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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Minigolf en Benicarló

Un año más, se acerca el buen tiempo y sigo sin localizar el destino ideal de fin de semana. Mis objetivos: bañarme en el mar y jugar al golf en pequeñas dosis, partiendo de Madrid el viernes por la tarde en transporte público y regresando a casa el domingo por la noche sin haber mermado la cuenta bancaria escandalosamente.

Mi último fracaso investigador: el Parador de Benicarló.



Le dediqué el puente del 1 de mayo porque —sabía que estaba a la orilla del mar y que podía llegar en tren— leí en la web de Paradores que ya habían abierto el campo de Pitch & Putt de 9 hoyos del que me habían hablado el año pasado. Desconfiada, llamé por teléfono para confirmar que tenía 9 hoyos, y no 4 ó 5 como ocurre en otros lugares que también presumen sin razón de campo en las instalaciones del hotel, y que no estaría cerrado para ninguna competición los días de mi visita. Debí mantener mi desconfianza al oír la extrañeza con la que me respondían: es un campo de Pitch & Putt, no de competiciones, me dijeron.

Hice la reserva en el Parador, compré los billetes de tren en la nefasta web de Renfe (pequeño inciso: ¿sabéis que es dificilísimo comprar billetes a Tarragona porque sólo va el AVE y reservan plazas para quienes compran el trayecto completo, a Barcelona? Así está el servicio público, cada día más privado), y preparé mi bolsa de palos.

Llegamos a la estación de Benicarló-Peñíscola después de cinco horas y media de tren, transbordo en Valencia incluido, convencidas de que semejante paliza sólo tenía sentido si el Parador realmente merecía la pena. Y no la vale. Al menos no la vale para nuestras expectativas.

Primera decepción: la habitación. Por teléfono me habían explicado que el edificio está construido de tal manera que ninguna habitación mira directamente al mar; sin embargo, una vez allí, comprobé que algunas sí lo hacían. Tal vez, cuando yo llamé para interesarme las tuvieran ya ocupadas o pensaran que no estaba dispuesta a pagar su precio, pero no me dieron la opción.

Segunda decepción: el campo de golf. El supuesto campo de golf resultó ser un jardín perfectamente acondicionado para sumar una opción más a la oferta deportiva del hotel —que también cuenta con cancha de tenis, mesa de ping-pong, dos porterías enfrentadas a un lado de la piscina (vacía, a pesar de encontrarnos ya en temporada)—, pero en ningún caso puede calificarse de campo de Pitch & Putt. Resulta casi increíble que una entidad hotelera de la categoría de Paradores juegue, sin necesidad, a engañar al público de esa manera.

Y no pueden alegar ignorancia, que también resultaría intolerable, porque ellos mismo explican en la ficha que de este Parador exhiben en su web las características que supuestamente cumple su campo de 9 hoyos: «La distancia entre hoyos de un campo de Pitch and Putt oscila entre un mínimo de 40 metros y un máximo de 120 (...) Es suficiente con que tengas licencia de golf o un handicap de Pitch & Putt para poder utilizar estas instalaciones».


Pues bien. Dejando a un lado que el terreno no tiene nigún interés, ni tan siquiera tiene 9 hoyos: en un mismo green están colocados los banderines de dos hoyos. Y las calles del resto van tan pegadas unas a otras que tienes que esperar a que los jugadores que van por delante de ti se alejen medio campo si no quieres verte implicado en un accidente. Eso por no hablar de que la distancia del primer hoyo difícilmente alcance los 25 metros (se anda en veinte pasos). Y, por supuesto, nadie me preguntó por handicap, licencia ni nada que se le parezca para salir a jugar. De la posibilidad de dar unas bolas antes de empezar a jugar ni hablamos.


Insisto, está muy bien que hayan acondicionado el jardín de semejante guisa para ofrecerlo como un entretenimiento más a los huéspedes que acertadamente lo usan para jugar al minigolf en chanclas, pero publicitarlo como campo de Pitch & Putt es un engaño, un engaño que debería acarrear algún tipo de sanción.


Tercera decepción: el servicio. Hasta una hora y mil disculpas tuve que esperar para tomarme una cerveza y un bocadillo al caer la tarde, os ahorro las idas y venidas del camarero porque hasta a mí que las viví me resultan increíbles. Y el último día, domingo, me avisaron de que si quería comer en el Parador debería hacerlo a más tardar a la una y media porque tenían «muchas comuniones». No tenía la más mínima intención de hacerlo ni a la una ni a las tres.

Aplicando aquello de otro vendrá que bueno me hará tengo que reconocer que el Parador de Málaga, con todos sus defectos, es una opción mucho más razonable.

Opciones buenas pero...

El Rompido Golf, en la provincia de Huelva, aunque haya que jugar en campo grande y pasar en barca a la playa, sería perfecto si llegar fuera fácil. Pero no lo es: tengo que volar a Faro (en una aerolínea que cambia de planes de un día para otro) o viajar hasta Sevilla en tren o avión y allí alquilar un coche. Demasiado trajín para un fin de semana, ¿no?



Si aparece un buen billete a Jerez de la Frontera, no está mal el Barceló Costa Ballena. Pero hay que ir sabiendo que no se encontrarán más atractivos que el campo de golf y la playa, y eso si el viento lo permite.

Cualquier lugar de la Costa Brava también podría ser una opción. Pero nunca para dos días, yendo desde Madrid, y mucho menos si el presupuesto es ajustado.

El Palacio de Urgoiti, al lado del aeropuerto de Bilbao, ofrece un servicio esmerado y muy buena cocina además de un entretenido campo semirrústico. Pero el mar ni lo huele y al bolsillo lo abrasa.


¿Alguien tiene alguna propuesta?

Si la respuesta es sí, le agradecería que la compartiera con nosotr@s enviándola al correo sgutierrez@divertinajes.com

Algunas fotos las hice yo; otras, Eva Orúe.

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