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Sabroso caramelo

por Eduardo Nabal


Dedicado «A mon Beirut», Caramel, de Nadine Labaki, tal vez no sea un gran filme pero es indiscutiblemente un filme hermoso, de esos que se ven con agrado y dejan una impresión de ternura y humor. Algo que se agradece en el cine lésbico actual tras títulos estimables pero de tono sombrío como Riparo o La repetición, también realizados y protagonizados por directoras de diferentes países.

Cinco mujeres, una peluquería, un lugar empobrecido, un mundo donde ellas son capaces de compaginar los momentos de diversión, crispación, sensualidad y tristeza. Como ese «caramelo fundido» que utilizan para depilar a clientas de diferentes procedencias.

Rodada en tonos cálidos, bellamente iluminada y con una hipnótica banda sonora Caramel no es solo una reflexión intimista y desenfada sobre la condición de las mujeres en el Líbano sino también un canto a la feminidad y a la libertad. No se nos presenta un mundo en guerra sino un microcosmos sencillo y cotidiano, con diálogos llenos de frescura, conversaciones desenfadadas y con un indiscutible talento para envolver al espectador y para hacerle pensar sobre un mundo a la vez lejano y terriblemente cercano.


Caramel es la opera prima de una directora que narra un mundo que conoce bien, el de las mujeres de su país, pero que no quiere mostrar el lado dramático del asunto sino los momentos de felicidad, dolor pasajero, enamoramiento y ternura y cómo la feminidad es vivida de diferentes formas por personas de diferentes edades y en mundos en los que el varón ocupa un lugar a la vez cercano y distante, dominante y algo absurdo. Hay algo del Almodóvar de Volver, aunque la voz que articula el discurso fílmico y las coordinadas espaciotemporales en las que nos movemos no pueden ser más diferentes. Como diferentes son también su ritmo y sus personajes, más realistas y contenidos en el caso del filme de Labaki.

Rodada en la parte cristiana de Beirut, Caramel nos muestra las dificultades de esas «chicas» de diferentes edades que no obstante se saltan los obstáculos de un mundo y una cultura en transición. Es una historia de mujeres narrada por una  mujer que expone cuestiones que afectan a las mujeres del mundo entero como son la sexualidad reprimida o expresada de distintas formas, la maternidad, la necesidad de aparentar, el miedo a envejecer, las diferencias sociales, las relaciones íntimas, el espacio exterior… Lo mejor de la película es que, sin grandes aspavientos, nos da una visión optimista de un mundo que suele adquirir, al menos en las noticias, un tono trágico.


Es en ese «salón de belleza» donde Layal (interpretada por la propia Labaki) busca el amor en un hombre casado, donde Nisrin vive las presiones de la religión musulmana y donde Rima descubre que le atraen otras mujeres. Pequeños detalles, motivos visuales que se repiten como en una sinfonía plástica hacen de Caramel una pequeña delicia y un filme que se agradece en unas pantallas bombardeadas por el sentimentalismo, la comedieta insustancial  o el gran espectáculo. Un canto a la capacidad de las mujeres para compartir y salir adelante a pesar de los muchos obstáculos y de las enormes diferencias de personalidad y talante entre ellas. Un vistazo agradable a otra cultura que nos es, no obstante, increíblemente cercana.

Premiada por el Público en el Festival de San Sebastián, es una película pequeña en sus dimensiones, no exenta de convencionalismos y concesiones, pero decididamente simpática y grande en su alcance íntimo.




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