Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Maitines II

Jorge Dioni López

1.6 El jardín de los enanos


[«] Capítulo anterior 

Jaime Losada, presidente del PPM, completa la vigésima vuelta a su jardín ante la atenta mirada de los ocho enanos que guardan los setos que esconden rosales, jazmines y pensamientos. Es la primera vez desde que tienen el chalet pareado que Losada se detiene ante los grupos de flores y piensa que, cuando acabe todo, debería felicitar a su mujer por su frondosidad, la de las flores, y se propone mostrar más interés más por la jardinería.

Durante toda la mañana, Julia le ha estado recordando cada información, rumor o comentario que oía en la radio o leía en la red.

-Vale ya, Julia ¿no?
-No, parece que a ellos no les vale.
-Lo habíamos hablado mil veces. Una campaña más y a casa.
-Eso es lo que quieren.
-Eso es lo que queríamos. Una retirada honrosa en Cajamadrid o Telefónica; cerca de ti.
-Jaime, esto no es una retirada, es un linchamiento pero parece que no lo quieres ver.
-La diferencia es que también veo el verano y las vacaciones. Podemos irnos a Cancún un mes entero; no sólo una semana. 
-Tú sabrás lo que haces pero deberías asegurarte esa retirada honrosa. Que te firmen algo.
-¿Qué quieres que haga?, Julia. Me puedo enfrentar a todos y salir a palos montando un espectáculo en el que tengo mucho que perder y nada que ganar.
-Eso no es verdad, ¿quién es el Presidente?, ¿quién nombra a los cargos? Si tú no te vas, no te van a echar.
-No los conoces.
-Ni ellos a ti pero no quieres dejarte ver.

Desde la inicial en el desayuno, Losada siempre ha finalizado todas las conversaciones cambiando de habitación hasta acabar en el jardín, donde ha estado recibiendo llamadas y mensajes. A la mayoría no ha respondido; sólo se han librado del silencio el presidente del partido en Galicia, Carlos Mariño, su colaboradora Navas Santillana y su secretaria personal, Carmela del Campo. El gallego le ha explicado su desayuno con el andaluz Talavera, el valenciano Ferrer y Otero-Sariegos, Alcalde de Madrid, y le ha insistido en que debe seguir porque todo el mundo tiene miedo de la llegada de Mendiburu, Presidenta de la Comunidad de Madrid.

-Estoy cansado, Carliños.
-Lo entiendo, Jaime, pero nos dejas en manos de la hija de Thatcher y Norman Bates. No nos puedes abandonar así.
-Y de ese tipo de frases estoy hasta los huevos. ¿Alguien piensa en mí?, ¿en cómo quedo yo? Voy a convocar el Congreso y os movéis los demás. Y, por supuesto, apoyaré a quien vaya a ganar.
-Preséntate tú.
-Eso es un disparate colosal. ¿Con Mendiburu, Ariza y Castalia?
-Con quien quieras. Si quieres, con Susa Sanabria y Navas.
-Nos comen, joder, Carliños. ¿No has leído a Ramírez?
-Ése no vota. Yo estoy contigo y Talavera y Otero, también.
-¿Y Ferrer?
-Ese mamonazo quiere mandar, Jaime. Ha hablado con Mendiburu pero ahora cree que se la va a meter y lo podríamos tener con poco que le ofrezcamos.
-No tengo ganas; quiero quedarme en casa y pasear por el jardín. ¿Sabes que Julia tiene unos jazmines preciosos?
-Como quieras pero tienes la ocasión de hacer lo que te dé la gana. De ascender a Susa o a Santillana y de darle en los morros a todos los que hoy se están cagando en ti.
-Ya lo pensaré.

Mariño no logró sacar a Losada de ahí, del enroque gallego que es el que se hace en medio del tablero con dos caballos, sin Rey ni peones, para poder ir a cualquier sitio. La conversación, y los bombardeos de su mujer, le han acompañado durante las vueltas al jardín. Veinte es un número redondo que merece un premio, piensa, y se sienta en la escalinata de la entrada del garaje antes de sacar de la solapa un Petit Julieta que huele y muerde antes de encender. Sólo puede dar dos pitadas antes de que el móvil interrumpa su descanso, charararaaachararara. La melodía de Extraños en la noche sale de su traje y rebota en los gorros rojos, verdes y amarillos de los enanos que guardan los setos hasta encestarse de nuevo en la solapa. Se rasca la barba antes de palparse primero, el puro; después, el móvil, donde aparece el número de su secretaría personal, Carmela del Campo.

-Hola, Carmela, ¿me han matado mucho?
-Losada, ¿hablo con Jaime Losada?
-No, se ha equivocado, soy Blas.

Y cuelga.


Mira en el registro de llamadas y comprueba de que se trata del número de su secretaria. Devuelve la llamada.

-¿Carmela?
-Un momento, Jaime.

Losada, al se le ha apagado el Petit Julieta, escucha varios pitidos, una respiración y una melodía que identifica como el canon de nosabequién, una música que suele sonar en bodas y entierros. Lo rompe una voz de mujer.

-¿Hablo con Jaime Losada?
-Correcto.
-No sé qué ha pasado antes.
-¿Cómo dice?
-Disculpe. Va a hablar con usted Don Jerónimo Jiménez-Mañanes.

Losada mira la pantalla del teléfono como si su anciano padrino político fuera a salir de ella rodeado de emoticonos. Jiménez-Mañanes, Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Santiago, Alcalde de Oviedo, diputado por el tercio familiar, fundador de la Unión Liberal, partido integrado en la UCD, ponente constitucional, ministro de cuatro carteras y, tras su retirada de la política, policonsejero de empresas públicas y privadas. Para Jaime Losada, es amigo de la infancia de su padre y, sobre todo, su padrino en la carrera universitaria y en la política. El único que no lo abandonó cuando Paco Porto, el patrón de la Alianza por el Progreso Moderado, lo marginó por los rumores de homosexualidad. Jiménez-Mañanes se lo llevó a Asturias, donde Losada consiguió la alcaldía de Oviedo y la amnésica absolución necesaria para volver a Madrid desde donde promocionó su nombre. Aunque él se lo ha negado siempre, Losada sabe que insistió a Castilla a través de los restos de la UCD presentes en el PPM para que lo incluyera en su primer Gobierno y también, que siempre se interesó por él en todas las remodelaciones gubernamentales. Hasta la boda. El casamiento de la hija de Castilla en el Escorial  fue el primer punto de discusión entre Losada y Jiménez-Mañanes aunque, visto con perspectiva, el tono de las críticas era casi infantil. A la boda siguieron el petrolero hundido, la huelga, la guerra y el atentado, el gran agujero negro del que no habían logrado salir. El mismo día 11, Jiménez-Mañanes lo había llamado muy enfadado preguntándole qué coño estaban haciendo.

-No lo sé, Don Jero, tengo poca participación.
-Joder, pero si eres el candidato.
-Por eso quieren tenerme al margen.
-Estáis jugando con una cosa muy seria.
-Estamos haciendo todo lo posible.
-¿Para qué?, ¿para investigarlo o para ganar?

A Losada siempre le cuesta recordar la conversación exacta pero no el silencio que se produjo detrás de esa frase y antes de esta.

-Estáis mintiendo.
-Jero, no puedo aceptarlo.
-He estado en Interior y el Defensa y no ha cambiado tanta gente. Han sido los moros y estáis mintiendo.
-Que no puedo aceptarlo.

Las conversaciones sucesivas habían ido mezclando cimas de agresividad con descensos de frialdad y avalanchas de desprecio hasta el adiós del día 14, una vez conocidos los resultados electorales cuando Jiménez-Mañanes le había dado un ultimátum.

-Llámame sólo cuando decidas volver a ser una persona.

Una frase que Losada no había olvidado y a la que su mujer culpaba de los accesos de depresión política que habían llevado a su marido a perder todos los debates en cuanto salieran las sílabas de onceeme, algo que los asesores del Presidente Zapatero sabían y usaban cruentamente. Una frase que Losada recuerda en cuanto oye la voz de su padrino y maestro.

-¿Jaime?
-¿Don Jerónimo?

Losada quiere preguntarle si ya es una persona pero se contiene.

-Jaime, he comido con unas personas que están preocupadas por ti.
-¿Mis tías de Lalín?
-Unas personas que tienen miedo de que te vayas demasiado de prisa y que lo dejes todo a una mujer muy ambiciosa.
-Entonces, son mis primos de Fonsagrada, que son un poco machistas.
-Jaime, no es una broma.
-Es que, como hace cuatro años que no hablo con usted no sé si es usted o los imitadores de la Cope.
-Soy yo, el amigo de tu padre.
-¿Y ya soy una persona?
-Fui muy duro. Creo que te lo merecías pero también, que te dejé a merced de gente indeseable que se ha aprovechado de ti todos estos años. No me puse en tu lugar, no calculé la presión que podías tener y te pedí demasiado. Después, te di por perdido cuando más lo necesitabas.

Losada se limpia la cara con la mano en la que tiene el puro y, cuando lo vuelve a situar delante de él, se da cuenta de que está húmedo. Pero, aunque sepa cómo emocionarlo, piensa que es poca penitencia para todo lo que le ha hecho pasar el cabronazo. Quiere ponerse a gritar pero lo único que le sale es lanzar el puro por encima de los enanos, de los setos y del murete que da a la calle. Llega a tener el móvil en el disparadero pero se contiene y lo devuelve a la oreja.

-Cállate ya, joder. No sabes cómo han sido estos cuatro años luchando contra todos, contra los que me querían matar y los que me querían ayudar a suicidarme, y sin la ayuda de nadie porque todos os avergonzabais de mí. Y, ahora, cuando veis que no me ha ido tan mal y que lo que viene es peor, os acordáis de Jaimito.

El silencio, que a Losada le parece que enlaza con el del día 11, tampoco es suficiente penitencia pero, de momento, le vale.

-¿Y quiénes son esa gente tan importante?
-No te lo puedo decir pero, si decides dar batalla, te ayudarán con su periódico y su radio, que son los más importantes. No abiertamente, como Paco con la Razón, pero te aseguro que puedes contar con ellos. Y conmigo.

Sigue [»]

Si desea contactar con el autor, pinche aquí. Y si quiere visitar su blog, aquí.




Archivo histórico