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La consagración de dos tramposos

por Eduardo Nabal


Cobardes confirma que José Corbacho y Juan Cruz son dos tramposos con innegable  talento.

Tras su interesante debut en el largometraje con Tapas, otro drama coral sobre la España desestructurada y las vidas cruzadas de personajes modestos e imperfectos, se adentran en esta ocasión en el tema del «acoso escolar» desde un punto de vista tan efectivo como efectista.

Cobardes es la historia de Gaby, un muchacho perseguido por otro en el seno de un centro de enseñanza secundaria poco apacible. Pero también es la historia de los padres de esos dos muchachos enfrentados y de como la inestabilidad en la que viven sus respectivas familias y el barrio en el que residen condicionan el transcurso de esa situación. Una situación  de violencia y soledad filmada con énfasis pero también con un gusto excesivo por el simbolismo, los toques de modernidad y unos diálogos que no están a la altura ni de los personajes ni de los actores que los interpretan (Elvira Mínguez, Lluis Homar…).


El filme está construido con habilidad para mezclar la tensión con el humor e intentar de nuevo una suerte de  «realismo poético» en el seno de la España contemporánea: con sus dilemas socioeconómicos, sus nuevas problemáticas, la escisión entre la realidad y las apariencias… Pero ni la elección del niño protagonista ni la resolución final del relato  resultan  acertados como tampoco lo es su intento de tratar con ligereza temas serios y con seriedad los aspectos más ligeros de una trama urdida para meterse al público en el bolsillo.

Aunque, como en Tapas, Corbacho y Cruz consiguen una apuesta inteligente sobre personajes aparentemente pequeños, si allí brillaba el lirismo y la languidez en esta ocasión se deja ver el origen televisivo de los realizadores por su forma de tratar de conquistarnos desde el primer momento y de abordar cuestiones muy actuales y espinosas con  juvenil desinhibición.


No obstante, y a pesar de sus múltiples manierismos, «trucos de magia» y de lo descompensado y desaprovechado del reparto, Cobardes es un filme estimable en el algo confuso panorama del cine español actual, escindido entre la «autoría» y la «astracanada». Es en su falta de pretensiones donde los realizadores de Tapas juegan mejor sus cartas y es en su mezcla de ternurismo y tremendismo donde más chirría un filme imperfecto pero apreciable.




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