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Círculo de iluminación

Eva Orúe

A vueltas con los que le dan vueltas

La información ofrecida la semana pasada, sobre un nuevo conato asociacionista en el gremio editorial, ha traído hasta mi correo algunos emilios interesantes.

Por razones diferentes, los remitentes prefieren no ser identificados, pero son todos ellos editores de larga trayectoria a los que, en principio, una imagina perfectamente en cualquiera de las «movidas» que últimamente proliferan. Lo digo porque la calidad de su trabajo y su condición de independientes están fuera de toda duda.

Uno me dice:«Observo un movimiento confuso que obedece a algo grave, editoriales que unen esfuerzos para crear  plataformas, artículos en El Cultural que hablan de casi los mismos títulos en las casetas de las ferias de todos los lugares de nuestra geografía, lo que yo mismo he comprobado. Lo homogéneo cubriendo la libertad. ¿Dónde la formación del lector? ¿Dónde el significado de cada título?» Dos preguntas que, si no en los mismos términos en otros muy parecidos, lanzaba el editor de referencia André Schiffrin cuando, recientemente, pasó por Madrid para presentar su libro de memorias, Una educación política, editado por Península.
 
Otro quiere saber, y no sé qué contestarle: «¿Te has preguntado por qué sistemáticamente se excluye de estas reuniones, agrupaciones y proyectos a las editoriales con un catálogo importante de poesía? ¿Es que los que editamos poesía no somos ni diminutos ni independientes? ¿Es que hay que ir a muchas comidas o cenas para existir? ¿Buscamos lectores o buscamos conexiones que nos saquen en las páginas de cultura? ¿Acaso no aúnan en sus catálogos un número de títulos y de autores bastante más relevante que muchas de las invitadas? ¿Se menosprecia, se teme o se envidia a las editoriales que sobreviven en el difícil campo de la poesía?»

Preguntas todas ellas pertinentes a las que, imagino, los editores concienciados deberán ir dando respuesta.

Coincidencias


Recién regresada de un viaje a Londres en el que pude ver el impacto mediático y de ventas que tenía la reaparición, organizada por Sebastian Faulks, de un  James Bond independizado ya de la tutela de Ian Fleming, llega a mis manos un trabajo sherlockholmesiano de Rodolfo Martínez (Candás, Asturias, 1965). Otro que gusta de traficar (permítaseme la expresión) con personajes ajenos.

Es Martínez autor al que algunos adscriben al cyberpunk, pero también anda enredado en una saga que nació como un homenaje en Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos (premio Asturias, traducida al portugués, polaco y turco) y adquirió vida propia con Sherlock Holmes y las huellas del poeta (2005), Sherlock Holmes y la boca del infierno (2007) y ahora continúa con Sherlock Holmes y el heredero de nadie (Alamut). 

¿Qué puede llevar a un autor a «apropiarse» de las criaturas de otro? Es un debate que nació con El Quijote de Avellaneda… Casos hay (los de quienes han dado continuidad a Lo que el viento se llevó, Peter Pan o, ahora, las aventuras de 007) en los que el dinero (a veces destinado a una buena causa, como ocurrió cuando el hospital dueño de los derechos de la obra de Peter Barrie buscó un continuador) y el afán de notoriedad desempeñan su papel. Imagino que también la admiración, por el autor primigenio o por su criatura.

Me cuenta Rodolfo que, en su caso, el personaje le «ha fascinado desde la infancia. Probablemente desde que vi la serie de la BBC en la que Peter Cushing interpretaba al detective. Después, empecé a leer los relatos y novelas de Arthur Conan Doyle. Como digo, desde muy niño, fue un personaje que me interesó. En parte por su personalidad (esa mezcla de arrogancia e ironía, ese carácter excéntrico, esa contradicción entre una inteligencia casi sobrehumana y ciertos arranques de crío caprichoso que no soporta que le lleven la contraria) y, en buena medida, por la época en la que se desarrollan sus aventuras: el siglo XIX inglés es una época fascinante».

En este libro, asegura, ha hecho con él lo que le faltaba por hacer: «Si en mis novelas anteriores exploré su madurez (en Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos) y su vejez (en Sherlock Holmes y las huellas del poeta y Sherlock Holmes y la boca del infierno), lo que me quedaba era echarle un vistazo a su juventud. ¿Y cómo fue su juventud? Sabemos (a través de la biografía del personaje escrita por W. S. Baring-Gould) que de joven Holmes fue actor y que recorrió buena parte de los Estados Unidos como miembro de una compañía especializada en Shakespeare. Eso, unido al hecho de que ese momento coincide con la época dorada del western, me dio una pista de por donde empezar».
 
Así que en este Sherlock Holmes y el heredero de nadie tenemos un joven Sherlock, que aún no es el detective que todos conocemos, recorriendo el oeste americano y, poco a poco, desarrollando algunas de las características que lo harían famoso. Eso entronca con algo que ocurre ochenta años más tarde, en 1963, y que tiene que ver con el asesinato de Kennedy.

Reparando injusticias

Para mi columna semanal de Público, y al hilo de una iniciativa francesa: el Prix de l'Inaperçu, que pretende desagraviar a obras que pasaron injustamente desapercibidas, pregunté a unos amigos cuál era la obra a la que ellos darían una segunda (y, si menester fuera, una tercera) oportunidad.

El sábado, apareció negro sobre blanco que Rafael Reig apuesta por Una puta recorre Europa (Caballo de Troya), de Alberto Lema: «Su apariencia de sencillez, facilidad y diversión encubre demasiado bien una propuesta narrativa original». Felipe Benítez Reyes sugiere Los violines de Saint Jacques, de Patrick Leigh Fermor (Tusquets), «la única novela de este escritor de libros de viajes. Una hermosísima fantasía rococó en una isla caribeña imaginaria, una miniatura perfecta». El periodista José María Goicoechea se asombra de que no haya funcionado la excelente El secreto, de Donna Tart (Plaza&Janés). Rosa Montero destaca Almuerzo de vampiros (Alfaguara), de Carlos Franz, «hipnotizante, modernísima, maravillosamente escrita, sobre el Chile actual, sobre el mal, sobre la seducción, sobre el misterio y la oscuridad». Martín Casariego se inclina por La dama ciega (Barataria), «novela corta y negra de un escritor poco conocido, Miquel Silvestre». Y el crítico literario Evaristo Aguirre lamenta el silencio que rodea a Sólo de lo perdido (Destino), un libro de relatos de Carlos Castán. Y que yo, por mi parte, no dejo de recomendar Las increíbles aventuras de las hermanas Hunt (Roca Editorial), una delicia de Elisabeth Robinson.

Pero hubo algo que por razones de tiempo y espacio (ay, esas coordenadas) quedó fuera del texto, y que aquí recojo.

Juan Cobos Wilkins me dice: «Sería fértil el volver los ojos hacia el libro titulado En el País del Alma —cartas de amor y literatura— de Marina Tsvietáieva, editado por La Poesía, señor Hidalgo. Este recomendable volumen recoge correspondencia seleccionada de la escritora rusa con autores como Pasternak, Ajmátova, Steiger, Rozanov... y críticos literarios. El adentrarse en sus cartas supone una mirada emocionante y privilegiada a una existencia difícil y apasionada (exilio, muerte de su hija por hambre...) hasta acabar en la soledad mayor: la del suicidio.

»En el margen de una carta a su amado Konstantín Rodzevich, fechada en Praga, el 15 de enero de 1924, Marina Tsvietáieva escribe: "Lo único que ahora mismo valoro (en el mundo exterior) es mi abrigo al que quiero como un ser vivo"».

E Ismael Grasa comenta: «Una de las novelas-desapercibidas que más me han gustado en los últimos tiempos es Mi abuelo, de Valérie Mréjen, que editó Periférica el año pasado: una historia sobre alguien que crece en un país totalitario y sobre cómo alcanza su voz de escritor.

Me gustó también, por citar algo más reciente, el libro que esribió Sergio Galarza sobre los Rolling, Los Rolling Stones en Perú, también en Periférica, aunque este libro tuvo más repercusión en los medios».

Gracias a todos por colaborar.

Un viaje diferente

Nuestra compañera viajera Sara Gutiérrez, médica y artista escritora, será la encargada de contestar el discuro de ingreso en la Asociación de Médicos Escritores y Artistas del doctor Manuel Cortés Blanco, quien, para hacer justicia a su condición de cuentista y cuentacuentos, disertará sobre «El amor en los tiempos del cuento».

Sara le tiene preparada una en la que se dan cita todos los personajes de nuestra infancia, perfectamente organizados para este acto de bienvenida que tendrá lugar este jueves, 19 de junio, en la Gran Peña de Madrid (Gran Vía, 2), a las 20,00.

El salto

La evolución tecnológica va tan deprisa que una (hoy estoy sentimental y autorreflexiva... si es que esto último quiere decir algo) aún no se ha hecho a la idea de que un libro se puede leer así ... (rellenen los puntos con la modalidad que prefieran) cuando ya hay quien se los ofrece asá.

Han llegado a mis manos unos libros, los Bidibooks de apariencia estupenda y uso extraño, porque para leerlos en su totalidad hace falta tener un determinado tipo de teléfono móvil.

Me cuentan desde la editorial española (Netbiblo) de este proyecto internacional que es creciente la tendencia a generar contenidos móviles. Que en España, hasta ahora, por contenidos móviles entendíamos politonos o salva pantallas. Pero, que se fijaron en lo que ocurría en Asia, donde los contenidos para móviles se han disparado desde el año 2006 y ya se comercializaban más e-books para el móvil que para el PC. Y se decidieron.

«El primer paso es descargarse al móvil un lector de códigos QR, que es gratuito. Una vez hecho esto, se instala la aplicación y ya pueden capturarse con la cámara fotográfica del móvil los códigos que aparecen en el libro. Al detectar el código se mostrará automáticamente su contenido. Por último deberemos aceptar la conexión a Internet y a partir de ahí podremos visionar cualquier vídeo, imagen o texto con el que esté enlazado.» Para lograrlo, «es necesario tener un móvil con cámara que sea compatible con la aplicación lectora de los códigos bidimensionales y que pueda conectarse a internet. En la página web de descarga de la aplicación se puede consultar la compatibilidad. En el mercado existen más de 70 modelos de los principales fabricantes de teléfonos. Para la conexión a internet, contamos con la ventaja de las tarifas cada vez más transparentes y asequibles de las operadoras y, gracias a la opción WiFi en muchos móviles, es posible utilizar de forma gratuita la conexión a internet de casa, de un amigo, de una cafetería o de cualquier local acondicionado con esta tecnología.»

Netbiblo ha incluido en siete colecciones diferentes todos los títulos que tiene previsto publicar durante el 2008: World Visions (en la que ya han salido Gigantes, Desastres Naturales, y pronto saldrán Aerotrastornados y Tuning); Urban Visions (donde Paris, London, Rome y New York esperan a Barcelona y Berlin); Sport Visions; Natural Visions; Human Visions; Luxury Visions y Lifestyle Visions.

Para hacerse una idea más cabal, mejor es pinchar aquí.

Por cierto…

En varios de los libros de la serie Urban Visions aparecen graffitis de
Banksy, el misterioso y cotizadísimo artista inglés.

Acuse de recibo


Cuentos del jíbaro
Juan Gracia Armendáriz
Demipage

La esquela que llegó a mi e-mail decía simplemente: «Queridos lectores, el jíbaro que nos entretenía cada jueves desde hace un año ha desaparecido. Creemos que tanta constancia era superior a su naturaleza, no podíamos retenerle a la fuerza. Afortunadamente, hemos recopilado sus relatos en un libro. Sí, contiene algunos inéditos. No os quedéis sin él.»

Cuentos del Jíbaro es una compilación de microrrelatos que Demipage difundió semanalmente a través de correo electrónico durante un año, creando así una comunidad amazónica de lectores invisibles que cada jueves seguía las fabulaciones del autor. El libro está dedicado a Silvina que, como su propio nombre indica, es el hábitat natural del jíbaro.


La plaza del azufaifo
Isabel Núñez
Melusina

La lucha por salvar un árbol –el azufaifo– frente a la vorágine constructora en Barcelona ejemplifica la naturaleza esquizofrénica de esta ciudad últimamente tan en boga. Se trata de un conflicto que descubre la tensión entre la ciudad con su inmaculado Fórum frente al Campo de la bota y sus fusilamientos, su multicultural Raval frente a las escenas sórdidas del distrito Quinto o Barrio Chino, sus escaparates de diseño para los turistas del norte de Europa frente a una metrópolis subterránea ácrata e iconoclasta, multicultural y políglota, un espacio urbano incapaz de someterse a los dictados del pensamiento único… Supone también, qué duda cabe, un botón de muestra de lo que ha sido el modelo de crecimiento español en la última década: un patrón suicida que se apoyó exclusivamente en las virtudes del cemento y el hormigón armado en detrimento de las personas y el entorno.

«Este libro debería dejar mudos de la sorpresa a todos aquellos que tan insensatamente hablan maravillas de Barcelona. Este libro habla de la otra ciudad, la que no llegan a ver nunca sus múltiples y entusiastas visitantes. Este libro quedará como uno de los testimonios más lúcidos de la destrucción general de Barcelona a principios del siglo XXI.» Enrique Vila-Matas


Toda una vida
Carlos Abadía
Mono azul

Abadía es una rara avis de nuestro panorama literario. Tras vivir en Madrid y exiliarse a París durante varios años, cursó estudios de Magisterio. Participó activamente en el movimiento sindical durante la transición política a la democracia y ejerció como maestro en Sevilla hasta su jubilación. En 1968, su novela La Comuna quedó seleccionada para el premio Biblioteca Breve; ese año el jurado estaba compuesto entre otros, por Carlos Barral y Mario Vargas Llosa; Años más tarde, en 1980, otra novela suya, Estado de excepción, quedó finalista del XII Premio Ateneo de novela de Sevilla. Es miembro desde su fundación del grupo de poetas y pintores Cuadernos de Roldán.

 


El mar no baña Nápoles
Anna Maria Ortese
Traducción de Francesc Miravitlles
Minúscula

«El mar no baña Nápoles se publicó por primera vez en la colección Gettoni de la editorial Einaudi, con una presentación de Elio Vittorini. Era el año 1953. Italia salía llena de esperanzas de la guerra y discutía sobre todo. Por su argumento, mi libro también se prestaba a discusiones: fue juzgado, desgraciadamente, un libro “contra Nápoles”. Esta “condena” me supuso una separación, que se convirtió en definitiva en los años que siguieron, de mi ciudad.» Así se refiere Anna Maria Ortese a las reacciones que despertó la publicación de este volumen que, lejos de inscribirse en la corriente neorrealista, como consideraron algunos críticos de entonces, es la crónica febril de un desarraigo. En estos cinco espléndidos relatos, la mirada implacable de Ortese no puede apartarse del horror y la fascinación que le provoca una ciudad herida y mágica.




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