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Círculo de iluminación

Eva Orúe

La poesía es una naranja

El pasado lunes, en la edición ordinaria de este Círculo, les conté que al calor de la Feria del Libro había compartido café y recuerdos con Pilar Paz Pasamar, poeta que deslumbrara a tantos hace medio siglo y que este 2008, ha regresado a Madrid, ciudad que abandonara buscando el sur por amor, y por alejarse de un ambiente, el literario, que no le gustaba especialmente. Y les anuncié que publicaría la conversación completa, una charla en la que también participó, y le doy gracias por ello, Manuel Francisco Reina.

Es hora de cumplir la promesa. Para no entorpecer la lectura, y porque no fue una entrevista al uso, lo que Pilar dijo está en redonda, las palabras de Manuel Francisco aparecen en cursiva y mis escasas intervenciones, en negrita.

Y doy las gracias desde ya a Alicia Romay y el Hotel Palace por permitirme publicar las fotos que acompañan este texto.

***


Esta mujer, en el año 51, con 18 años, se convierte en la primera autora de lo que luego se llama la generación poética del 50. Mucho que otros nombres que han sonado más por el hecho de ser hombres. Una mujer que en el año 53 es accésit del premio Adonais con Claudio Rodriguez, que van cogidos de la mano a recogerlo… A mí me interesó desde el principio. Una mujer que ha dedicado 50 años de su vida no a la intriga literaria, no a estar en la pomada, no a que le den un premiecito, sino a hacer su obra y entregarla a los demás. Juan Ramón Jiménez no se equivocaba cuando ve en ella a su sucesora en esa cosa del panteísmo, de la búsqueda de la trascendencia, ella me va a desdecir…

Es que es un tópico. Juan Ramón no era panteísta, panteísta por qué. El panteísmo une la Naturaleza con Dios. Sin embargo él los tiene perfectamente delimitados. Toma el poema de la carbonerilla quemada: es una tragedia la que monta don Juan Ramón enorme, la niña quemándose, el dolor humano, la naturaleza que ríe, los pájaros, la hierba y el silencio de Dios que es el misterio humano, que no hay quien lo comprenda ni lo entienda. Cuando él desdobla de esa manera, ya no es panteísta.

Otro tópico: el de la Torre de marfil. La incomunicación. ¡Si vino a buscarnos, y estuvo pendiente de todo lo que se hacía en Cádiz! Cómo le van a decir que estaba en la torre de marfil. Tercer tópico: el victimismo de Zenobia, un culto a Zenobia en contra de Juan Ramón, como que la hizo víctima. Y ella fue, entre las realidades absolutas que dice Juan Ramón tener, ella fue la realidad que asumió la mujer, la que le preparaba las tertulias con las mujeres. Si tuvo esa suerte de tener el alma de Juan Ramón, tanto se enriqueció Juan Ramón con ella que ella con Juan Ramón. No hubo víctima ni nada, cuando faltó uno el otro detrás. Eso lo sabía bien Zenobia: vamos a quitar a Juan Ramón de aquí, que está sufriendo mucho. Yo me voy delante y él se viene detrás.


Has vuelto, Pilar, a Madrid y todos los periodistas le preguntamos por la niña que fuiste, y en la que no sé si te reconoces…

Pero sí soy la misma, cómo no. Bueno, nadie es el mismo, tengo ya nietos, que a esa edad no tenía… pero sobre todo tengo la misma ilusión y la capacidad de emocionarme y de sentirme exactamente igual que cuando fui a Ferraz con mi librito bajo el brazo a ver a Carmen Conde para que me hiciera el prólogo. O cuando fui al Ateneo, que comentaba Jesús Ruiz Mantilla aquello de Ava Gardner, con tanto señor, tan graves, y allí la plana mayor de la literatura, Gerardo [Diego], y Dámaso [Alonso], y Carmen [Conde], y Ángela [Figueras]… Y ahora, ea, al volver otra vez, 50 años después, a la Feria del Libro donde se publicó, en Afrodisia Aguado, mi primer libro. Y he tenido la suerte de poder llegar escribiendo cada día, que escribo cada día, Eva, todos los días.

¿Qué nos hemos perdido por el hecho de que no estuvieras en Madrid?

Nada. No me hubiera hecho yo la que quería ser. Si yo me quedo aquí,  hubiera sido otra. Hubiera estado en el podium, en lo que está Manuel Francisco, en lo que están los grandes, porque aquí es donde se pone la marca. Pero tuve una clarividencia absoluta de lo que quería, era el sur, era el silencio. Entonces me encantaba: teatro, artículos en todas partes, porque me gusta el periodismo y lo cultivo, poesía… Pero Filomena no se ha escrito más que en el silencio de una paz que me busco, porque también en todas partes hay ruido. Es más, estuve once años sin editar, trabajando y escribiendo, y dando conferencias, estudiando teología que siempre me ha gustado, pero sin publicar nada. Once años criando a mis hijos. Cuando yo vi que yo ya, entonces ya sí, me volqué, y salió La torre de Babel, y empecé otra vez…

Precisamente por eso me llamó la atención y me he empeñado en poner en valor su obra, aunque hay muchas tesis en marcha, varias estadounidenses, varias inglesas, también en España, todas muy serias y de gente de mucho peso, gente muy seria en el estudio de la literatura del siglo XX. Pero creo que hay que poner en valor que una persona que llega con 18 años a tocar el cielo literario, a estar considerada como la gran voz de la poesía del 50 en el año 51 cuando todavía no estaba formado el grupo del 50, el grupo de Caballero Bonald, de Claudio Rodriguez, de Jaime Gil de Biedma… y ya ella era la primera voz de ese grupo. Y en el 57-58 decide que lo deja todo, que ella lo que quiere es hacer su obra y seguir la máxima de Fray Luis, al margen de todo, al margen del mundanal ruido... A mí me parece que es algo que define a una persona, la palabra y la vida por encima de otros reconocimientos. Ahora, Pilar es el sur, en  Pilar está el sur universal y por supuesto el Sur de Cádiz, Jerez…

Vamos a hablar de Geografía. Hay dos espacios. El sur que entendemos por sur, su tradición que la tiene, y su vertiente popular también, porque disfruto muchísimo escribiendo a través de esa vertiente, es un capítulo aparte. Pero el espacio poético no tiene que ver con la región... Tiene que ver con que hay elementos que a mí me vuelven loca, como es el mar. Pero, yo lo que iba es al lado de un hombre, enamoradísima, al lado del mar y a un espacio poético que era la domesticidad, pero para trascenderla, no para convertirla en anécdota o en costumbre, sino el espacio abierto, el espacio infinito que puede haber en una casa, al lado de una orilla, en una montaña, pues yo he ido buscando eso. Hacer la obra. Porque conocí a Gerardo Diego, y la primera vez que hablé con él me dijo: «Mira, Pilar, la fama, el dinero y todo eso no importa. Lo que importa es la obra bien hecha». Ea, pues vamos a hacerla. Y del bracete de un tío que me gustaba un montón, con el que he tenido cuatro hijos y tengo cinco nietos.


Fue una privilegiada porque sus padres, que no era habitual, decidieron que sus hijas iban a estudiar carreras igual que sus hijos.

De pequeña me salieron versos y no podía remediarlo. Lo capté por radio, me di cuenta de que las palabras tenían sonido y medida por la radio. Y yo pedía libros, libros, y me ayudaron en ese sentido, el cariño, la ayuda familiar.

Además de eso, Pilar se reconoce en una tradición que es esa tradición que manejaron todos los maestros del 98 y del 27, tanto Lorca como Alberti como el propio Juan Ramón, de manera magistral, la tradición popular con la culta, y nunca tuvieron ningún prejuicio. Yo creo que por eso ellos la reconocieron en seguida como una de las suyas. Con Luis Rosales hay muchas concomitancias incluso en la búsqueda de la trascendencia, de lo divino que hay en La casa encendida de Rosales. Yo creo que ella recoge ese testigo que se había perdido en cierta manera en la posguerra española, ella recoge ese testigo de esa tradición. Ella fue muy avanzada en muchos aspectos, no sólo por ser una de las primeras mujeres que deciden que además de ser amas de casa…

No, eso no, sólo eso no, por Dios, es algo más…

… eran creadoras. Hay muchas cosas que no se hacen hasta que ella las hace. Por ejemplo, en el poema El juez…

Que es un poema contra la pena de muerte, y estaba Franco bien vivito y coleando.

O cuando Dulce María Loynaz viene por primera vez a España, a la que encargan jovencísima hacer el discurso de bienvenida en el Lhardy es a ella. Y aunque no pertenecía a ese grupo, fue testigo de excepción de las poetas tremendistas, que reivindicaban su necesidad de ser intelectuales y creadoras…

Yo sabes que soy de la generación sacrificial, ojú, qué generación, y estoy con María Victoria Atencia, con Julia Uceda, en esa edad. Conocí a Carmen Conde porque fui a su casa de Ferraz con el librito debajo del brazo, y se volcó conmigo. Y ya me presentó a la plana mayor, que entonces los hombres a mí me ponían nerviosa, cuando me hablaban los García Nieto y todo eso. Ellos las llamaban tremendistas. ¡Cómo iban a ser unas mujeres maduras que habían vivido la guerra! ¿Iban a estar cantando la jota? Ángela Figueras tiene poemas desgarradores, de lo mejor que se ha escrito. Y Carmen, en la vertiente de Aleixandre, tiene El paraíso perdido, mujer sin Edén… Esa corriente de posguerra. Y Gloria Fuertes está entre unas, las mayores, y nosotras, las sacrificiales. Nos conocimos y muy bien, nos reuníamos… Recuerdo que con otras poetas que habían llegado de otros puntos de España, estábamos en la Puerta del Sol y Gloria Fuertes pidió una ración de pajaritos fritos. Y todas: «Yo no como pajaritos». Y entonces  escribió Gloria un poema de sobre la manera que estábamos viendo el mundo, y todo lo que habíamos vivido, y que, sin embargo, nos asustábamos de los pajaritos.

Pilar ha sido pionera en la puesta en valor de compañeras, por ejemplo ella escribió en el 68 una ensayo que se llama Poesía femenina de lo cotidiano que habla precisamente de eso, de trascender la anécdota, de traspasar los espacios domésticos. Y fue una de las primeras que empezó a hablar de la recuperación de determinadas voces de esa generación como Ángela Figueras Aymerich, como María Zambrano, Concha Zardoya, de las que muy poca gente hablaba porque parecía que los únicos podían escribir eran hombres.

Ahora las mujeres están más unidas. Hace falta una reivindicación. Hay que sacar a la mujer del círculo de mujer: eres un autor. ¡Pues ponte con autores, hombres y mujeres, la obra es independiente del sexo que tengas, es lo que digas!

¿Tiene futuro la poesía?

El catastrofismo del fin de siglo es normal, todo el mundo cree que la poesía va a desaparecer, que se va a contaminar de ese sistema internáutico que está acabando con el castellano… No. El que es inteligente y tiene el don sabe que Internet es un instrumento de trabajo, pero hoy lo juventud viaja más, posee más conocimientos, tienen experiencias porque conocen más mundo y el viajar enriquece tanto. Y como leen en otros idiomas, yo espero que sea esta la generación en la que surjan tres o cuatro lumbreras con una obra rica de léxico. Con el pellizco, que transmita emoción. Un poema tiene que ser como una naranja, cerradito, y que al final te quede el sabor de eso que te ha puesto la boca llena de ácido. Te ha alimentado. Estamos hartos ya de ecuaciones matemáticas en poemas.

¿Volverás a Madrid? Este viaje, ¿cambiará tu vida?

Mi vida va a ser igual. Es que necesito esa vida para escribir. Vendré más, ya que se me ha ido la idea falsa de que nadie se acordaba de mí…




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