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Sara Orúe

25 años no es (casi) nada


Cuando llegó el mail pensé que se trataba de un error. El mensaje decía “25 años desde que hicimos COU” y yo me dije que era imposible que hubiesen pasado tantos años desde que dejé el cole.

—Se han confundido. Este mail debe ser para mi hermana.
—Sobri, ni que tu hermana fuese Matusalén.
—La hermana mayor de Matusalén, en todo caso. Porque Matusalén, lo tengo claro, soy yo.

Ese mail nos convocaba a las promoción de 1983 a una cena informal para celebrar el cuarto de siglo pasado desde aquel año glorioso. Julieta y yo no dudamos de que había que asistir y, después de unas semanas, el sábado llegó el gran día, ¡qué emoción!

Enfundadas en nuestros mejores vaqueros, con un blusón más que fashion yo y camiseta sexi ella  y tacones de vértigo ambas, Julieta y yo entramos en el restaurante elegido para el reencuentro.

Juli, nos hemos confundido de salón. Este grupo de viejales deben ser de la promoción del 73.

¿Saben cuando entras en una habitación en penumbra y no ves nada pero, tras unos segundos de aclimatarte a la oscuridad, comienzas a distinguir los objetos y a las personas? Pues parecido, pero con los signos de envejecimiento.

Al principio no conocimos a nadie. Pero, pasados unos minutos, empezamos a reconocer, detrás de esas calvas, de esas barrigas, de esos kilos de quitaojeras y esas melenas de peluquería a nuestros compañeros y compañeras de COU. Y se desató el entusiasmo.

Por todas partes se oían los “Estás igual”, “Estás estupenda”, “Por ti no pasan los años”.

Amos anda, no me jodas que estoy igual a los 42 que a los 17, joer, si yo era monisimísima de jovencita. Que se lo pregunten al pavo que se sentaba detrás de mí, que le crecían los colmillos cada vez que me giraba a decirle ahí te pudras.


Ahí estaban Ana, Nacho, Arancha, Ricardo, Laura, Luis, Isabel,  Mariano, Cris, Teresa… todos mucho más adultos que la última vez que nos vimos. Los pimpollos de mayoría de edad recién estrenada que éramos en Mayo del 83 nos hemos convertido en cuarentones de buen ver… o no tanto.

De algunos se podría pensar que se han pegado los últimos 25 años comiendo sin parar. Hay que ver lo que dan de sí los abdómenes y algunas caderas.

De otros, que no han vuelto a ingerir nada desde que terminaron el Donuts aquel que nos tomamos el último día de curso. De una de las adolescentes que yo recuerdo se sacan tres de las cuarentonas de hoy en día.

Los chicos que, en aquellos lejanos años no tenían nada dentro de la cabeza, ahora donde no tienen nada es encima de la cabeza.

De pronto se me acercó una absoluta desconocida, me abrazó y, como se percató de que no la reconocía, me dijo: Soy yo, Isabel Gómez y Gómez.

—¿Estás segura?

Yo creo que estaba confundida, que tenía un trastorno de personalidad y creía ser quien no era. Yo, a esta señora, no sólo no la he visto los últimos 25 años: en realidad creo que no la había visto en mi vida.

En general, las chicas estábamos mucho más tremendas que los chicos. El que no está calvo, esta gordo o lleva gafas. O las tres cosas. Es de justicia decir que los tintes nos ayudan a tapar las canas, es cierto. Pero, como dice Julieta:


—Vale, vale, yo me tiño las canas. Pero la barriga la han echado ellos solos, ¿eh? Y eso se quita bebiendo menos cerveza y haciendo más ejercicio.

Julieta tiene razón y no seré yo quien se la quite.

Grandes ausencias. Algunas de las personas que más  ganas teníamos de ver no vinieron.

—Di la verdad amiga. El tío bueno del curso, aquel moreno de ojazos azules que se sentaba al lado de aquella chiquita bizca que el sábado nos dejó boquiabiertas porque tiene los dos ojos mirando al mismo sitio, los dos labios en bajorrelieve y los pechos mas turgentes que en los 80, ese tío bueno fue el único al que echamos de menos.
—Pues también es verdad.

En fin, que el sábado del reencuentro llegó y pasó. Y nosotras habíamos elegido voluntariamente rodearnos de gente de nuestro pasado en lugar de quedarnos en casa viendo a Chiquilicuatre. Y me alegro de la elección.

Por cierto, ya les he dicho que, para la próxima, no esperemos otros 25 años. Que a esa edad que tendremos en el 2033 no será suficiente un poco de colorete y unas mechas para tener buen aspecto.




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