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Errata

Evaristo Aguirre

Carlos Castán

Entras en una librería y miras lo que hay, hojeas una suplemento cultural y lees esta o aquella crítica, escuchas una entrevista en la radio, te paseas por las páginas web de algunas editoriales… Intentas estar al día de lo que se publica. Pero siempre tienes la sensación de que un libro o un autor destacables han pasado ante tus narices y no te has enterado, los has dejado ahí, a un lado, y, casi con toda seguridad, no volverás a cruzarte con ellos. Cuántas veces alguien te recomienda una novela, por ejemplo, y caes en que ese nombre te suena, en que un libro anterior de ese autor estuvo en tus manos unos minutos, pero, quién se acuerda de por qué, lo dejaste y terminaste comprando y leyendo otro.


Hace once años, en 1997, tuve en la mano –y me quedé con él y lo leí– un libro de relatos de un autor debutante, todavía joven: Frío de vivir, de Carlos Castán (Barcelona, 1960), publicado por la entonces llamada Emecé (ahora Salamandra). Me gustó; y no solo a mí, porque aquel libro (que había sido editado unos meses antes por una editorial provincial) recogió un puñado de buenas críticas.


Castán no entró, sin embargo, en ese circuito, fundamentalmente relacionado con las colaboraciones en la prensa, que otorga al escritor un cierto relieve. Pero tenía prestigio. Así, en 2000, Espasa le publicó un segundo libro, también de relatos, Museo de la soledad. Otra vez, unos textos notables y limitado eco y… el olvido (el libro acaba de ser recuperado la editorial Tropo, de Zaragoza). Castán no era de los fichados para los tan socorridos relatos veraniegos de los periódicos ni nada parecido. Ha trabajado como profesor de enseñanza secundaria durante todo este tiempo.

Y ha vuelto: Sólo de lo perdido (Destino). Sí, relatos.


Advertencia: los textos de Carlos Castán son siempre, pero si-em-pre, tristes, están narrados con una mirada desesperanzada, pero tierna. Ya desde el título de cada libro, me dirán ustedes, se ve a la legua que el chaval no practica el humor; es verdad.

No suelo tomar notas cuando leo novelas o cuentos, pero en el ejemplar de Frío de vivir he encontrado un papel con un par de citas y con una especie de comentario. Una de las citas dice así: “Que vivir es un ejercicio triste es algo que he sabido desde siempre”. Y el comentario, mío, es este: parece que en estos relatos nunca hace sol.

Sólo de lo perdido tiene la misma tristeza, la misma ausencia de sol. Joder, lo que fatiga la vida, ¿verdad Castán? Y es también un libro excelente, de un autor que hay que leer.

Tuve suerte hace once años, y Carlos Castán no pasó ante mis narices sin que me diera cuenta. Y tengo –tenemos suerte– de que siga escribiendo; poco, pero sigue.




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