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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Meyer + Coixet = -Roth


Para su primera incursión en la maquinaria hollywoodense, a Isabel Coixet le entregan un guión firmado por Nicholas Meyer, sobre una novela del gran novelista Philip Roth —aunque no se la pueda contar entre sus mejores, dicho sea en honor a la verdad— y de hermoso título, El animal moribundo.

No es la primera vez que Meyer lo intenta con Roth y vistos los resultados que obtuvo con la adaptación de La mancha humana (2003), mejor  hubieran hecho los productores en dejar realizar su propia versión a Isabel  Coixet. Pero, claro, no se puede confiar en manos de una europea “rarita” una producción de esa envergadura, vaya usted a saber qué locuras se le pueden ocurrir. A favor de Meyer contaban  éxitos comerciales de la envergadura de Atracción FatalSommersbody, la segunda, cuarta y sexta entrega de la serie Star Trek, Los pasajeros del tiempo, etc., etc.. No es que me atreva a poner en duda su profesionalidad como guionista, pero no dejo de preguntarme qué tienen que ver todos estos títulos con la obra de Philip Roth. Para entendernos, es como si a don Mariano Ozores le diera por ponerse a adaptar una novela de Javier Marías.


Así que pienso que muchas ganas, o mucha necesidad debía tener Isabel Coixet para embarcarse en semejante aventura. Posiblemente pensaba que la dejarían meter baza y arrimar el ascua a su sardina, pero no mucho pudo hacer. Ni siquiera, y aunque luchó lo suyo según ella misma ha contado, la dejaron mantener el título original de la novela (a los espectadores de las multisalas lo del Animal moribundo podía sonarles a documental televisivo de sobremesa   sobre una especie en vía de extinción) y eligieron el de Elegy, que mira por donde a mí, no sé a vosotros, me suena totalmente a perfume de Kalvin Klein.


Pese a todo, Isabel, que es una hormiguita, se entrevistó con Roth, que no estaba muy de acuerdo con que sus descripciones de sexo, llamado explícito, que ocupaban casi un treinta por ciento de su novela, se hubieran desvanecido en aras de la visión más sensual y romántica del guionista, y le explicó su punto de vista, así como el porqué también se había cambiado el final de la novela. Don Felipe no debió quedar muy convencido, me parece.


De modo que, una vez todo atado y bien atado —¿alguna vez no lo estuvo en Hollywood?— y contando con un reparto de lujo que incluía a Ben Kingsley, Penélope Cruz, Dennis Hopper y Patricia Klarson, Isabel comenzó a rodar.

¿Cuál ha sido el resultado? Opiniones, estoy seguro, las va a ver de todos los colores,  porque  la obra de Coixet es de las que te gusta o la odias. No parece haber término medio. Por mi parte debo confesaros que, tal vez por ser la menos personal de sus películas, es, posiblemente, la que más me ha gustado. Está filmada con enorme gusto y sensibilidad, y se ve con complacencia. Tal vez chirría un poco el abuso de la voz en off, y los punteados musicales en las escenas cumbre, obra de autores de la talla de un Satie o Pärt, resulten impostados. Pero con la ayuda de unos intérpretes metidos a fondo en sus papeles como Kingsley y Penélope, absolutamente cómplices, y unos secundarios precisos, la película se crece aunque no logre del todo rematar la faena.




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