental rescatarlo».

Acuse de recibo


Cultivos
Julián Rodríguez
Mondadori

Ya que el escritor y editor ha tenido la amabilidad de responder a mi pregunta, permítanme recomendar su libro. Pero no sólo por agradecimiento, que conste: también porque es uno de esos trabajos que quien siga de cerca la literatura española debe leer. Cultivos «está a camino entre un diario y unas memorias prematuras», es una reflexión sobre la literatura y el arte, pero también una manera de recordar a los seres queridos y de recordarse a sí mismo en un mundo rural, su Extremadura que está a punto de desaparecer. Esta es la segunda entrega del ciclo Piezas de Resistencia, que Julián Rodríguez abrió en 2004 con Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (Caballo de Troya).

PD para la editorial: ¿Podrían actualizar su página web? La portada actual cita La carretera como gran novedad y anuncia que Isabel Coixet va a competir en la Berlinale.


El Ebro
Pedro Cases
Península

Lo he recibido y quiero reseñarlo no sólo porque la foto de portada sea (la más tópica de) mi tierra, ni siquiera porque con lo de la Expo y la reflexión imprescindible sobre los usos del agua un libro como éste sea más que conveniente, sino porque está maravillosamente bien escrito. La editorial lo anuncia así: «A medio camino entre la crónica de viaje y el relato de aventuras, este libro es el recorrido por el más largo (930 kms.) y caudaloso río de la geografía española, río que es a la vez símbolo, frontera, vía de comunicación y caudal de vida. Cases se aproxima a una realidad física, un río, a una entidad económica (lo que representa para las poblaciones que atraviesa) y a un sentimiento literario, emocional, para todos aquellos vinculados con él. El Ebro es un texto al que no le faltarán  —al hilo de los problemas del agua y la Expo de Zaragoza— lectores. Pedro Cases, periodista y escritor, ha trabajado en los diarios El País, Cinco días y Expansión, tanto en periodismo político como en el financiero, destacándose por una visión equilibrada de sus crónicas.»


Sicilia, invierno
Ignacio Ferrando
JdeJ editores

No sé si es el autor de relatos que más premios tiene, pero en esta recopilación aparecen los siguientes: Trato hecho, Premio Juan Rulfo 2007; Estación de tránsito, Premio Narraciones Alsa 2006; Flor de bambú, VII Premio de Narraciones Ciudad de Cádiz 2007; Roger Lévy y sus reflejos, Premio de Narración Breve UNED 2007; Dragados, Premio de Narraciones Ciudad de Huelva 2007; y Simetrías, Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián 2008.

«A mis años, uno aprende a distinguir un autor de verdad. Igual que hace años vi claramente a Calcedo o a Félix Palma, ahora veo en Ignacio Ferrando a un autor de relato con las cosas muy, muy claras, con garra y con unas señas de identidad propias.» José Manuel Caballero Bonald


Nero Wolfe contra el FBI
Rex Stout
Traducción de F. Ballester
Navona

Confieso que si he elegido éste entre los tres títulos (los otros dos son La playa de Falesá. Las desventuras de John Nicholson, de R. L. Stevenson, y El camino del tabaco, de Erskine Caldwell) de Reencuentros que los amigos de Navona han tenido a bien enviarme es porque de pequeña veía la serie en la que William Conrad, el mismo actor obeso que diera vida a  otro gran detective de la pequeña pantalla: Cannon. Y también porque me indican que el texto nació de la indignación del autor, Rex Stout, contra el FBI por su actuación durante la caza de brujas. Dos buenas razones para abrir el libro.




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